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Mapa de África
Viajando por …
Samuel Baker y Florece
Jartum Sudan

Los Baker en Khartoum (Jartum) Sudán

By on 1 junio, 2021

(¿Llegue verdaderamente a las fuentes del Nilo?. No fue un sueño. Tenía un testigo a mi lado; la devota compañera de mi peregrinaje a quien debo el éxito y la vida: mi mujer. Samuel Baker en su libro “The Albert Nyanza“, 1986)

Resulta complicado descubrir las razones que llevan a convertirse en un aventurero. Richard Burton buscaba nuevos conocimientos, Livingstone tenía motivos religiosos, James Brooke quería llevar la civilización al otro extremo del mundo pero Samuel Baker comenzó su carrera de aventurero por el único deseo de cazar.

Samuel Baker (1821-1893) había nacido en Londres. Su padre era un hombre acaudalado vinculado con la marina y el comercio de ultramar. Sin embargo, Baker no se sentía en absoluto atraído por el mundo del dinero y las finanzas.

Finalizó su educación en Alemania y poco después se casó con la hija de un clérigo inglés con la que tendría cuatro hijos.

Su pasión fue la caza, razón por la que viajó por primera vez a África.

Florence Baker

La vida de la húngara Florence von Sass (1841-1916) parece sacada de una novela. Esta hermosa mujer contaba diecisiete años cuando estuvo a punto de ser vendida en una subasta de esclavos en una región de Bulgaria. Su destino quiso que Samuel Baker, viudo y rico decidiera comprarla y salvarla de un futuro muy negro.

Florence Baker acompaño a su amante y después marido en sus dos grandes expediciones africanas. En el primer viaje entre 1861 y 1865 descubrieron el lago Alberto, una de las fuentes del Nilo Blanco, y las cataratas Murhinson en la actual Uganda. En el segundo viaje intentaron colonizar Sudán.

Así describe la madre de otra aventurera, Alexime Tinne a Florence cuando llegó a Jartum: “Ha llegado un famoso matrimonio inglés, Samuel y Florence Baker van a remontar el Nilo para buscar a Speke. Han estado en Etiopía y se dice de ella que mató a un elefante. Florence viste pantalón, polainas, cinturón y una blusa y adondequiera que vaya su marido, ella le acompaña”

Tras las huellas de Speke

Los Baker llegaron a Jartum a mediados de 1862. Samuel Baker recibió un telegrama de la Royal Geographical Society de Londres en la que se le pedía que viajara rumbo a Gondokoro para tratar de encontrar a los exploradores John Hanning Speke (1827-1864) y James Augustus Grant (1827-1892) de los que hacía más de un año que no se sabía nada.

Baker se comprometió a cumplir el cometido encargado y en los siguientes meses se dedicaron a preparar su expedición.

El 18 de diciembre de 1862 la expedición de Samuel Baker partió Nilo arriba con destino a Gondokoro. Unos mil quinientos km les quedaban de camino donde esperaban encontrarse con los desaparecidos Speke y Grant.

El Nilo durante setecientos km cruza el desierto, conservando algún vestigio de verdor en sus márgenes. Sin embargo, en el lugar donde desemboca el Sobat, el río se desvía hacia occidente y se transforma en una superficie amarillo verdosa desoladora llena de enfermedades, mosquitos y malaria.

El penoso trayecto por el Nilo de Jartum a Gondokoro lo hicieron en cuarenta días. A las dos semanas de llegar los Baker a Gondokoro hicieron acto de presencia Speke y Grant. Hacía dos años que ambos habían partido de Zanzibar, en la costa oriental africana en un viaje que ellos calificaron como “el más terrible que nadie pueda imaginar”.

Habían descubierto las fuentes del Nilo en las orillas del lago Victoria. Cuando Samuel Baker escucho narrar a Speke y a Grant que existía otro misterioso lago interior donde podía desembocar el Nilo, decidió ir en su busca.

Lo peor de este nuevo viaje (fiebres, enfermedades, ataques de fieras, acecho de los negreros y combates con las tribus locales) fue la creciente y angustiosa sensación de no avanzar en dirección lógica.

La búsqueda del lago les llevó dos años, uno de los viajes más terribles de su época. Fueron engañados, tuvieron que aceptar la protección de los traficantes de esclavos para no ser atacados por las tribus hostiles, vieron como sus animales de carga morían por la picadura de la mosca tse-tse y ellos mismos fueron pasto de la terrible malaria. La mayor parte de los hombres de su expedición murieron. Durante nueve meses avanzaron muy lentamente sin saber muy bien hacía donde se dirigían.

