Zambia por libre, vivir la aventura de acampar en mitad de la sabana, Kafue y Cataratas Victoria

Zambia por libre, vivir la aventura de acampar en mitad de la sabana, Kafue y Cataratas Victoria

Tercera etapa Kafue National Park y Cataratas Victoria

Noche inquieta bajo las estrellas

La última noche en Zikomo Safari Camp ha sido de todo menos tranquila. Dormir en una tienda en plena naturaleza africana tiene su encanto… y también su pequeña dosis de taquicardia. Dicen que si la tienda está bien cerrada los animales la ven como un solo objeto y no entran. Suena bien pero después de que un elefante nos moviera la tienda hace unos días en Lower Zambizi, uno se empieza a cuestionar la teoría. Además, la noche africana no cree en el silencio, hienas que parecen reírse de ti, leones que rugen como si anunciaran el fin del mundo y ramas que crujen justo cuando estabas a punto de dormirte.

Así que aquí estás, dentro del saco, completamente quieto… esperando que cualquier cosa grande que pase cerca decida seguir de largo. Y entonces, a las cinco y media, empieza a amanecer. La luz lo cambia todo. El campamento vuelve a la calma y el miedo desaparece. Dormir en plena naturaleza puede ser inquietante… pero también es una de las experiencias más intensas que se pueden vivir.

Hiena en Lower Zambizi NP Zambia

26 de agosto

Rumbo a Kafue National Park: polvo, kilómetros y el encanto del África salvaje

Salimos de Zikomo Safari Camp con el amanecer aún despertando en la sabana. Nuestro objetivo del día es ambicioso: alcanzar Kafue National Park, el parque más grande del país y uno de los más salvajes de África.

Pero antes de abandonar Zikomo, África nos regala otra sorpresa, lío a la hora de pagar. No le cuadran las cuentas a Victoria, la americana que gestiona el lodge. Tras media hora revisando recibos y aclarando un malentendido, todo queda resuelto… aunque el reloj ya corre en nuestra contra. Aquí salir tarde puede significar no llegar. La ruta además obliga a atravesar Lusaka, con su tráfico caótico, rotondas imprevisibles y policías con ganas de charla, revisar papeles y engrosar los bolsillos. Finalmente logramos cruzar la capital y volver a la carretera.

Hogar por una noche Bridge Camp

Camino de Kafue, el día parece no terminar nunca, kilómetros de polvo, baches y pista africana. Cuando por fin alcanzamos Bridge Camp (mitad de camino), a orillas del Luangwa River, llegamos cubiertos de tierra roja y agotados.

Las chicas que trabajan en este remanso de paz nos salen a saludar con enormes sonrisas, como si ya fuéramos viejos conocidos que regresan a casa (es la segunda vez en este viaje que paramos en este lodge, a mitad de camino de todo). Después de tantas horas de carretera, nos sentimos así, como en casa.

Bridge camp zambia

El ritual es rápido, dejamos una bolsa gigantesca de ropa para lavar, estamos hasta arriba de polvo rojo, refugiándonos en el bungalow. Tras tantos días viviendo dentro del Toyota, donde el coche ha sido cocina, dormitorio, armario y despensa, encontrarse con una cama de verdad roza el lujo. Mosquitera, sábanas limpias, edredón y una noche fresca.

En África, a veces, la felicidad es sorprendentemente sencilla.

La noche africana, engancha

Estos días el Toyota ha sido nuestro universo. Nuestros campamentos suelen estar perdidos en mitad de la nada. Cuando cae la noche, a las seis y media, la oscuridad se vuelve absoluta. A veces hay otro coche acampado a cien metros. Muchas veces, ninguno.

Entonces empieza nuestro pequeño ritual, abrimos la nevera del coche, cerveza fría para uno, vino para otro, y brindamos frente a la noche africana. Encendemos el fuego y preparamos la barbacoa. Si la leña es de mopani, sus brasas durarán hasta el amanecer, lo cual es tranquilizante.

KAFUE NP DELANTE DE NUESTRA TIENDA ZAMBIA

Dormir en parques como Lower Zambezi National Park, South Luangwa National Park o en el inmenso Kafue National Park significa dormir rodeado de animales y sonidos. Los hipopótamos salen del río y gruñen mientras pastan cerca de la tienda. Las hienas ríen en la distancia. Y a veces, muy a lo lejos, o no tanto, retumba el rugido profundo de un león. Ese sonido impone respeto. Te recuerda que aquí el visitante eres tú. No importa cuántas noches lleves acampando, siempre hay un momento en el que te sientes pequeño bajo este cielo enorme. El privilegio de estar aquí Y sin embargo… engancha.

