Zambia por libre, vivir la aventura de acampar en mitad de la sabana, South Luangwa National Park

Zambia por libre, vivir la aventura de acampar en mitad de la sabana, South Luangwa National Park

Segunda etapa, South Luangwa National Park

leona enfurecida en South Luangwa NP Zambia

Finalizada la primera etapa de este viaje acampando en mitad de la sabana, Lower Zambizi National Park, comenzamos la segunda etapa con un claro objetivo, alcanzar el North Luangwa National Park (donde tenemos reservados dos campamentos durante cuatro días) y llegar al Lago Tanganica. Para eso, necesitamos atravesar South Luangwa National Park.

21 de agosto, Track and Trail River Camp (South Luangwa National Park)

La calma dura poco en África. Antes del amanecer ya estamos en pie, rumbo a Mfuwe, la puerta del South Luangwa National Park. Nos espera una nueva jornada de polvo y kilómetros hasta nuestro objetivo de hoy, Zikomo Safari Camp.

La pasada noche hemos dormido en Bridge Camp, nuestro lodge de referencia entre Lower Zambizi NP y South Luangwa NP. Hemos salido más tarde de lo previsto, con el sol ya alto. Error de principiantes. El cansancio del día anterior pesa, y aquí cualquier retraso puede torcer la jornada.

La primera parada será Chipata, la última ciudad grande antes de adentrarnos en el parque de South Luangwa National Park. Allí tocará lo esencial: llenar el depósito, comprar provisiones para ocho días de autosuficiencia y cambiar euros por kwachas.

La carretera, al principio amable pronto se convierte en una pista de baches interminables y camiones sin rumbo. Conducir aquí no cansa, agota. El calor aprieta, el aire se espesa y Zambia despierta a los lados de la ruta, mujeres vendiendo fruta, niños saludando, vacas, cabras y gallinas cruzando sin prisa.

Conduciendo por Zambia

Repostar en Zambia misión imposible

De camino a South Luangwa NP, la primera ciudad que nos encontramos es Nyimba, no hay diésel. En la siguiente ciudad, tampoco. Ni en la tercera. El depósito del coche baja y los nervios aumentan. En Petauke, el desabastecimiento es total: “Maybe tomorrow”, nos dicen, una frase que aquí puede significar una semana. Toca tirar del bidón de emergencia hasta Sinda, donde “milagro africano” encontramos combustible. Llenamos hasta arriba y seguimos.

Repostando en Zambia

Llegamos a Chipata casi al atardecer, agotados y con una lista importante para comprar en Shoprice, el supermercado más grande de la ciudad: conservas, arroz, pasta, verduras, agua, leña, leche, galletas, te, café, cervezas, vino, servilletas, cerillas, etc. Nos dividimos las tareas como si fuera una contrarreloj.

Necesitamos cambiar moneda. A la salida del supermercado, los cambistas nos rodean:

“Good rate, my friend. Best rate!”

Pero algo no encaja. Uno habla, otro apunta, el tercero distrae. Reculamos a tiempo: estaban intentando cambiarnos kwachas de Malaui, nosotros queremos kwachas zambianos. Un despiste y habríamos perdido todo. En África, la aventura también se juega fuera de los parques.

Una regla de oro en Zambia, no conducir nunca de noche

A partir de las seis, el día se acaba y laa carretera se convierte en una trampa, ganado, animales, bicis sin luces, camiones averiados y peatones invisibles. De noche no conduces, sobrevives.

Elefante cruzando la carretera

El problema es que aún nos quedan 100 kilómetros hasta Mfuwe (última ciudad antes de entrar en el parque), que aquí equivalen a dos o tres horas siendo optimistas. Y desde allí, otra pista desconocida hasta nuestro objetivo para dormir, Zikomo Camp. El reloj corre rápido y la ansiedad también.

Paramos a improvisar un picnic en un poblado, segundo error del día. Abrimos el maletero y, en cuestión de segundos, somos el entretenimiento de los lugareños, cincuenta espectadores observando cómo intentamos llevarnos algo a la boca. Imposible. Repliegue inmediato.