En 1864, los Baker lograron llegar al reino de Kamrasi, rey de Bunyoro (en la actual Uganda) con el que habían tratado Speke y Grant. Kamrasi aprovechándose del penoso estado de salud del matrimonio les exigió cada vez más regalos a cambio de porteadores para llegar al lago.

Además. el rey de Kamrasi quiso cambiar a Florence por otra mujer. La enérgica reacción de Baker (apuntó con su pistola al rey) y de Florence intimidaron al reyezuelo logrando al día siguiente tener a los deseados porteadores.

No habían acabado los contratiempos. Les quedaban veinte días del camino al lago si conseguían sobrevivir. Fue entonces, cuando Florence cruzando el río Kafu a pie, se hundió en el fango con riesgo de perder su vida. Estuvo delirando mucho tiempo y parecía que irremediablemente iba a morir.

El 14 de marzo, tras cruzar un valle, se encontraron con el gran lago que buscaban. Samuel ascendió a la cima de una colina y contempló lo que se extendía ante él.

Baker no podía afirmar que esa era la fuente del Nilo pero si creer que podría ser una de ellas. Lo bautizó como el lago Alberto, en honor al consorte de la reina Victoria. El lago Alberto era una de las fuentes del Nilo Blanco.

Lograron llegar al lugar donde el Nilo penetra en el punto más elevado del Lago Alberto. (En este lago descargan las aguas del tramo superior del río Nilo provenientes del lago Victoria y desde el lago Alberto prosigue su curso el Nilo Blanco camino del Mediterráneo donde desemboca formando un gran delta).

Desde ese momento Samuel Baker se hizo llamar “Baker del Nilo

Tras un penoso retorno, en febrero de 1865 arribaban de nuevo a Gondokoro. Allí descubrieron que hacía tiempo que se les daba por muertos.

En el camino de vuelta se encontraron con unas espectaculares cataratas que bautizaron con el nombre de Murchinson, en honor del presidente de la Royal Geographical Society de Londres.

Cuando llegaron por fin a Jartum fueron recibidos de forma muy calurosa por los viejos amigos. Dos meses después, los Baker abandonaron la ciudad sudanesa.

En octubre de este año se fueron hacia Londres para explicar su descubrimiento. The Royal Geographical Society de Londres les concedió la medalla de oro.

Su viaje no había resuelto el problema de las fuentes del Nilo pero la publicación de sus relatos “The Albert N’yanza, los Nile Tributaries y Cast Up by the sea” se convertiría en un clásico de los relatos de viajes.

La llegada de los Baker a Londres fue de lo más discreta. Samuel solo pensaba en casarse con Florence sin provocar un drama familiar. Tenía cuatro hijas de su anterior matrimonio que habían sido criadas por su hermana.

Por fin, se casaron en secreto en St. James, en Westminster. Florence Baker ya podía introducirse en los ambientes de la alta sociedad victoriana de Londres.

Fue en una cena de recepción en The Royal Geographical Society de Londres al finalizar su discurso cuando Samuel Baker añadió: Y hay una persona en esta sala a la que tengo mucho que agradecer, una joven y tierna mujer que tiene el corazón de un león y sin cuya devoción y coraje yo no estaría hoy vivo para dirigirles estas palabras. Señor presidente, damas y caballeros, permítanme que les presente a mi esposa”

Entre los reconocimientos que en estos momentos recibió Samuel Baker destaca el nombramiento de “sir” por la reina Victoria. Sin embargo, la reina se negó a recibir a Florence porque no estaba de acuerdo con el tiempo en el que vivió como amante de Samuel en África.

Pudo Samuel resarcirse del desaire cuando poco después la Sociedad Geográfica Francesa le otorgó la medalla de oro y delante de todos pudo entregársela a Florence pidiendo un aplauso para ella.

La expedición militar al sur de Sudán encargada por el Jedive Ismael

Ismail Pachá (1830-1895) fue virrey de Egipto entre los años 1863 y 1873. Participó activamente en la construcción del Canal de Suez. Su objetivo era la europeización completa de Egipto en el menor tiempo posible. su plan era unificar el valle del Nilo creando una nueva provincia egipcia al sur, en Sudán.

En 1869, Samuel Baker era un hombre famoso en Inglaterra y en África.

Baker conoció al jedive Ismael en el Cairo con motivo de las fastuosas celebraciones por la inauguración del Canal de Suez. Baker viajaba en el séquito de los príncipes de Gales

En uno de los banquetes sentaron a Baker junto al jedive Ismael que intentaba “gobernar” desde Jartum todo Sudán. Ismael propuso a Baker el mando de una expedición militar para anexionar y colonizar el sur de Sudán. A Baker le gustó la idea poniendo como condición que Florence viajara con él y además, acabar con el tráfico de esclavos, negocio muy lucrativo en la época.

