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Unos hombres mirándome en Maiduguri
Boko Haram Diario de viaje Maiduguri Nigeria

Maiduguri, la ciudad asediada por Boko Haram

By on 20 mayo, 2020
Tres mujeres musulmanas en Maiduguri

Los primeros quince días de nuestra licencia de dos meses los hemos pasado entre Lagos y Abuja esperando el permiso para trabajar como periodistas en Maiduguri.

Maiduguri es la capital del estado de Borno, al noreste de Nigeria y epicentro del terrorismo islámico de Boko Haram

Tres niñas vuelven del colegio en Maiduguri

Boko Haram en lengua hausa significa «la instrucción occidental o educación occidental esta prohibida»

La insurgencia de Boko Haram surge en Maiduguri tras la muerte a manos del ejército nigeriano del imán salafista Mohamed Yusuf en julio de 2009. Tras su muerte comienza una insurrección armada que no ha dejado de sembrar muerte y destrucción en esta zona de Nigeria y en los países limítrofes.

Secuestro de las niñas de Chibok

En abril de 2014, el grupo yihadista se hizo famoso por el secuestro de las 276 niñas en la escuela de Chibok. Durante el año 2016 Boko Haram se divide apareciendo el Estado Islámico de Africa del Oeste (Iswap).

En estos diez años han sido asesinadas entre 20.000 y 37.000 personas, además de más de 170.000 desplazados internos.

Una niña musulmana huida de Boko Haram en Maiduguri

Cientos de miles de personas siguen viviendo en territorios controlados por los insurgentes de Boko Haram en los estados de Borno, Yobe y Adamawa privados de ayuda humanitaria.

Maiduguri es una ciudad en estado de sitio, aterrorizada y rodeada de una trinchera permanentemente vigilada por el ejército nigeriano frente a los ataques de los insurgentes de Boko Haram.

La ciudad entre 2011 y 2014 sufrió continuos ataques terroristas. Hoy, la amenaza continúa pero la gente intenta llevar una vida normal. Aunque mercados, colegios y universidad funcionan se palpa una indescriptible tensión en el ambiente.

En la ciudad no se ve ni un sólo blanco, salvo trasladándose en los coches blindados de las 92 ONG’s que operan en la urbe.

Todo está bajo control del ejercito. Durante los primeros años de la insurrección de Boko Haram, Maiduguri doblo su población con la llegada masiva de refugiados. Hoy día, la mayor parte de los desplazados viven en campamentos de refugiados.

El resto de Nigeria ignora esta situación

El país además, de los problemas con los terroristas de Boko Haram tiene otros problemas:

La violencia entre pastores fulani y agricultores lleva más de 2000 muertos

El origen del conflicto está en el uso de la tierra entre pastores y agricultores. El cambio climático hace que el desierto avance mientras que pastos y recursos hídricos desaparecen. Las sequías cada vez son más abundantes. Los fulanis también llamados pels son el pueblo nómada mas grande del mundo. Vienen del África Occidental y solo en Nigeria superan los 18 millones mayoritariamente musulmanes.

Una mujer en Maiduguri

Los secuestros empezaron a institucionalizarse en el Delta del Niger ahora se han extendido al resto del país

Los secuestros representan otro de los graves problemas de Nigeria. Desde la última vez que estuve en este país, en el 2012, han aumentado de forma dramática. La pobreza, desequilibrios sociales, facilidad por conseguir armas y penas poco severas son alguna de las razones.

Boko Haram y ISwap también utilizan el secuestro como medida de desestabilización del estado

Nigeria es uno de los diez países con mas riesgo de secuestro del mundo. Hoy día ninguno de los 36 estados de Nigeria se encuentra libre de ellos

Por esa razón, estos dos meses, hemos cogido más de 10 vuelos internos para desplazarnos por el país. Imposible trasladarse por carretera y menos si eres blanco, el más preciado objetivo para criminales y terroristas.

Nos contaron que en Maiduguri han secuestrado varios niños, con fines rituales. Creen que los amuletos potencian la suerte aunque la mayoría de los secuestros buscan la extorsión económica.

Una chica en Maiduguri
15 de febrero

Llegada al aeropuerto de Maiduguri

Queria venir a Maiduguri porque en África no pensaba estar de brazos cruzados, venia a hacer algo, a poder ser, ayudar aunque sea difundiendo lo que ocurre en este lugar del mundo.

Hemos aterrizado tras un inenarrable vuelo con la compañía Max Air. Estoy exhausta. El pequeño aeropuerto es estresante. Los pasajeros bajamos apresurados por las escaleras a pista. Un mini convoy nos adelanta como un rayo llevándose las maletas.