Llegamos a Mfuwe casi de noche, seguir hasta Zikomo sería una locura. Cambio de plan y búsqueda de refugio. Track and Trail River Camp nos salva con una tienda safari (que nos proporcionan) junto al río Luangwa muy seco en algunas zonas en esta época del año. Con el cansancio que llevamos en el cuerpo, somos incapaces de montar nuestra propia tienda de campaña encima del coche.

El lodge tiene restaurante lo que significa cerveza fría y plato caliente sin dar palo al agua. Rendición total. Mañana, con luz, ya será otra historia.

AGUILA SOUTH LUANGWA ZAMBIA

Durante la cena, en el pequeño comedor del campamento, presenciamos una escena que nos hace replantearnos la ruta. Otra pareja de viajeros busca información sobre cómo llegar a North Luangwa National Park, precisamente nuestro objetivo y uno de los parques más aislados de Zambia. A su lado, una mujer de acento portugués, mochila al hombro y apariencia de llevar muchos kilómetros encima, comparte detalles recientes sobre el parque. Resulta ser mozambiqueña y agente forestal, y regresa justo de North Luangwa con información caliente y de primera mano.

Un cachorro de león en South Luangwa NP, Zambia

North Luangwa es conocido por ser uno de los parques más remotos del continente. Situado en el noreste del país, a orillas del río Luangwa, tiene acceso limitado, apenas unas pocas pistas sin asfaltar y muy poca infraestructura turística. A diferencia de su “hermano mayor”, South Luangwa, aquí solo operan unos pocos campamentos y el turismo es mínimo.

La mujer nos asusta. Explica que durante días enteros puedes no cruzarse un solo vehículo, que es recomendable viajar en convoy por cuestiones de seguridad y que, debido al aislamiento, un problema mecánico puede convertirse en algo muy serio. Aseguró también que la fauna no es abundante a simple vista: en North Luangwa los animales están, pero hay que buscarlos, y el parque conserva una esencia salvaje muy poco accesible. Ella viajaba con dos todoterrenos bien equipados, con radios de comunicación y material de emergencia, acompañada por familiares con experiencia en la selva. A juzgar por su preparación, hablaba con conocimiento de causa.

Ya sabíamos que North Luangwa sería un desafío logístico, pero sus palabras nos han dejado buenas dosis de incertidumbre. Aun así, la ruta está decidida: tenemos reservadas y pagadas cuatro noches en dos campamentos dentro de este parque, asi que, pase lo que pase, seguiremos con nuestros planes adelante.

La noche, sin embargo, disipa parte de estas inquietudes. Aquí, el insomnio no es un problema, es un privilegio. Desde nuestra tienda de campaña, bajo un cielo tan limpio, escuchamos la banda sonora de la sabana. Con el tiempo aprendes a identificar cada sonido: las hienas rien durante horas en torno al campamento, acercándose y alejándose en la oscuridad; ruge algún león, con ese sonido profundo que hace vibrar la tienda de campaña; y de fondo, como un bajo continuo, el gruñido inconfundible de los hipopótamos en el río.

HIPOS en el rio Luangwa, Zambia

África tiene muchas maneras de recordarte dónde estás. Anoche lo hizo a través del oído.

Rumbo a North Luangwa National Park

22 de agosto

El norte nos llama. North Luangwa NP será el próximo reto y Zikomo Safari Camp, nuestra primera meta. Pero antes de lanzarnos a lo realmente remoto, toca parada técnica en Mfuwe: el último lugar donde el diésel no es leyenda. Aquí el combustible se valora casi como el oro.

Con el depósito lleno, dejamos atrás el asfalto y nos metemos en una pista de tierra sorprendentemente decente de unos 30 kilómetros. Es la misma que, en pocos días, nos llevará hacia Chifunda y a la entrada de North Luangwa National Park tras cruzar el parque nacional de Luambe. El paisaje avisa de lo que se nos viene encima: menos gente, más animales y la sensación de que África empieza a ponerse seria.

Zikomo Camp, una grata sorpresa

Zikomo Safari, South Luangwa NP, Zambia

Llegamos temprano a Zikomo Safari Camp, un lodge sencillo y con encanto, gestionado por una pareja de San Diego. No tiene lujos, pero sí mucho sabor. Hoy los bungalows están completos, así que nos toca plan B, abrir la tienda de campaña sobre el coche, en una zona bastante apartada, lo que significa que esta noche dormimos literalmente en mitad de la nada.