Porque cuando el amanecer empieza a iluminar el horizonte y el cielo se vuelve azul, llega una sensación difícil de describir. Has pasado otra noche bajo las estrellas africanas. El corazón sigue acelerado, pero también sabes que estás viviendo algo extraordinario. Un privilegio que muy pocos llegan a conocer.

Safari en South Luangwa NP

Mañana, más polvo y más aventura rumbo a Kafue National Park.

Aún quedan muchas pistas de tierra roja por recorrer, muchos kilómetros sin mapa claro y, seguro, alguna sorpresa más en el camino. Porque en África nunca sabes exactamente qué va a pasar. Y esa es precisamente la razón por la que quieres seguir avanzando.

2 de agosto

Entrada en Kafue: rugidos en la oscuridad

La parada en Bridge Camp nos ha devuelto la energía. A las seis en punto ya estamos en carretera rumbo a Kafue National Park, uno de los parques más grandes, y menos visitados de África.

Como siempre, viajamos sin reserva para dormir. La experiencia en Lower Zambezi National Park y South Luangwa National Park nos ha enseñado que casi siempre aparece un lugar donde pernoctar. Esa libertad es maravillosa… aunque a veces también significa tener que improvisar cuando el sol se pone.

Después de once horas de pista, polvo y baches, llegamos al parque cerca de las cinco de la tarde. El problema es que el margen de luz se agota y todavía no hemos encontrado dónde dormir.

Probamos un par de lodges en el camino con precios de otro planeta, pensión completa obligatoria y tiendas de lujo. Muy bonito… pero completamente inútil para dos viajeros que llevan cocina, comida y casa en el Toyota.

Además, esta ruta ni siquiera estaba en el plan original. Cambiamos sobre la marcha cuando descartamos ir a North Luangwa. Poca información en el dosier… y el reloj corriendo en nuestra contra.

Zambia pequeña ardilla South Luangwa NP

Un claro en mitad de la nada, Mayukuyuku Bush Camp. Las tiendas de campaña de este lodge están ocupadas, pero la zona de acampada libre tiene sitio. Perfecto. Preferimos nuestra tienda en el techo del Toyota, es nuestro pequeño hogar rodante. Dos guardas nos ayudan a instalarnos junto al Kafue River. El camping está a casi un kilómetro del lodge y ni siquiera lo vemos desde aquí. Solo hay silencio, oscuridad y naturaleza. Eso si, una hora después llegan dos todoterrenos espectaculares y montan su campamento a unos cien metros de nuestro coche. En dos minutos montan las tiendas en el techo, tienen el fuego encendido con movimientos rápidos y seguros. Probablemente sean sudafricanos. Gente que sabe lo que hace. Y, aunque suene absurdo, su presencia nos tranquiliza bastante.

Mayukuyuku Bush Camp Kafue NP Zambia

Rugidos en la noche

Cuando cae la oscuridad empezamos a preparar la cena. De pronto, el silencio se rompe. Un rugido profundo atraviesa la noche. Un león. Muy cerca. Tan cerca que casi se siente en el cuello. Levanto la vista hacia la maleza intentando distinguir algo entre las sombras. Nada. Solo oscuridad y estrellas. Miro a nuestros vecinos de campamento para evaluar la situación. Pausan la conversación unos segundos, escuchan… y siguen cocinando como si nada. Bueno, pienso, si ellos siguen tan tranquilos… quizá no sea tan grave. Quizá.

Leona en South Luangwa NP Zambia

Entre rugidos, risas nerviosas y el crujido del fuego, la noche avanza.

Dormir en Kafue National Park es dormir donde todo es real, salvaje y absolutamente imprevisible. Y precisamente por eso, es inolvidable.

Como el campamento no organiza game drives, mañana será un día tranquilo antes de continuar hacia el próximo campamento, Kasabushi Camp, en el corazón del parque. Es una recomendación de Robert, el ranger de Zikomo que pasó dos años trabajando aquí. Cuando alguien que conoce la sabana de verdad te señala un lugar en el mapa, lo mejor es hacerle caso. Seguimos avanzando.

