Etiopía por libre en tres semanas (Segunda Parte)

Etiopía por libre en tres semanas (Segunda Parte)

Mekele – Depresión del Danakil – Addis Abeba

Dirección al Tigray

Ponerte enfermo en Etiopía no mola nada. Viajar más de 9 horas en un todoterreno por una carretera a medio construir con 38 de fiebre, menos.

El viaje a Mekele lo hemos contratado con ETT, la misma empresa que nos va a llevar al Danakil. Nos recoge unos de los guías/conductores más antipáticos que he conocido nunca. Lleva un 4×4 bastante decente. Nos dice que tardaremos unas 6 horas. Serán 9 (un clásico esto de errar una previsión en varias horas). Recogemos a la salida del pueblo a Ana, una chica alemana que está viajando sola por África y el mundo desde hace bastante tiempo.

Las highlands etíopes

Lalibela se encuentra en medio de las montañas, solamente comunicada con al región del Tigray al norte por una carretera, que ahora está en obras. Al ser la única vía de acceso al norte, esto no es un inconveniente para utilizarla, pero sí que requiere de un todoterreno y pericia al volante. Durante horas los baches no nos permiten circular a más de 20 Km/h… Mi cabeza da mil vueltas en cada bache, pero consigo no vomitar y paso el trance más bien que mal.

Llegamos a Mekele, la capital del Tigray a última hora de la tarde. Por fin ha acabado el martirio.

Mekele. La Barcelona etíope

Mekele es la capital económica del Tigray, la región más próspera económica y políticamente del país. A pesar de su pequeño tamaño en comparación con otras regiones como Oromia o Amhara, Tigray fue el origen del primer ministro y el presidente de Etiopía durante muchos años, hasta que en Abril del 2018 un oromo, Abiy Ahmed, fue elegido primer ministro.

Después de estar en Bahir Dar y Lalibela, así como algunos barrios de Addis, Mekele te llama la atención por su desarrollo y buen estado. Un asfalto casi impoluto, las calles repletas de cafés y restaurantes, vida nocturna. Si no fuera por la abundancia de tuc-tucs, los clásicos minibuses, y la casi diría autóctona escasez de alumbrado público, ¡uno pensaría que ha abandonado Etiopía y ha vuelto a Europa!

Después de Addis Abeba, Mekele es la ciudad referente en el país, estratégicamente situada en el eje comercial norteño, colindante con Eritrea y no lejos del Mar Rojo y Djibuti.

Guerra

Esta proximidad con Eritrea ha sido, a su vez, una desgracia para Mekele y el Tigray los últimos 25 años, los que Etiopía y Eritrea han estado en guerra. Nos cuentan que Eritrea comparte idioma y cultura con el Tigray. La guerra ha separado familias enteras y ha debilitado las relaciones de algunos sectores de la región con el resto de Etiopía. Nuestro guía durante el Danakil nos contará que algunos tigriños tienen más afinidad y vínculo con el eritreo que con el amhara u oromo.

Fin de la Guerra y colapso de las infraestructuras

En Julio de 2018 se firmó la paz entre ambos países, poniendo fin a un conflicto de más de 25 años. Por primera vez desde 1998, se abrieron las fronteras y se permitió la libre circulación entre ambos países. Muchas familias volvieron a juntarse y se empieza a crear nuevos lazos comerciales entre ambos países, con Tigray (y Mekele, en particular) como protagonistas. Una etapa dorada se abre para la ciudad, que verá un segundo renacer comercial en los próximos meses, siempre y cuando la paz sea duradera.

Para ello, Mekele tiene una tarea titánica por delante en materia de infraestructuras, manifiestamente insuficientes actualmente para acoger a la inmensa cantidad de visitantes eritreos que están recibiendo desde hace meses.

No nos lo imaginábamos al llegar a la ciudad. ¡Todos los hoteles de precio bajo y medio estaban llenos! Y no de occidentales, ¡sino de eritreos!