Cuando se pone el sol, este campamento-lodge cambia. Los sonidos se multiplican, las sombras cobran vida y la imaginación vuela más de la cuenta. Por suerte, en Zikomo nos ayudan a montar la tienda. Poco a poco vamos aprendiendo a levantar la casa mientras escuchamos elefantes e hipopótamos, algo que necesitaba entrenamiento.

A las 16:00 de la tarde, nos vamos de safari con esa luz dorada que hace que todo parezca posible. En el coche nos acompaña Charles, un británico que conoce South Luangwa como el salón de su casa, pero el auténtico protagonista del safari es Robert, nuestro guía. Hay guías buenos… y luego está él. Paciente, incansable y con una capacidad asombrosa para leer el comportamiento animal. Con Robert no “ves animales”, simplemente, los entiendes.

South Luangwa NP, Zambia

Y así, casi sin darnos cuenta, pasamos más de tres horas siguiendo a un leopardo en plena caza. Avanzaba entre la maleza, calculando cada paso, incluso revolcándose en excrementos de búfalo para camuflar su olor. La estrategia explicada en voz baja, el silencio absoluto y la sensación de estar asistiendo a algo que no se repite.

Un leopardo en South LUangwa NP, Zambia

Al mediodía, picnic junto al río, con hipopótamos resoplando a pocos metros. Comer nunca fue tan salvaje.

Cuando cae el sol, South Luangwa cambia de piel. Robert nos deja en nuestro campamento, abierto completamente a la fauna, sin vallas, en plena noche africana. Un claro iluminado, sonidos por todas partes y la certeza de que aquí mandan ellos. Hienas, hipopótamos, leopardos… y, después de que días atrás un elefante nos destrozara un faro, la imaginación no necesita ayuda.

Hipopótamo bajando al río en South Luangwa NP, Zambia

Barbacoa, silencio absoluto y un deseo compartido: que nadie se una a cenar sin invitación y que el fuego aguante hasta el amanecer. Porque en África, de noche, cada sombra tiene intención, pero con la primera luz, el miedo se disuelve y entiendes el privilegio de estar aquí.

Cena en Zikomo Safari Camp, South Luangwa NP, Zambia

Un gran fuego para mantener a raya a los animales

Para mantener a raya a los visitantes nocturnos encendemos un gran fuego de madera de mopani, de esa que arde despacio y da una falsa pero muy necesaria sensación de seguridad. No hay luna. Solo un negro absoluto… y una banda sonora imposible de olvidar.

Los leones rugen a lo lejos, graves y brutales. Las hienas aparecen y desaparecen con su inquietante “risa”, ese idioma salvaje que intimida y fascina a la vez.

Dormir cuesta, claro. Asumo un par de horas de insomnio como parte del ritual: escuchar, identificar sonidos, grabarlos en la memoria. Al final dormimos mejor de lo esperado. Y al amanecer nos espera lo grande, rumbo a North Luangwa National Park, uno de los lugares más remotos y salvajes de Zambia.

Atardecer en South Luangwa NP, Zambia

23 de agosto

Hoy, el plan es ambicioso: avanzar todo lo posible y dormir en Kamukonzo Community Camp, o en Luambe Camp, si la ruta nos deja.

Pagamos nuestra factura de estos días en Zikomo, y a las diez empezamos a sumar kilómetros de pista. Kilómetros eternos. Baches, ríos secos y tramos técnicos que nos obligan a avanzar a ritmo de paciencia. Para rematar, durante casi una hora rodamos atrapados en la nube de polvo de un camión imposible de adelantar. Cuatro horas después llegamos, agotados, a la entrada de Luambe National Park.

Dentro del parque de Luambe sólo hay un lodge para dormir, Luambe Camp. Hoy no estamos para montar la tienda: tenemos hambre, cansancio y una capa de polvo digna de museo. Además, el combustible empieza a preocupar seriamente, desde Chipata no vemos una gasolinera y el depósito baja más rápido que el ánimo.

En Luambe Camp soñamos con ducha y cerveza. La realidad es que nos dan sin remilgos, con la puerta en las narices. El lodge está completo y ni siquiera nos dejan acampar. Cero opciones, cero ayuda.