3 de agosto


Rumbo a Kasabushi Camp, soledad, elefantes y adrenalina

En teoria, el camino hacia Kasabushi Camp marca unas dos horas. Selva, sabana y horizonte infinito. En la práctica, cuatro horas sin cruzarnos absolutamente a nadie. Ni un coche, ni un poblado, ni una persona. Solo polvo y el corazón a cien. Viajar solos suena muy aventurero… hasta que te acuerdas de los elefantes. Inteligentes, con memoria, y en esta zona, especialmente agresivos por la presión de los furtivos. Un encuentro no planificado puede ser peligroso. Y la soledad absoluta no ayuda, ¿y si pinchamos? ¿O quedamos atascados? ¿O algo falla y no pasa nadie en horas? El otro día nos salvaron unos alemanes pero hoy… nadie.

Grupo de alemanes que nos ayudan a salir del río Luangwa Zambia

Varios grupos de elefantes nos bloquean el paso. Paciencia, distancia y esperar el momento adecuado. Se han largado, otro desafío superado… aunque la noche aún nos acecha.

Llegada a Kasabushi Camp. Ya atardeciendo, llegamos al lodge. La anfitriona, tipo barbie aventurera, nos enseña una tienda de safari junto al río, cama enorme, vistas, calma absoluta… y un precio prohibitivo. Nos instalamos en la zona de acampada libre, a 800 metros de distancia del lodge (aquí, las zonas de acampada libre están bastante retiradas del campamento base).

Nos acompaña un guarda del lodge a una zona salvaje y aislada y nos suelta al marcharse:

“Este es un paso continuo de leones y leopardos.”

Pausa. La sangre se nos congela. Preguntamos con inocencia:
“¿Y si vemos pasar un grupo de leones?”
“Quedarse quietos. Seguirán su camino.”, dice el tipo tan tranquilo

Facilísimo. Claro. Así que, cena con miedo… pero eso si, que no nos falte un vino fresco. Mientras Xaquín cocina, yo intento calmarme. Cenando en medio de un paso de leones y leopardos, a oscuras y solos… no es plan para cardiacos. Ni siquiera para valientes. Confieso: estoy aterrorizada. Hemos reservado un safari para mañana, pero ahora solo quiero sobrevivir a la noche: ¿y si un león se acerca? ¿O un leopardo decide subirse al coche? ¿O no llegamos al amanecer?

Leopardo en South Luangwa NP Zambia

Una noche interminable. A la hora de dormir, cada crujido es una pisada, cada soplo de viento, un rugido. Paso horas alerta, tensando cada músculo. Finalmente, el cansancio vence al miedo y caigo rendida… hasta que amanece. Pero eso… eso ya es otra historia

Un safari salvaje con Mark, un personaje de película entre elefantes furiosos y leones enamorados

A las 5:30 de la madrugada nos recoge en nuestra tienda, Mark para un safari en Kafue National Park. Aún es de noche… y nosotros no tenemos ni idea de lo que nos espera, uno de los safaris más intensos de nuestra vida.

Mark es un sudafricano que reparte su vida entre Ámsterdam y la sabana zambiana, tiene más historias que un libro de aventuras. Minero en África Occidental, ranger, experto en rastreo y comportamiento animal… y con un carisma capaz de engancharte al primer minuto. Pero, pronto descubriremos, que Mark también sabe cómo subir la adrenalina.

Tres avisos… y persecución

Nos cruzamos con un grupo de elefantes con crías. Primer aviso: barrito y orejas erguidas. A Mark le da igual, segundo aviso, carga parcial. Sudor frío tras la noche en “el paso de leones y leopardos”. Pero Mark insiste en acercarse. Tercer intento… ataque total. Elefantes enfurecidos detrás del coche, polvo levantado, la sabana convertida en pista de velocidad. Corazón en la garganta. Nunca habíamos vivido algo así. Cuando finalmente se alejan, Mark sonríe: “Tienen crías, solo estaban protegiéndolas.”

Grupo de elefantes en Kafue NP Zambia

Bravuconadas aparte, hay que reconocerlo, conoce este parque como la palma de su mano.