La imagen pone los pelos de punta. El ejército tiene tomado el aeródromo. Es una base aérea pequeña. Helicópteros de Cruz Roja y de otras ONG’s despegan, esperan en pista o aterrizan, batiendo sus palas.

Estoy al borde de un ataque de nervios. El mini convoy que lleva las maletas esta casi vacío y no encuentro la mía entre una turba de brazos, piernas, manotazos, empujones y gritos. Los pasajeros parecen buitres con sus turbantes, túnicas y conversaciones en dialectos indescifrables. Estoy más pendiente de que no se lleven mi maleta que de encontrarla.

Llegar a Maiduguri es sentirte frágil, sudoroso, muy vulnerable y perdido, mirar desorientado a tu alrededor y preguntarte cien mil veces que coño estoy haciendo aquí.

Un chico dice que esas maletas son de otro vuelo. Las nuestras están por llegar. De repente llega otro convoy. Por fin, le echo el ojo a la mía. Sin maleta aquí, no me quedo ni muerta. Aquí hay harmattan a diario y el polvo del desierto se te mete hasta el estómago. Mi escaso equipaje significa repelente de mosquitos, crema protectora y medicinas, tesoros irrecuperables en este lugar tan hostil.

Centenares de miradas inquisitivas te asaltan a cada paso. Ojos que se vuelven a mirarme fijamente curiosos, amenazantes. Estoy paralizada de miedo. Se limitan a mantener la mirada seria e imperturbable.

Varios hombre mirando en Maiduguri

Nos han contado cosas terribles sobre Maiduguri. El responsable de Medicos Sin Fronteras (MSF) nos advirtió que no habría taxis al llegar al aeropuerto. Otro funcionario que conocimos en Abuja nos dijo que era un suicidio coger un chofer desconocido. Xaquín ya se ha hecho un amigo en la misma pista de aterrizaje. Se llama James y es un ingeniero que trabaja en Kaduna para el ejercito. Viene a la ciudad a una boda.

A Xaquín siempre le han dado igual las recomendaciones que le da nadie, ya tenemos chofer, el primo de James. Es cristiano y eso en esta ciudad es muy importante, enfatiza, James.

El Hotel Pinacle de Maiduguri

Al aeropuerto nos ha venido a recoger el chofer del Hotel Pinacle. Es el hotel de un generalote del ejército nigeriano. Esperaba que el hotel estuviera lleno de blancos pero no hay ni el primero salvo un americano y una rubia estilizada que huelen a ong’s.

El hotel Pinacle es fantástico y la habitación es estupenda. Un remanso de paz y único lugar en la ciudad que tiene cerveza y vino junto con las barracas del ejército que tienen su propio almacén de alcohol. David, el primo de James va a ser nuestro chofer los próximos días.

Aunque es todo sonrisa, el coche que trae no parece muy seguro, por no tener, ni tiene cristales oscuros, vamos que se nos ve desde el bosque de Sambisa pero el chico demuestra seguridad. Nos asegura que se maneja bien, y que reconoce al vuelo las zonas inseguras y las alertas. Esperemos que sea cierto por la cuenta que nos tiene. No me fio ni un pelo, Maiduguri será seguro para él pero no para nosotros.

Un hombre por Maiduguri

Por cierto, lo que nos habían contando era falso. A la salida del pequeño aeropuerto había varios taxis. Empiezo a pensar que las ONG’s tienen una visión un tanto distorsionada de la ciudad. También nos dijeron que inmigración y el ejercito nos estarían esperando a la bajada del avión para hacernos un tercer grado y no se nos ha acercado ni el primero.

La llegada a Maiduguri ha estado llena de ansiedad. Nos vamos a quedar a descansar lo que nos queda del día. Hay que hacer llamadas y conseguir contactos.

Mañana nos espera un día duro. Estamos invitados por el obispo a la ordenación de tres sacerdotes en la Catedral de Maiduguri.

16 de enero

El hotel tiene unas medidas de seguridad bastante simples, vamos que no me dan demasiada confianza. Aunque pasan detectores de explosivos por debajo del coche cada vez que entras o sales, abren los maleteros y demás parafernalia como vengan los insurgentes de Boko Haram estamos perdidos.

A la entrada del Hotel Pinacle en Maiduguri

Un buen desayuno y nos vamos con David a la Catedral de Maiduguri. Tengo miedo. Vine esta ciudad acompañando a Xaquín prometiéndome a mi misma que no iba a salir del hotel ni muerta pero soy incapaz de perderme esto.

Maiduguri es increíble. Conocía el norte de Nigeria (la última vez en el 2012). Sabia que era espectacular pero Maiduguri te deja con la boca abierta.