La situación no invita a heroicidades: sin alojamiento, con diésel justo y en un lugar donde no pasa nadie, toca decidir. Sentados junto al coche, intentando recuperar fuerzas comiendo cualquier cosa, elegimos lo sensato, dar media vuelta y volver a Zikomo (otras cuatro horas de vuelta). Duele renunciar, y más con noches ya pagadas en North Luangwa, pero quedarse tirados aquí sería una arriesgada aventura, incluso para nosotros.

El río que literalmente se traga los coches

Este día tan complicado todavía nos guarda una última sorpresa. De vuelta a Zikomo hay que cruzar el cauce seco del río Luangwa. Arena profunda. Yo al volante. Aviso claro de Xaquín: “No se te ocurra parar en mitad de la arena” pero “paré”
El coche queda enterrado hasta los ejes, el sol castiga y nosotros sudando algo más que calor. Llegan vecinos de un pequeño poblado con palas, buenas intenciones y cero resultados. El Toyota no se mueve. Y entonces, como caídos del cielo, aparece un grupo de alemanes en 4×4. Sonrisa, y la frase mágica: “Let’s pull you out.” En unos minutos estamos fuera de la arena. Polvo, risas, agradecimientos y fotos. África, versión completa.

Grupo de alemanes que nos ayudan a salir del río Luangwa Zambia

Cuatro horas más de pista y agotamiento absoluto hasta que, por fin, vimos las luces de Zikomo. Nos reciben como quien acoge al hijo pródigo, magullado pero vivo. Sin preguntas, sólo sonrisas.

Dormimos rendidos, orgullosos y extrañamente felices. África te pone a prueba… pero también te regala historias imborrables. Y de propina, el atardecer: una bola de fuego cayendo sobre la sabana, tiñendo el Luangwa de rojos imposibles.

Atardecer en South Luangwa NP, Zambia

Amanecer en Zikomo Safari Camp

24 de agosto

Después de la paliza de ayer, instalados de nuevo en Zikomo Safari Camp, (oficialmente nuestro campamento base), toca un safari al amanecer. Ir andando hasta el lodge (800 metros de distancia, estamos en la zona de acampada libre) no es buena idea porque a esta hora, la fauna está especialmente activa. Así que viene Robert, el guía a recogernos hasta la tienda de campaña en coche.

A las cinco y media, café en mano, nos reunimos con Charles, el inglés de Bristol que lleva seis semanas atrapado aquí, literalmente, haciendo dos safaris diarios y que se viene con nosotros. Aunque nació en Zambia, vive en el Reino Unido pero todavía este verano, no ha encontrado motivos suficientes para volver a Bristol. South Luangwa engancha.

Este es nuestro segundo safari con Robert y vuelve a dejar claro su estilo: nada de persecuciones sin sentido. Aquí se observa, se espera y se aprende. Robert no corre tras animales; los acompaña.

Leopardo en South Luangwa Natioanl Park, Zambia

Y hoy el premio ha sido mayúsculo, cinco horas siguiendo a otro leopardo en completa calma. Deslizándose entre la maleza, atento a cada sonido, con el paisaje del Luangwa desplegándose alrededor, bosques de mopani, llanuras abiertas y el río serpenteando, repleto de hipopótamos bostezando al sol. Un verdadero privilegio. Volvemos al campamento llenos de emoción. Robert no promete animales. Promete experiencias. Y cumple.

Tras la fallida experiencia de ayer, hemos decidido desterrar la ruta hacía, North Luangwa National Park. Hacerlo sin suficiente combustible sería una temeridad. Así que cambiamos los planes: mañana volveremos rumbo al Luangwa Bridge Camp, el lodge de nuestras amigas, donde pasaremos la noche antes de seguir camino hacia Kafue National Park. África te obliga a ser flexible. Y quizá ahí esté parte de su magia, cada desvío trae una nueva historia.

La vida en el campamento entre elefantes

Esto casi nadie lo cuenta en los blogs de viajes, pero la vida en un campamento africano no es solo safari y fantásticas fotos. Después del paseo entre leones toca la aventura doméstica: preparar el desayuno, fregar platos, sacudir sacos, ventilar la tienda y hacer inventario de provisiones. Es otra forma de aventura, más terrenal, pero parte del encanto. Entre tarea y tarea, el día se desliza despacio. Se lee, se escribe, se piensa. África te enseña a parar.