Tras la descarga de adrenalina con los elefantes, llega la recompensa. Mark nos guía por rastros frescos en la arena y, de repente, allí están, una pareja de leones apareándose. Serenos, poderosos, dueños absolutos del reino salvaje. Silencio absoluto, soledad total… África en estado puro.

UNA PAREJA DE LEONES KAFUE NP Zambia

Para rematar, picnic junto al Kafue River, rodeados de hipopótamos bostezando y pájaros de colores. Comemos con una pareja londinense encantadora: ella de padre catalán, él británico. Han venido a Zambia a una boda.

Adiós, Kasabushi. La aventura sigue hacia el sur, entre lagos y horizontes que aún no imaginamos.

29 de agosto

Rumbo a Chibila Lodge, a la orilla del Lago Itezhi-Tezhi

Ponemos rumbo a Chibila Lodge, un pequeño camping frente al lago Itezhi-Tezhi. Sobre el mapa, cuatro horas de pista, en la realidad africana, eso se mide en polvo, arena, baches y paciencia infinita.

Durante horas no vemos a nadie. Ni aldeas, ni coches, ni señales de vida. Solo mopanis, bosques secos… y de vez en cuando, elefantes bloqueando el camino. Después de los incidentes previos, cada manada que aparece dispara los nervios, aquí cualquier problema puede volverse serio muy rápido. La soledad de Kafue impone, puedes conducir horas sin cruzarte con nadie. Si algo falla, la ayuda puede tardar… mucho. Pero también es parte de la magia, sentirse completamente solo en África es un privilegio.

Chibila Camp, un remanso de paz

Lago Itezhi-Tezhi en Kafue NP Zambia

Llegamos agotados y Chibila nos recibe como un regalo. Frente al lago, se respira una calma absoluta. Nos quedamos en una tienda ya montada con cama básica, sencilla, perfecta. Andry, el dueño zambiano de risa fácil, y su esposa sudafricana, nos hacen sentir como en casa. Historias, consejos y buen humor completan la bienvenida. Junto a nosotros, están acampadas, un par de sudafricanas en un todoterreno impresionante… que se han quedado atascadas en la arena esta misma mañana.

Lago Itezhi-Tezhi en Kafue NP Zambia

Por la noche, el lago se ilumina con las lámparas de los pescadores, creando un espectáculo que parece sacado de un sueño: cientos de luces flotando en la oscuridad. Chibila no tiene lujos, pero sí lo más importante, paz. Después de días de tensión, ruidos salvajes y el ritual de montar y desmontar tiendas, aquí podemos recargar energía.

Mañana seguimos ruta hacia otro lodge, Hornbill Safari Camp dentro del parque, recomendado por Andry, cuyo nombre… es el de un pájaro. (hornbill, es un ave de gran tamaño y pico enorme que habita en África y Asia)

Lago Itezhi-Tezhi en Kafue NP Zambia

Atravesar el sur de Kafue National Park no es un paseo.

Horas sin ver un alma, no hay aldeas, ni coches, solo elefantes, kudús e impalas recordándote que aquí mandan ellos. Cada bache, cada tramo de arena blanda aumenta la tensión, un pinchazo o quedarse atascado, además de la noche que se convierte en un desafío de supervivencia absoluta.

El último tramo es un pequeño infierno, el coche se hunde, el cansancio aprieta, pero casi de milagro encontramos Hornbill Safari Camp en el camino. La recompensa, un lugar fantástico frente a un río impresionante. Dormiremos en nuestra tienda sobre el Toyota, con la sensación de estar en mitad de la vida salvaje.

MAPA DE KAFUE NP Y HORNBILL SAFARI CAMP ZAMBIA

El manager del Hornbill es un hombre amable y divertido que nos advierte por aquí pasan leopardos y wild dogs con frecuencia”. Perfecto para dormir tranquilos…. Preparar un picnic frente al río se convierte en un deporte extremo, ojo al cocodrilo, ojo al bocadillo.

Aún recuerdo aquella noche en Mvuu Camp, cuando un elefante casi nos hace volcar la tienda de campaña. Hoy le encuentro más de una explicación, quizá tenía hambre e intentó alcanzar los kiwis que guardábamos en el frigorífico del coche, o simplemente se rascaba el lomo contra el árbol. Pero también cabe otra posibilidad, que fuese el mismo elefante agresivo con el que nos cruzamos por la mañana y al que, sin querer, le tocamos las narices. Dicen que los elefantes tienen una memoria prodigiosa, así que tal vez pensó, “estos dos imbéciles se me escaparon esta mañana, pero no esta noche”.
Nunca lo sabremos.

