Sonsoles Meana
Madrid

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Camerun Diario de viaje

Yaoundé, una preciosa ciudad de Camerún (1 parte)

By on 11 julio, 2016

27-7- (Madrid-Yaoundé)

Cogemos el avión en Barajas con muy poco tiempo. El viaje comienza mal. En el control de policía nos han vaciado la maleta y quitado todos los líquidos que llevábamos para no facturar. Nos quedamos sin champo, gomina, desodorante, etc, un desastre pero camino de África, nada importa, únicamente el deseo de volver a pisar un aeropuerto africano. El miedo a volar se diluye, el cansancio del año se evapora. Todo es emoción y nervios. Una hora de retraso a Casablanca, significa angustia porque es el tiempo que tenemos para enlazar vuelo con Douala.

El viaje esta resultando horrible lleno de ansiedad, no llegamos a tiempo y además con turbulencias. En Casablanca, peor todavía, se reduce a correr, correr y correr con sólo minutos para hacer el cambio de aviones y nos encontramos colas, enormes colas para pasar el control de la policía. Al final, como siempre en África, no hay prisa, los aviones esperan tranquilos a que lleguen los pasajeros de enlace. Una vez más, me cuesta entender que África se mueve con otros ritmos y otros patrones.

El viaje a Douala es estupendo. A nuestro lado, un grupo de chicos españoles que ya habíamos echado el ojo en Barajas. Enseguida hemos hecho “migas”. Son conocedores del continente, gente sana e interesante. El viaje transcurre intercambiando experiencias por los países africanos.

Yaounde y los taxis
Nuestro destino es la ciudad de Douala pero los chicos nos cuentan que el avión hace escala antes en Yaoundé, la capital del país y situada más al interior. Decidimos sobre la marcha bajarnos del avión porque nos viene mucho mejor. Enseguida nos echan para atrás porque nuestro destino era Douala. Nos explican que no se puede bajar donde uno quiere pero nosotros sabemos que esto es África. Es necesario consultar al comandante nuestras intenciones. Si él lo aprueba, nos bajamos en la parada anterior. como en el metro. El hombre protesta, dentro de lo establecido en los rituales africanos, tras unos minutos de forcejeo verbal, nos deja bajarnos en Yaoundé con la condición de permanecer en el aeropuerto hasta que el avión aterrice en Douala. Dicho y hecho. No tenemos intención de hacer otra cosa. Son las cuatro de la mañana y es mucho más seguro esperar al amanecer para coger un taxi al centro de la ciudad.

Es muy complicado encontrar un hotel que se adapte a nosotros. No hay mucha oferta. No llevamos nada previsto. Nos ha costado dar con un hotelito discreto, barato y bien situado. Dejamos el equipaje y conocemos a nuestro primer amigo camerunés, “Ahmed”. se nos ha acercado en el vestíbulo. A los africanos, les gusta codearse con los blancos, hacerse amigo y colega. Disfrutan presentándote a sus amigos. Ahmed es amable y no para de sonreir. Hemos quedado para la tarde. Vamos a comer en el hotel y a descansar un buen rato.

Nuestro amigo camerunes
Ahmed nos lleva a un maquis o terraza-bar donde nos han puesto el té más rico que he probado en mi vida. El garito esta regentado por gente de Niger, especialistas en té picante, espectacular para hacerte sudar.
Hemos dedicado la tarde a hacer las compras necesarias en un viaje de este tipo, un teléfono para comunicarnos en Camerún. Nos han timado, bueno más bien nos hemos precipitado. Parece que a Xaquín se le va la vida si no resuelve. Nos han cobrado una pasta y al salir de la tienda, nos hemos encontrado con que esta todo lleno de teléfonos viejos y usados.

puesto de carne en Yaounde

La tarde la dedicamos a pasear. Cenamos en una braserie callejera de nigerinos de Niger un pollo troceado exquisito, Lo vamos a acompañar con una cerveza en el maquis de al lado que además, tiene música de jazz. En el maquis suspenden la música cuando los musulmanes de la zona se ponen a rezar en sus alfombras justo a nuestro lado. Impresionante mezcla de brasas, cerveza y rezos. Siempre ocurre igual en África, amalgama de todo, donde todo vale. En un supermarket compramos un sacacorchos, vino francés y un paté para nuestro viaje de mañana. Vamos a coger el tren para la próxima ciudad en nuestra ruta hacia el norte del país, Ngaounderé.

En cuanto conoces la primera ciudad de Camerún, Yaoundé, te das cuenta de como va a ser el país. A mi, me recuerda a primera vista a Costa de Márfil, alegre, bullicioso, donde todo es música, baile y alegría. Las calles a rebosar sea la hora que sea. Los locales a reventar, puestos de comida callejeros por todas partes, olor a brasas, pollo, hígado, moutón, especias por doquier, en cualquier esquina, siempre hay gente esperando llevarse la cena a casa. Camerún vive ajeno a la tristeza, sólo se respira vida por todas partes.

Yaoundé – Ngaounderé

Yaoundé es la capital del país, se encuentra rodeada de siete colinas. No tiene grandes atractivos turísticos pero es una delicia de ciudad con el ambiente popular de sus barrios, mercados, enclaves únicos que invitan a disfrutar de sus olores y sabores. Lo que no falta en Yaoundé son bares o maquis. A cada paso hay un lugar para tomar una cerveza o sentarte a ver pasar gente.

Hemos dormido como benditos, Nos viene a recoger Ahmed, nuestro amigo para llevarnos por los barrios más pobres y complicados de la ciudad. Los suburbios donde no se debe ir sólo sino acompañado de un local.
A menudo, en otros países, nos hemos metido como kamicazes por los arrabales de las ciudades donde hemos parado. Aquí nos acompaña nuestro amigo. La barriada es interesante, mucha miseria, gente dedicada a preparar chatarra que se recoge en Camerún.

Barrio de los chatarreros en Yaounde

Esta chatarra se lleva en camiones al puerto de Douala y desde allí, a la Índia donde se recicla. Ya lo habíamos visto en Costa de Márfil donde conocimos a un marroquí que se dedicaba al mismo negocio, llevar chatarra a India. Hombres, mujeres y niños desmenuzando, martilleando, pesando, cargando en camiones chatarra, hierros oxidados por todas partes, un espectáculo único y digno de ver.

Resulta muy interesante conocer la parte más misera y paupérrima de Camerún. Los que se dedican a recoger lo que nadie quiere, lo que no vale en un mundo ya de pobres, la chatarra más infame.

Antes hemos visitado un zoo africano, curioso, nada que ver con los zoológicos occidentales. Ni una medida de seguridad. Jaulas con hierros oxidados que cualquier león puede destrozar de un zarpazo y zampándose de un bocado a los visitantes que encuentre en su camino.

Leona en el zoo de Yaounde
A las seis de la tarde, cogemos el tren para recorrer más de medio país. Una maravilla de viaje. La estación de Yaoundé es preciosa, abarrotada de gente con maletas, un ir y venir de viajeros.

Tren de Yaoundé

El tren espera en la vía. Es colonial, evocador y muy africano. Tiene un color rojo sugerente.

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