La tarde pasa lenta hasta que el sol empieza a caer y la cena se convierte en el gran acontecimiento del momento. Como siempre, alguien del lodge viene a encendernos el fuego con madera de mopani para nuestra barbacoa bajo las estrellas. Aquí todo es básico y perfecto, fuego, naturaleza y famosa paciencia africana.

Esta misma mañana ya nos han avisado que nada de volver andando al campamento desde el lodge. Hay elefantes cerca. Muy cerca. Tan cerca que estan comiendo tranquilamente de nuestros árboles, los que rodean la tienda de campaña, con crías incluidas. Así que nos acerca la gente de Zikomo en coche a la zona de acampada. Observando en silencio como destrozan las ramas, nuestros nuevos vecinos y recordando quién manda realmente en este campamento, pregunto con cierta inquietud a la gente de Zikomo:


—¿Y qué hacemos nosotros mientras los elefantes comen alrededor del campamento?
—Nada especial responden, estar pendientes y si alguno se acerca demasiado… os metéis rápido en el coche.

Y dicho esto, se marchan tan tranquilos.

Así que aquí estamos con nuestro Toyota aparcado bajo un árbol, la tienda montada sobre el techo y varios elefantes alrededor comiendo sin prisa. No nos queda más remedio que refugiarnos dentro del coche durante casi una hora, esperando a que los paquidermos terminen su festín y sigan su camino.

No podemos evitar recordar entonces lo que NO hicieron en Mvuu Camp, en Lower Zambezi NP, cuando se nos echó un elefante encima, nadie nos avisó de su presencia ni nos advirtió de mantener la distancia. Nuestra ignorancia casi nos cuesta la vida. Mvuu es un campamento espectacular, pero con nosotros fueron irresponsables, y en África eso puede pagarse caro.

Esta mañana, nuestro último sáfari con Robert y Charles ha tenido premio. Varios leones comiendo un hipo.

Leones comiendose a un hipo en South Luangwa NP, Zambia

Mientras los leones terminan su banquete, África funciona como un reloj suizo, las hienas esperan a distancia y los buitres, medio dormidos en los árboles, saben que su turno pronto llegará. Aquí nadie se salta la cola.

Una hiena esperando a que los leones devoren a un hipo en South Luangwa NP, Zambia

El safari, “entre pitos y flautas” se ha alargado más de la cuenta, la carretera nos espera con seis o siete horas por delante y desmontar ahora la tienda sería una locura. La decisión es inmediata y sorprendentemente fácil, nos quedamos un día más en Zikomo Safari Camp. Total, quedarse un día extra en el paraíso no requiere mucha reflexión.

Tenemos un pinchazo, pero en Zikomo lo solucionan en un suspiro. África nos enseña paciencia…Mañana pondremos rumbo a Kafue National Park, pero South Luangwa se despide dejándonos el listón muy alto, amaneceres mágicos, fauna a cada paso y esa libertad que solo se siente en África.

La tarde transcurre tranquila, esta vez sin elefantes inspeccionando el campamento, lo cual se agradece. Por la noche nos damos un pequeño lujo y cenamos en el restaurante del lodge, en una terraza abierta al antiguo cauce del río, hoy seco, con la sabana infinita al frente. Nada de sofisticación: autenticidad pura.

Cenamos en el restaurante para despedirnos de Charles, nuestro amigo de Bristol, (británico y muy reservado) hasta que se pone a hablar de animales salvajes, entones, los ojos se le llenan de emoción y de luz. Seis semanas de safari dan para muchas historias. Nos despedimos con una promesa, volver algún día a South Luangwa.

La última noche en la tienda de campaña es intensa. Dicen que los animales no abren nunca una tienda bien cerrada. Después de que un elefante nos la zarandeara días atrás, cuesta creerlo del todo. La noche es una sinfonía de rugidos, risas de hienas y ruidos invisibles que mantienen el corazón en guardia.

Al amanecer llega la calma. El miedo se disuelve y solo queda la certeza de haber vivido algo único. Dormir en plena naturaleza es un privilegio salvaje.
Mañana, empezamos nueva aventura.

Un buho en South Luangwa NP, Zambia

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