María, yo y mis 38 de fiebre deambulamos como fantasmas por la ciudad oscura con el macuto a la espalda a la búsqueda de un hotel. Estoy hecho polvo. María va espantando buscavidas que se ofrecen a ayudarnos. Hemos encontrado un hotel que parece que está libre. Hemos llamado por teléfono y nos han dicho que nos reservan una habitación si llegamos pronto. El hotel está apenas a 10 minutos andando, así que no cogemos tuc-tuc y vamos a pata. Por si acaso, Maria ha reservado por un portal de internet, no sea que nos lo quiten.

Cuando llegamos al hotel, el dueño está en la garita de recepción. Nos mira y enseguida nos “reconoce”. Su cara es un poema, y sus primeras palabras lo confirman. ¡Ha dado nuestra habitación a otra persona! ¡No puede ser! María intenta convencer al tío de que ha sido ella quien ha reservado la habitación por internet. No sirve de nada, el hotel está lleno. Yo soy el que está enfermo, pero es María la que entra en cólera. Desesperada se pone a gritarle al pobre hombre, que no sabe dónde meterse. El hombre, que sabe de su error (hemos llegado a los 10 minutos de colgarle el teléfono y ya ha dado la habitación a otra persona), intenta ayudarnos. Llama a otros hoteles sin éxito. Todos llenos. Tras reflexionar un par de minutos, nos ofrece su propio cuarto y gratis. En verdad, me sabe un poco mal, ¡pero no estamos para rechazar semejante oferta! Calmo un poco a María, que sigue encolerizada, aceptamos la generosa oferta del dueño y dejamos los macutos antes de ir a cenar algo con Ana, que no he probado bocado en dos días.

Ya en cama me pongo el termómetro y apenas tengo unas decimillas. Ya estoy mejor. Más me vale. Mañana salimos temprano al infierno, nos esperan 3 días recorriendo la depresión del Danakil, uno de los lugares más inhóspitos de la Tierra. Vamos a subir un volcán activo, caminar por fuentes de azufre a más de 40 grados. No es un sitio para estar débil y febril.

La depresión del Danakil

Equipazo para empezar el viaje

Por suerte, me he levantado a tope. Recogemos y salimos a desayunar. Hemos dormido muy bien en el cuarto del dueño del hotel, cuyo cuarto de baño es lo mejor que hemos visto en Etiopía hasta la fecha. ¡¡Agua caliente con presión!! María y yo nos hemos dado dos duchas cada uno.

Llegamos a las oficinas de ETT para empezar el viaje. Hay muchos turistas que van a hacer el tour. Hay dos opciones, el tour de dos noches o el de tres. Nos explican que en ambos ves lo mismo, pero lógicamente más relajadamente en el de tres. Nosotros nos decidimos por el de dos noches. Ana, la chica alemana que conocimos en el viaje desde Lalibela también hace el de dos. Les pedimos a los organizadores que nos dejen ir a los tres juntos. Pinta bien. El cuarteto lo completa Brendan, un australiano experto viajero africano, que tiene la voz hecha un cristo. Nuestro guía, Meles, nos indica nuestro 4×4. ¡¡Empieza la aventura!!

No apto para todos los públicos

El tour del Danakil es el highlight del viaje. Situado al este de Mekele, la depresión se emplaza en su práctica totalidad en la región del Afar y hace frontera con Eritrea.

expedición con ETT. A pesar de ir tantos coches, en ningún momento tienes la sensación de ir en un “viaje organizado”, ya que estás casi todo el tiempo con tus 3 compañeros y tu guía

Esta proximidad con sus vecinos ha sido fuente de diversos enfrentamientos en la región de Afar y la depresión del Danakil entre milicias de ambos países. Aunque la situación ha mejorado enormemente en los últimos meses, la contratación de escolta militar sigue siendo obligatoria para adentrarse en el desierto.

Los Afar con sus características faldas. Los habitantes de esta inhóspita zona

El viaje al Danakil NO ES APTO PARA TODOS LOS PÚBLICOS.