Elefante en Mvuu Lodge Lower Zambizi NP, Zambia

Ya nada me quita el sueño

Después de más de dos semanas durmiendo en mi tienda, me he acostumbrado. No lo cambiaría ni por el mejor lodge del mundo. A diferencia de South Luangwa National Park, en Kafue, las hienas no se escuchan con tanta frecuencia. Lo que sí se ha escuchado esta madrugada ha sido el rugido de un león… pero muy, muy cerca.
Al despertar, los del campamento nos confirman que un león solitario cruzó el campamento durante la noche para beber en el río. Saberlo a toro pasado es casi mejor.

León herido en Kafue NP Zambia

30 de agosto

Salida de Kafue, fuego, la nada y el regreso a la civilización, Livingstone

Volvemos a la civilización. Dos semanas rodeados de animales salvajes nos han dejado exhaustos.

Recogemos la tienda en completo silencio, ni coches, ni voces, ni rastro humano. Solo nosotros y el polvo rojo del camino. Ponemos rumbo a Livingstone sabiendo que la vuelta será tan intensa como la ida. Conducir aquí significa horas sin cruzarte con nadie, no quedarte atrapado en la arena y confiar en que el 4×4 y la suerte estén de tu lado.

Buho en Kafue National Park

El GPS, por supuesto, decide abandonarnos. A pesar de las indicaciones que nos han dado en Hornbill Safari Camp, acabamos dando vueltas sobre el mismo paisaje infinito. Cuando todo se parece demasiado, perderse es fácil… y la sensación de estar atrapados en mitad de la nada vuelve a disparar la adrenalina.

Y entonces, por fin, una señal, un lodge a siete kilómetros. Llegamos sorteando arena profunda y peleando con el volante. Nos recibe una pareja de británicos impecablemente educados que, al ver nuestras caras de náufragos de la selva, nos sientan, nos sirven café caliente y nos explican cómo salir de aquel laberinto de pistas. Incluso se ofrecen a alojarnos, aunque ni siquiera tengan zona de acampada.

El café y la amabilidad británica nos ha dado la energía necesaria para salir de Kafue NP.

Kafue National Park Zambia

Los primeros poblados aparecen como un espejismo tras días de soledad absoluta. Antes de llegar a ellos atravesamos kilómetros de arena blanda donde cada metro parece querer tragarse el coche. Incluso con la tracción a las cuatro ruedas, tengo la sensación constante de que el suelo intenta retenernos un poco más dentro de Kafue.

Entonces llega lo peor. En el horizonte aparece un resplandor naranja. En minutos el aire se llena de humo, un incendio avanza hacia la pista y nos corta el paso. No sabemos si es un fuego controlado o algo fuera de control. Dar la vuelta significa regresar al vacío; avanzar implica cruzar las llamas con 40 litros en un bidón de diésel dentro del coche.

El viento cambia. El fuego se abre lo justo y logramos pasar con mucho miedo e incertidumbre.

Con el pulso aún acelerado retomamos la pista hacia Livingstone. Poco a poco vuelven las señales de vida, niños jugando, mujeres con bidones de agua, bicicletas cargadas de leña. Tras dos semanas en la sabana, ver gente resulta casi extraño… y profundamente reconfortante.

Llegamos a Livingstone exhaustos, soñando con las cosas más simples, una cama limpia, una ducha caliente y un techo firme. Después de tantos días de tienda, frío al amanecer e insectos invisibles, aquello nos parece un lujo.

Rio Kafue National Park Zambia

31 de agosto.

Cataratas Victoria, el humo que truena

Llegar al Waterfront Lodge, a orillas del majestuoso Zambezi River, es casi un choque cultural. Después de semanas de silencio absoluto, el lugar bulle de viajeros, idiomas y mochilas. Un pequeño universo organizado en mitad de África.

Elegimos dormir en una tente camp. Prefiero la tela de la tienda como frontera con la noche africana, oír el viento, los insectos, sentir que la selva sigue ahí fuera… aunque ahora con una cama cómoda y todo bajo control.