Eso si, tengo el miedo metido en el cuerpo: bombas, atentados suicidas, secuestros en cada esquina, ejército corrupto, violento, fuera de control, demasiada presión para mi.

Recorro las calles desde el coche atónita y perpleja. No quiero perderme detalle. Nos cruzamos constantemente con coches del ejército lleno de soldados uniformados con metralletas, fusiles, kalashnikov apuntando a todo lo que se mueva. Prohibido fotografiar si no quieres que te den un culatazo o algo peor.

Los vendedores se acercan a mostrar su mercancía al coche e inevitablemente pienso que en cualquier momento voy a salir volando por una explosión. En estas ciudad hace muy poco tiempo, los atentados suicidas eran diarios.

La sensación de ser distinto, de ser el blanco, sujeto a permanente vigilancia es algo que llega a provocar casi una opresión que no te abandona nunca

Hay pocos taxis solo miles de napeps amarillos o tuk tuk recorriendo la ciudad. Es una ciudad muy poblada, con vida y activa.

Napeps en Maiduguri

Voy con cara de idiota y llena de miedo a la catedral. Me da pánico entrar porque una ceremonia católica es el primer objetivo para los terroristas de Boko Haram y hoy la iglesia está a reventar.

Es la ordenación de tres nuevos sacerdotes. Las medidas para entrar al recinto de la catedral son insuficientes. Hay varios policías con detectores de explosivos pero no me tranquiliza con centenares de personas de aquí para allá. Nada más entrar al interior salen a recibirnos. El hecho de que mi piel me delate tan pronto me sacude como un pinchazo. Estamos invitados al acto y además vamos a hacer una entrevista al obispo de Maiduguri.

Con el obispo de Maiduguri

La gente aquí es increíble con esa mezcla de hospitalidad y orgullo. Nos dan todo tipo de facilidades para tomar fotos y grabar video con nuestro iPhone 6. Es espectacular. Los tres aspirantes a curas en primera fila con sus caras de niño apretando entre las manos las ropas de su nueva vida.

La catedral está abarrotada. Es un gran día para la iglesia católica de Maiduguri.

Estos tres hombres tendrán que trasladarse entre villages y poblados para cumplir con su trabajo. Salir de Maiduguri es jugarte el cuello si eres cristiano. Las carreteras están asediadas por insurgentes de Boko Haram. Bajan a la gente de los pocos minibuses que se aventuran fuera de la ciudad. Les hacen preguntas sobre el Corán y si no las conocen, interpretan que son cristianos asesinándoles allí mismo o se los llevan secuestrados a sus guaridas en el bosque de Sambisa. Están condenados a una muerte segura.

La ceremonia es impactante y muy emocionante. Todo son canciones, bailes, gritos y aplausos. Ha sido fantástico. Me siento muy pequeña ante esta gente.

Ordenación de tres nuevos curas en Maiduguri

El obispo nos recibe en su despacho. La entrevista ha resultado fantástica. Ha hecho una crítica demoledora y brutal de la crisis que enfrenta a Boko Haram con el ejército nigeriano. Según él, el conflicto no va a desaparecer mientras siga alimentando los intereses económicos del gobierno, ejercito y ONG’s. Ha soltado todo esto y se ha quedado tan ancho.

Nos invitan a un aperitivo en la Catedral para celebrar el acontecimiento. La gente es muy hospitalaria con nosotros y pronto hacemos contactos para mañana. En la agenda, visitar uno de los seis colegios católicos que hay en Maiduguri. Nos acompañará Martha, la directora de uno de ellos.

El día no da para más. Esta ciudad tiene toque de queda y hay que retirarse pronto porque cuando el sol empieza a caer, nadie puede estar en la calle

Nos vamos al hotel a poner en orden lo que hemos grabado y los contactos que hemos hecho.

17 de enero

La noche en Maiduguri es terrorífica

Nos hospedamos en uno de los dos hoteles con un mínimo de seguridad que tiene la ciudad. Si por la noche te despiertas, el miedo es estremecedor. Se escuchan tiros no lejos del hotel. En la oscuridad, cualquier ruido por insignificante que sea, la nevera de la habitación, los generadores, pasos, o voces inesperadas, te sobrecogen.

Inevitablemente piensas que los insurgentes de Boko Haram llegan al hotel a secuestrar a los dos únicos periodistas blancos que duermen fuera de la seguridad con cubierta y techo anti bombas del compound donde duermen las ONG’S.

El día amanece y mis miedos se diluyen.

El barrio de Polo en Maiduguri

El colegio de Martha se encuentra en el barrio de Polo, a las afueras de la ciudad. Maiduguri tiene más de dos millones de habitantes y una «green zone» o perímetro de más o menos seguridad pero el barrio de Polo se encuentra en la «red zone» o sea, seguridad cero. No me hace ninguna gracia salir de la zona segura. Por este barrio es por donde entran a la ciudad los insurgentes de Boko Haram si logran burlar la trinchera que nos rodea.