Uno no puede visitar la depresión por su cuenta dado lo inhóspito, peligroso y, a menudo, sencillamente inaccesible del terreno. A eso hay que sumarle unas temperaturas que a menudo superan los 40 grados.

Un desierto salpicado de kilómetros de lava seca

Salimos de Mekele en un Toyota (casi) último modelo. Muy parecido al que nos trajo de Lalibela. ¿Será el terreno tan malo y difícil? La respuesta es Sí. Al volante, Meles, un trigriño simpatiquísimo y muy divertido.

Erta Ale, la “smoky mountain”

El primer destino es, para mi, el más especial del viaje. A su vez también es el más complicado físicamente. El volcán activo Erta Ale.

El volcán mide unos 650 metros, con un cráter de más de 1 Km de diámetro y una caldera de unos 150 m en su interior que almacena un lago de lava desde los años 60. Desde muchos meses antes de viajar a Etiopía llevo viendo fotos y soñando con estar ahí arriba, oliendo el azufre y viendo con mis propios ojos lo que podría ser la entrada al mismísimo infierno. ¡Qué acojone!

La aproximación es en sí una aventura

Meles lleva el Toyota desde Mekele, primero por una carretera que es la mejor que hemos visto hasta la fecha en el país y que, siguiéndola, te lleva directamente a Djibuti; después por el desierto y sus pistas yermas de arena dónde Meles pisa bien el acelerador; y para terminar por 20 Km de lava seca, que para atravesarla necesitamos más de una hora.

Los dromedarios. Los fieles compañeros de los Afar
poblados Afar

En total, 6 horas de coche para llegar al campo base del Erta Ale. Durante el camino Meles nos explica sobre el terreno y sobre los Afar.

La depresión del Danakil está varias decenas de metros por debajo del nivel del mar. Es una zona geológicamente muy activa, pues se encuentra en la conjunción de hasta cuatro placas tectónicas, que en sus movimientos y colisiones hundieron y levantaron partes del terreno, crearon volcanes y fuentes hirvientes de diferentes minerales provenientes de lo más profundo de la tierra. De hecho, gran parte de esta depresión estuvo en su día sumergida en el Mar Rojo hasta que la actividad geológica levantó la presa natural que hizo que el mar se retirara y dejara maravillosos lagos salados como el Afrera. La geografía y actividad del lugar no solo ha dejado lagos de Sal y Azufre. Algunos de los restos homínidos más antiguos del mundo han sido descubiertos en Afar, como la etíope más famosa de la historia, Lucy.

Llegada al campo

Después de más de 6 horas de coche llegamos al campamento base del Erta Ale. Los últimos kilómetros los hemos recorrido sobre lava seca de hace varios años, dura como rocas. En el camino nos cruzamos con una caravana de camellos eritreos que posiblemente se dirijan a los lagos a comprar sal.

Campo base

El Campo Base es un campamento Afar abandonado. Llegamos con el atardecer y hacemos un poco de tiempo antes de cenar. La idea es empezar el trekking de 9,5 Km al cráter del volcán por la noche después de cenar, para que el calor de tregua y no nos complique la ascensión. El objetivo es llegar al cráter sobre las 22h. Los camellos nos llevan unos colchones cochambrosos de los que prefiero ni preguntar y los sacos de dormir. Pasaremos la noche en el mismísimo borde del cráter, al raso bajo el manto de las estrellas y a escasos metros del monstruo. La única idea me hace un nudo en la garganta, pero a su vez ¡no me puede hacer más ilusión el plan!

Campo Base del Erta Ale

Cenamos un plato de macarrones. Repito un segundo para llenar el buche y cargar las pilas. Hace unos 30 grados por la noche, pero sopla un vientecillo muy agradable. Nos dan una charla de seguridad (no olvidemos que subimos a un volcán activo), nos “calzamos” los frontales y salimos. El sendero es continuamente sobre lava que, a medida que ascendemos, va siendo más “joven”. ¡Al llegar al cráter, al borde de la caldera, estaremos andando sobre lava de un año de antigüedad que prácticamente se deshace bajo nuestros pies!