Mañana volveremos a contemplar las Cataratas Victoria desde el lado zambiano. Hace unos años las disfrutamos desde Zimbabwe, camino de Botswana, en otro viaje de tiendas y polvo.

Esta noche, sin embargo, dormiremos profundamente. Aquí no hacen falta hogueras para espantar fieras ni vigilias en mitad de la noche. En este rincón domesticado de África, por fin, todo está en calma.

1 de septiembre.

Tras un desayuno memorable, el primero en semanas que no consiste en galletas y Nescafé del Shoprite, ponemos rumbo a las Victoria Falls.

Cataratas Victoria desde Livingstone Zambia

La comparación de las cataratas desde Zimbabue es inevitable. Desde Zambia parecen el hermano pequeño. Aun así, recorrer este lado completa el círculo y permite comprender la verdadera magnitud de una de las más bellas maravillas naturales de África.

El mundo occidental las conoció gracias a David Livingstone, que llegó hasta aquí el 16 de noviembre de 1855 navegando por el Zambezi River. Los pueblos locales, kololo y toka-laya ya las llamaban Mosi-oa-Tunya, “el humo que truena”, un nombre perfecto para ese rugido que se escucha a kilómetros.

Después visitamos el Livingstone Museum, un lugar que llevaba tiempo queriendo conocer. Allí, entre cartas, objetos personales y fotografías inéditas del propio Livingstone y de su esposa Mary Livingstone, uno siente de cerca el espíritu de la exploración africana.

Museo Livingstone Zambia

El día se apaga con un atardecer dorado sobre el Zambeze, visto desde el Waterfront Lodge. Una bola roja se hunde lentamente en el horizonte mientras viajeros de todo el mundo guardan silencio para no perderse el instante. Dura apenas unos minutos, pero parece que el río se traga el sol para devolvérnoslo al día siguiente.

Rio Zambizi Livingstone Zambia

Ha sido un día de tregua, buena comida, cama cómoda y conversaciones con otros viajeros que, como nosotros, recorren Zambia siguiendo pistas de polvo y sueños de caminos por descubrir. Mañana, la ruta continúa.

2 de agosto.

Rumbo a Lusaka

Pensábamos quedarnos un día más en Livingstone. Yo quería volver al Livingstone Museum, reencontrarme otra vez con los objetos de mi explorador favorito, David Livingstone. La historia de quienes se internaron en África para explorar lo desconocido siempre me ha fascinado.

Pero África tiene su propia lógica. En la recepción del Waterfront Lodge comenzaron a rechazar nuestros dólares, en Zambia los billetes deben estar absolutamente perfectos. Después de semanas de viaje, encontrar uno impecable es casi una misión imposible.

Así que cambiamos el plan sobre la marcha y ponemos rumbo a Lusaka. Unos 500 kilómetros que, en Zambia, significan cerca de ocho horas al volante: baches, camiones interminables, ganado cruzando la carretera y peatones caminando junto al asfalto. Aquí conducir no es cuestión de distancia, sino de resistencia.

Dejamos atrás Zambezi River y sus atardeceres de fuego. Llegamos a Lusaka casi de noche y nos refugiamos en Sandy’s Lodge, un lugar que ya conocíamos y que vuelve a sentirse como un pequeño oasis, vegetación, silencio y la calma perfecta para recuperar fuerzas.

Sandy's Lodge Lusaka Zambia

Las pistas de Zambia agotan el cuerpo y la cabeza. Por eso, estos días en la capital serán una tregua, pasear la ciudad, curiosear tiendas, leer… y, sobre todo, descansar antes de la próxima etapa de este viaje, volver a España.

5 de agosto.

Reflexiones sobre el viaje al corazón salvaje de Zambia

El pasado enero pisamos Zambia por primera vez para cumplir un sueño, explorar Lower Zambezi National Park a bordo de un Toyota Hilux con una tienda de campaña en el techo. Aquella experiencia lo cambió todo. Descubrí que esa era la forma más auténtica de viajar por África, libertad total, naturaleza alrededor y la vida salvaje respirando muy cerca.

En ese primer viaje dormimos sobre todo en lodges, cómodamente instalados en tiendas de campaña ya montadas. Era la sabana… pero con cierto colchón de civilización. Solo al final dormimos realmente en la tienda del coche. Y ahí lo entendí, esto era lo que buscaba.