Martha es una mujer regordeta de mediana edad. Es la directora del colegio y ademas, profesora. Nos dice que su casa le queda cerca del trabajo. Es seca aunque hace esfuerzos por parecer simpática.

Conocemos aulas y profesores. Cada vez que entramos en un aula, los críos se levantan y nos cantan una canción de bienvenida. Las clases son mixtas aunque las niñas se sientan en los pupitres de un lado y los niños del otro. Al ser un colegio católico, las niñas no llevan el chador que es la vestimenta típica de Maiduguri y del norte de Nigeria.

Una clase mixta en un colegio católico de Maiduguri

Los profesores tienen un aire mas moderno y más parecido a la gente de la «yorubaland» o al resto de Nigeria. Los niños están como locos con la blanca. Casi me comen, me tocan el pelo, las manos, me agarran la ropa. Me tienen que venir a rescatar del asedio. Han salido al recreo y están chiflados al verme. Aquí no hay blancos y soy la novedad.

Una escuela católica en Maiduguri
Visita al colegio de Polo en Maiduguri

El hotel del «generalote» no está nada mal. La terraza con varias mesas rodean la piscina. Es mi sitio preferido cuando se acaba el día y te vas quitando el estrés que supone estar aquí. La cena hay que encargarla dos horas antes y aún así, una hora de espera nigeriana, no te la quita nadie. Además, es una misión de titanes hacer entender a esta gente que no echen picante a la comida.

A la entrada del Hotel Pinacle en Maiduguri
Unas niñas musulmanas en un barrio de Maiduguri

Cada día en Maiduguri genera tensión, ansiedad y angustia. Hacer contactos, desplazarte, tener reuniones con gente, rodar. Todo es estrés y agotamiento porque esta ciudad no es una ciudad normal.

Es una ciudad sitiada por insurgentes de Boko Haram y rodeada de una trinchera

Todo el perímetro de la ciudad es una trinchera defendida por el ejército de Nigeria. Se ve perfectamente cuando aterrizas en el aeropuerto. Maiduguri tiene toque de queda. Cuando acaba el día e intentas relajarte en la terraza del hotel lo haces escuchando los tiros que produce el asedio de los insurgentes a la trinchera.

La ciudad es dura y hostil. Siempre te sientes observado aún dentro de la seguridad del hotel. La terraza del hotel cada noche se llena de militares que te miran de reojo con desconfianza.

Vives con la tensión vigilante de que en cualquier momento «puede pasar algo». La zona roja imaginaria se va extendiendo hasta la puerta de nuestro hotel.

18 de enero

En una calle llena de talleres de coches de Maiduguri nos detenemos a coger algunas imágenes. Hay que pedir siempre permiso si no quieres problemas. La gente es amable, respetuosa pero no tienen la alegría de los nigerianos de la Nigeria del sur, yoruba.

Varios hombres en una calle de Maiduguri
Chicos en una calle de Maiduguri

18 de enero

Las ONG’s tienen un compound muy cerca de nuestro hotel. Es un búnker con tejado anti bombas y muchas medidas de seguridad. A veces creo que se enteran de poco en sus super coches blindados del auténtico pulso de la urbe.

Hay que moverse con cuidado por esta ciudad aunque todavía no hemos tenido ningún problema.

La «Borno Expresss de Maiduguri»

Visitamos a primera hora la estación de autobuses de Maiduguri, la «Borno Express«. Esta ciudad es una de las cinco más complicadas del mundo. Al salir del hotel, tu seguridad desaparece. La bus station es un lugar difícil y complejo desde donde salen los pequeños mini buses que recorren el estado de Borno (Maiduguri es la capital del estado de Borno) con pasajeros hacia otros lugares de Nigeria y del lago Chad. Salir del «cinturón de seguridad» de la trinchera representa un elevadísimo riesgo. Todos los días hay secuestros y asesinatos por insurgentes de Boko Haram que asaltan las carreteras con falsos check point.

Un mini bus saliendo de la bus station de Maiduguri

Xaquin se sube a uno de los mini buses para entrevistar a su conductor y a varios viajeros sobre los riesgos que supone ponerse en carretera.

Una chica en la Borno Express de Maiduguri

Tras un estrés que no le deseo a nadie, nos vamos a rodar con nuestro chofer. Hay que tener recursos de la ciudad. Esta tarde vamos a hacer una entrevista al Padre Paul que es el párroco de una parroquia y director de otro de los seis colegios católicos de Maiduguri.

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