Caminata hacia el monstruo

Llegamos al cráter en una 3 horas y vamos directamente a la caldera. Llegamos a la lava “nueva”, de solo un año de antigüedad, fruto de la última “pequeña” erupción. La lava se va rompiendo a nuestros pies, lo que en medio de la noche asusta bastante.

La entrada del mismo infierno

El volcán está humeando, no vamos a poder ver la lava en su caldera, imposible verlo. Una nube de azufre roja como la sangre llena casi todo el cráter. De vez en cuándo cambia el viento y nos echa el gas tóxico contra nosotros, impidiendo ver nada. En ese momento no queda otra que agacharse, no dar un paso más y taparse la cara con un pañuelo, esperando que pase pronto y que la lava no se rompa bajo nuestros pies.

A pesar de no ver nada, el mero hecho de estar ahí y acercarse a escaso metro de su caldera, oir su rugido con esa nitidez y respirar su azufre, te deja helado y patidifuso. No me puedo creer que estemos aquí, pero a su vez, me parece demasiado peligroso estar donde estamos. Veo que algún inconsciente se acerca mucho a la caldera… Sería impensable ver algo así en la vieja y acomodada Europa de la seguridad.

Noche en un hotel de mil estrellas y segundo intento

Dormimos al raso apenas tres horas, queremos dar una segunda oportunidad al volcán para que deje de humear y ver la caldera. Hemos decidido volver a bajar al cráter a las 4 de la manaña. A pesar de estar donde estamos y oler de vez en cuando el azufre, yo duermo como un bebé. Nos despertamos y bajamos al cráter. Sigue humeando, no vamos a tener suerte. A pesar de todo, nos quedamos en el cráter hasta que amanece. Ahora podemos apreciar la magnitud del bicho. El cráter en sí es enorme.

La caldera del Erta Ale, por desgracia humeante
Lava de un año de antigüedad

A las 7 de la mañana o así emprendemos lo más duro. La bajada al campo base a pleno sol. A partir de las 8h el sol ya es de justicia, y los 9,5 Km de caminata se hacen mucho más duros que anoche.

Llegamos al campo base, desayunamos y recogemos el campamento. Siguiente destino, el Lago Afrera

Lago Afrera

El Danakil se encuentra en gran parte bajo el nivel del mar. Durante millones de años estuvo bajo el Mar Rojo, que al retirarse dejó algunos lagos tras de sí, cuya concentración de sal es altísima. El lago Afrera es uno de ellos cuya agua es, a su vez, suministrada por fuentes termales (¿he hablado ya de la actividad geológica de la zona?), que convierte sus aguas en ¡medicinales! ¡Menos mal que traje bañador! La comparación con el Mar Muerto es inmediata, nos metemos en el lago y flotamos como si estuviéramos hechos de goma.

Por fin una cama

Después del bañito reconfortante, vamos “derechos” (tras muchas horas de coche) a un pueblo de los Afar, donde pasaremos la noche en una Guesthouse muy sencilla. Ahí nos juntamos todos los jeeps, tanto los que estamos haciendo el tour de 2 noches, como los que hacen el de 3. Aprovechamos la tarde para tomarnos unas cervecitas, charlar con la gente, y cenar una injera deliciosa. Nos recogemos prontito, estamos reventados y mañana es otro de los días marcados en rojo en nuestro calendario. Vamos a ir a Dallol, el Colorfull place, ¡el lugar más caluroso de nuestro planeta! Dado que se tardan unas 3 horas de coche en llegar y que tenemos que recoger a nuestra escolta en el camino (Dallol está muy cerca de la frontera con Eritrea) nos dicen que salimos a las 4 de la mañana.