Así nació este segundo viaje al corazón de la naturaleza más brutal, tres semanas recorriendo la Zambia más salvaje, en modo self-drive y self-catering, durmiendo en campamentos perdidos en mitad de la nada. Sin paredes, sin horarios, sin filtros. Solo la lona de la tienda, el fuego, y la wildlife a pocos metros. No mirar África desde fuera, sino vivir dentro de ella.

Leopardo Zikomo South Luangwa NP

Para la aventura volví a confiar en el mismo Hilux que ya nos había sacado de más de un apuro. Añadimos lo justo, una cesta de picnic para organizar la comida, sacos y sábanas para las noches frías, un par de linternas. Nada más. En estos viajes, menos es más.

Recorrer Zambia así es brutal, fascinante… y exigente. No es un viaje para todo el mundo. Requiere paciencia, resistencia y aceptar que aquí manda la naturaleza. Pero para quien disfruta de los sonidos de la sabana, del rugido lejano de un león o del amanecer junto a una hoguera, es difícil imaginar una forma más intensa de sentirse vivo.

Dormir en la sabana

En Zambia hay dos maneras de vivir la vida salvaje: alojarte en un lodge… o dormir en un campsite en mitad de la nada. Nosotros elegimos la segunda, una tienda sobre el techo del Toyota Hilux, con la selva literalmente bajo los pies.

Tienda de campaña en Kasaka Lodge Lower Zambizi NP

Los campamentos o zonas de acampada libre son muy básicos y están separados del lodge principal. Cada parcela tiene lo justo, un espacio para el coche, un fregadero, un baño sencillo y una zona de fuego. Más allá de eso, nada. No hay vallas ni muros que te separen de los animales. Solo tú… y la naturaleza.

Leopardo Zikomo South Luangwa NP

Cuando cae el sol, hacia las seis, la oscuridad lo devora todo. Encendemos el fuego, cenamos rápido y subimos a la tienda. Salir después está prohibido. En estos lugares no hay barreras entre la fauna y tú.

Entonces empieza la noche africana, pisadas en la hierba, ramas que crujen, llamadas lejanas que emergen desde la oscuridad. Solo una tela y una mosquitera te separan de todo eso. Al principio da miedo. Nunca sabes si ese sonido está a cien metros… o justo debajo del coche.

Pero con el tiempo aprendes a escuchar la sabana. Y ese miedo se transforma en algo adictivo.

Al amanecer lo entiendes, ha sido una de las mejores noches de tu vida

El fuego del campamento se convierte en el centro de todo. Tu refugio, tu escudo. Si arde con buena madera de mopani puede durar hasta el amanecer, y mientras sus brasas iluminan la sabana, descubres una paz salvaje que no se parece a nada más.

La vida salvaje en Zambia

La naturaleza en Zambia es tan espectacular como solitaria. Los campsites están impecables y situados en lugares increíbles, pero lo que más sorprende es la ausencia de turistas. Muchas noches estamos completamente solos. Mágico… y también inquietante cuando cae la oscuridad.

En Mvuu Camp lo entendimos de golpe, un elefante sacudió nuestra tienda en mitad de la noche. A unos cientos de metros, una familia francesa sintió cómo el mismo animal zarandeaba su coche. No pasó nada, pero el susto fue monumental. En ese momento comprendes lo frágil que eres… y lo increíble que es estar tan dentro de la naturaleza.

Los safaris recorren ríos míticos como el Zambezi River o el Kafue River, cuatro horas de game drive, dos navegando al amanecer o al atardecer. Siempre el mismo espectáculo, África desplegando su belleza más salvaje.

Viajar así es libertad absoluta. No sabes dónde dormirás mañana ni qué pista tomarás después. Y poco a poco aprendes algo esencial, en la sabana lo pequeño se vuelve imprescindible. Una linterna, un mechero, una navaja… cada objeto es un tesoro.

Atardecer en el río Kafue Zambia

Porque aquí no puedes bajar la guardia. Los babuinos patrullan los campamentos como auténticos ladrones, si se llevan las galletas, no hay desayuno; si desaparece el abrebotellas… no hay cerveza.

Y al final lo entiendes: la naturaleza reduce el mundo a lo esencial. Un fuego encendido, una taza de café al amanecer y el sol cayendo sobre el Zambezi River. En la sabana, lo simple se convierte en extraordinario.

Está es la auténtica magia de este viaje

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