El antiesclavismo era una bandera que enarbolaban los más reputados exploradores de Europa en ese momento. Baker quiso también ponerse esta medalla.

El jedive Ismael acepto todo lo que Baker le propuso.

En aquellos años, Jartum era junto con Zanzibar el centro del comercio de márfil y esclavos.

Unos cincuenta mil esclavos llegaban a Jartum cada año traídos desde el sur por centenares de esclavistas árabes que operaban en las regiones meridionales del país.

Jartum era la ciudad desde donde Ismael pretendía gobernar Sudán. Su administración era un modelo de rapacidad, corrupción e ineficacia.

La ciudad rodeada de desierto por todas partes constituía una aglomeración de casuchas de ladrillo cocido en las que se apiñaban unas treinta mil personas sin alcantarillado, ni desagües y el agua para consumo humano apenas era potable.

Era el último vestigio de civilización antes del desierto, piedras preciosas, animales salvajes, fieras increíbles llegaban a la ciudad. Sometida a un régimen corrupto, arabes, egipcios, armenios, sirios, turcos y europeos se beneficiaban con el tráfico de esclavos.

En 1870, los Baker tenían dispuesta una imponente tropa en Jartum para intentar conquistar el sur de Sudán

Además, disponían de dos pequeños buques de vapor que se podían desarmar para ser transportados por camellos a través del desierto y montados de nuevo superados los rápidos del Nilo arriba.

Samuel Baker se había convertido en el primer mercenario de Europa

Por fin, el matrimonio se puso en marcha rumbo a Gondokoro.

Desde el principio la expedición tuvo demasiados obstáculos. Los tratantes de esclavos árabes que operaban en la región meridional de Sudán no tenían intención de que un europeo acabára con su lucrativo negocio.

Los barcos se quedaron bloqueados en la espesa y densa vegetación del Nilo. Los soldados tuvieron que arrastrar los barcos durante meses con muchas calamidades. El calor era insoportable y comenzaron las primeras bajas.

Los meses siguientes, Baker intentó detener barcos de esclavos, liberar a los detenidos y aplicar la ley a los corruptos traficantes sin demasiado éxito.

Casi un año después de su partida de Jartum, los Baker llegaron a Gondokoro donde Samuel ordeno construir un fuerte, proclamando la soberanía sobre el Alto Nilo

Entraban los Baker en territorios hostiles con continuo hostigamiento de las tribus nativas y de los esclavistas

Durante el tiempo que pasaron en Gondokoro fueron atacados con flechas envenenadas por los nativos. Los traficantes de esclavos los tenían prácticamente sitiados. Desertaron un buen número de soldados egipcios, quedándose tan solo con unos quinientos hombres.

Fueron testigos de las dramáticas consecuencias del tráfico de esclavos, aldeas arrasadas, hombres y mujeres encadenados abandonados a su suerte en la selva, desolación y el horror.

En enero de 1872 entraron en el reino de Bunyoro (actual Uganda) promulgando la soberanía de Egipto y sin tener en cuenta a su rey Kabarega que les declaró la guerra.

Kabarega no estaba dispuesto a ceder su reino a Egipto, reaccionó atacando a las tropas de Baker. No tuvieron más opción que una humillante retirada.

La huida fue una pesadilla para no ser pasto de las lanzas de los hombre de Kabarega que no dejaban de asediarles. No tenían ni porteadores ni animales de transporte y apenas algo de comida.

La marcha cada vez era más lenta. Lograron llegar con un centenar de hombres y esquivar las continuas emboscadas de sus enemigos hasta Fatigo, no muy lejos del lago Victoria donde vivía el jefe Rionga, principal enemigo de Kabarega. Se quedaron seis meses en Fatigo donde Samuel nombro al jefe Rionga representante oficial de Egipto y gobernador.

En agosto de 1873, los Baker llegaron por fin a El Cairo y aunque Samuel proclamó al mundo entero que su misión había sido un rotundo éxito, sin embargo, el floreciente comercio de esclavos en Sudán no había sido eliminado.

En Inglaterra (The Times les había dado por muertos) fueron recibidos en como héroes. Fue su último viaje a África.

Poco después se instalaron en una magnifica casa en Davón, uno de los lugares más cálidos de Gran Bretaña.

Nunca más volvieron a África y el jedive tuvo que buscarse a otro hombre para sus nuevos proyectos en Sudán, Charles Gordon

Bibliografía:

“Los exploradores de la reina y otros aventureros victorianos” de César Vidal, “Las reinas de África” de Cristina Morato, “Los caminos perdidos de África” de Javier Reverte

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