Ya nos han avisado. Permancer mucho tiempo en Dallol a horas de pleno sol es muy peligroso. Así que, aunque nos pese, a las 4 estamos en el Jeep.

Dallol, the Colorful Place

El Danakil está literalmente sobre la unión de varias placas tectónicas, lo que confiere a este inhóspito páramo de una gran actividad geológica, manifestada en forma de volcanes, fuentes termales con agua a 50 grados de temperatura, y de formaciones geológicas imposibles como las de Dallol, con diversos colores procedentes de los diferentes “ingredientes” y minerales que la tierra expulsa borboteantes por sus muchas chimeneas. Azufre, cobre, tungsteno forman algunos de los “esputos” geológicos que colorean y dan forma a las rocas de la zona, creando un paisaje de otro planeta

Llegando a Dallol

¿Hemos llegado a Marte?

De camino a Dallol paramos a recoger nuestra escolta. Tres milicianos afar armados con AK-47 se suben a un jeep y se unen a nuestra caravana. A pesar de haber paz, esto sigue siendo obligatorio. En 2017, un turista alemán fue tiroteado durante una escaramuza cerca de Dallol. Nadie quiere correr riesgos y poner una fuente de ingresos tan importante como el turismo en peligro.

Nos seguimos acercando mientras atravesamos un lago de Sal. En el camino nos cruzamos con otra caravana de dromedarios, esta vez procedente de las highlands etíopes.

Caravana de camino al lago de sal

No son apenas las 8 de la mañana y el termómetro marca ya 38 grados. Llegamos a nuestro destino, cada uno de nosotros se lleva dos botellas de agua. Primero hay que subir una pequeña pendiente de roca porosa marrón. Llegamos ya sudando del calor que hace.

Construcciones naturales de otro mundo

Tras subir la pendiente, el paisaje de Dallol se presenta ante nuestros ojos en todo su explendor. Es un paisaje cambiante, ya que las sustancias y minerales ultraterrestres no salen a la superficie en composición y cantidad constante, sino que varía en el tiempo, cambiando el color y la forma de las rocas con las que entra en contacto. Lo que ayer era marrón, hoy puede que sea amarillo o azul. Caprichos del interior de la Tierra.

Los primeros paisajes nos recuerdan a las construcciones saladas de los lagos. El color marrón es predominante

Algo que nos llama la atención y en lo que también reparamos en Erta Ale es en la falta de protección, no solo del turista sino sobre todo del entorno. Desde que bajamos del coche hemos ido pisando estas construcciones geológicas sin ningún tipo de precaución o información; algunas de ellas crujen y se rompen bajo nuestros pies. En lo único que piensas es en no pisar en las zonas más blancas, dónde la proporción de ácido sulfúrico es más abundante. No hay ganas de salir de ahí con quemaduras serias.

Esputos humeantes de azufre
El banco y el amarillo indican abundante azufre y ácido sulfúrico. El marrón, por otra parte, cobre
¡Presta atención a dónde pones los pies! No vayas a acabar en un charquito de ácido

Seguimos caminando sin apartarnos del sendero que nos marcan los guías. Ana vuela su dron y hace unos videos y fotos espectaculares. Allá donde miras, el paisaje te deja embobado. Cascadas de ácidos se deslizan entre las rocas de colores vivos, lagos verdes o azules se crean en huecos erosionados de estas piedras. Cada crujido del suelo hace que tu pulso se acelere. Solo con ver esto, todo este viaje ha merecido la pena.

Ana volando su dron
Piscinas de ácidos. El paisaje es encantador
El paisaje es muy cambiante. Aquí predomina aun la sal mezclada con otras sustancias creando construcciones geológicas gigantes

Primeros síntomas de lipotimia

Apenas llevamos un rato en Dallol y María empieza a tener los primeros síntomas de lipotimia. Dolor de cabeza, mareos y ganas de vomitar. ¡Y no son ni las 9 y media!

La temperatura media anual de este sitio, por cierto, es de 34,8°C. La máxima registrada asciende a 58°. ¡Casi nada! Esto convierte a Dallol en el punto del planeta más caluroso.

María bebe todo el agua que puede. Uno del grupo de escolta no se separa de ella durante todo el día y se afana en ayudarla, rociando con su propia botella de agua la nuca y el rostro. Volvemos al coche, hace demasiado calor.

Nuestro escolta no se separa de María. Volvemos al coche con una lipotimia

Volvemos a la civilización

El Danakil se está mostrando muy duro de aguantar. El 4×4 está parado al sol todo el tiempo, por lo que el calor de su interior es casi superior al exterior. Es casi inaguantable. Sudo sin parar y no paro de beber agua, aunque por su temperatura parece más bien un caldo…

Esta es una región que, aunque difícil de aguantar, se muestra auténticamente espectacular. No hemos visto nada parecido en nuestras vidas. Nos cuentan que cerca de Djibuti hay un sitio similar, en el punto más bajo de África.

Mercado afar de la Sal

Detengo mis cabilaciones asadas por el calor al paso por el lago salado que vimos a la ida. La caravana de camellos llegó entre tanto a su destino y retozan lozanos encima de la sal del lago. Los Afar se afanana en extraer y cortar tantos bloques de sal como sea posible. Cada bloque de sal los venden a los mercaderes de la caravana por 7 Birr (unos 30 céntimos de euro). Esta acción se lleva a cabo a más de 40 grados de temperatura. Este es el principal medio de vida de los afar, la extracción y venta de bloques de sal que se venderán en muchos mercados de Etiopía y Eritrea.

El lago seco
Afar extrayendo la sal del lago y vendiéndosela a la caravana que vimos antes. A más de 40 grados de temperatura

No puedo imaginar la pasta de la que está hecha esta gente. Nacen y viven en lo que para nosotros sería un infierno. Son gente que te deja huella.

Dromedarios relajados

Llegada a Mekele

Dejamos el lago atrás. Solo nos queda volver a Mekele. Para concluir la aventura, pinchamos una rueda. Gajes del oficio para Meles, que en 10 minutos la ha cambiado y estamos otra vez de camino.

Con Ana y Brendan hemos quedado en volver a vernos. Son dos personas increíblemente interesantes, con la que hemos conectado. Nuestro viaje continua. Nuestro siguiente destino es el sur de Etiopía, con un objetivo claro: El valle del Omo. Hemos quedado con ellos en vernos en Jinka y recorrer el valle juntos de nuevo.

Llegamos a Mekele con tiempo de apenas despedirnos e ir al aeropuerto. Vamos a volar de vuelta a Addis y de ahí a Arba Minch. Lo gestionamos todo a través de Sennait en el mismo Mekele, que no hemos tenido cobertura en tres días.

En el aeropuerto nos relajamos, por fin, después de tres días intensísimos. El Danakil es tan duro como increíble, pero no apto para todo el mundo. Llevamos sin darnos una ducha en condiciones varios días, hemos sudado, sufrido lipotimias, comido poco, bebido agua (mucha) caliente como un caldo. Pero también hemos aprendido antropología, visitando a Lucy y al origen de gran parte de la vida; geología y los efectos sísmicos de las colisiones de placas tectónicas, que deleitan al visitante con espectáculos como Erta Ale y Dallol; hemos conocido algo a los Afar, sacrificados luchadores que han de sobrevivir en un auténtico infierno. Y, por supuesto, hemos conocido a un grandísimo equipo de gente como Ana, Brendan y Meles, con los que hemos compartido todo en los últimos días.

Despegamos después de esperar una hora en la pista de aterrizaje sin aviso alguno de la tripulación. Tras una hora de espera, un coche de alta gama aparca al lado del avión, un obeso encorbatado con su escolta sale del coche y se sube al avión en primera fila. Ya podemos despegar, no sea que el político de turno pierda su avión… Esto solo pasa en Etiopía (¿o no?)

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