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Viajando por el gran Congo, Brazzaville y la picadura de una mosca 2 parte

By on 10 Mayo, 2017

(continuación de Viajando por el gran Congo, atrapados en Kinshasa 1 parte)

lunes 28 de julio

Llevamos varios días en Kinshasa. Nos hemos quedado bloqueados en esta ciudad. Hay que salir de aquí. Por fin, hemos decidido visitar el país vecino, Congo Brazzaville. Ya es hora de dejar el confort y la seguridad que nos ofrece el hogar de nuestros anfitriones por unos días. Movernos a la aventura por este país nos  produce mucho respeto. Estamos muy cómodos en su casa, evitando el adentrarnos en un país muy muy complicado. Ha llegado la hora de abandonar la calma y de reaccionar. Vamos a coger un barco para cruzar el gran río Congo y entrar en Congo Brazzaville.

Unos taxis en Congo Brazavillle

La capital de la República Democrática del Congo es Kinshasa y Brazzaville es la capital de la República del Congo. Son las dos capitales más cercanas del mundo. Las separan los cuatro kilometros que tiene de anchura el río Congo a su paso por las dos ciudades. Las dos tienen una población bastante semejante étnica, religiosa y culturalmente. El río Congo ha sido y es  un nexo de unión muy importante a lo largo de la historia de los dos países.

El gran rio Congo

Se trata de países hermanos pero su historia y su política han marcado diferencias. La Republica del Congo es un país mucho más pequeño en extensión y, sobre todo, en población, cuatro millones frente a setenta más o menos que tiene la República Democrática del Congo o Congo Kinshasa que es mucho más rico que su vecino entre otras cosas porque tiene petróleo y minerales. La República del Congo o Congo Brazzaville siempre ha sido el lugar de huida para los refugiados políticos del país limítrofe, eternamente convulso.

El río Congo separa Kinshasa y Brazzaville

La República del Congo o Congo Brazzaville limita con Gabón, Camerún, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Angola. El idioma oficial es el francés aunque se habla lingala y otras lenguas bantúes. La religión principal es la católica con un 50% de la población, los cultos animistas significan un 48% y otras incluidos los musulmanes un 2%. La moneda es el franco CFA.

En Kinshasa se habla un francés heredado de la época colonial belga que es muy distinto al francés de Brazzaville de la Francia colonial.

Congo Brazzaville está cruzado por el ecuador. Los ríos más importantes son el Congo y su mayor afluente, el Ubangui. Los bosques cubren más de la mitad del país. El petróleo constituye la principal fuente de ingresos. La esperanza de vida gira en torno a los 52 años.

El río Congo es un nexo de unión entre los dos países y una increíble vía de comunicación. Vamos a coger un barco y cruzar el río para atravesar los cuatro kilómetros que separan las dos ciudades. Cruzar el río cuesta 30 dólares. ATRAVESAR  EL RIO CONGO PUEDE PARECER SENCILLO PERO ES UNA DE LAS AVENTURAS MÁS COMPLICADAS DE AFRICA.

El gran río Congo que separa Congo Kinshasa y Brazzaville

En la aduana de Congo Brazzaville por lo pronto ya nos retienen. Dicen que nos falta la factura del hotel donde nos vamos a hospedar. Podría faltar cualquier cosa, la cosa es sacarte de quicio. Nos están haciendo la vida imposible en el cruce de frontera como si fuéramos una pelota de ping pong. La cosa en la aduana empieza a complicarse. Nos quedamos en punto muerto, ni nos dejan entrar en Brazzaville ni nos dejan volver a Kinshasa. No nos queda otra que llamar por teléfono a un diputado de la Asamblea de Brazzaville, un contacto que nos ha dado un periodista de Kinshasa por si teníamos problemas. El diputado se ha personado en diez minutos en la aduana para rescatarnos del embrollo en el que nos ha metido la corrupción de estos países. Aparece en un  super 4*4. Es un hombre negro, mayor, elegantemente trajeado y con exquisitas maneras. En un segundo controla la situación con los jefes de aduanas a los que “pone firmes” y en otros dos minutos estamos en su coche con su chofer y su ayudante en el interior de Congo Brazzaville.

Las calles de Brazzaville

El “honorable” diputado es encantador. Nos lleva a su hotel. Además de ser diputado, es el dueño de un complejo hotelero y ya no nos queda otra que hospedarnos en él cueste lo que cueste. El hotel es bonito y la habitación también. Nos va a costar la noche más de cien euros pero es el peaje que vamos a pagar por su ayuda. La gente en su alojamiento es amable y estamos muy cómodos. Esta tarde vamos a conocer Brazzaville aunque estamos muy cansados por el estrés y la tensión que ha supuesto atravesar esta aduana.

Un bus público de Brazzaville

La ciudad de Brazzaville debe su nombre al explorador Pietro Paolo Savorgnan di Brazzá. Es bonita y tiene mucho sabor. Parece una ciudad de provincias más que una capital africana. Pequeña  y encantadora con aire colonial. Me recuerda a Bissau aunque no es tan pobre ni paupérrima como es la capital de Guinea. En Brazzaville se respira tranquilidad comparado con la mega ciudad de Kinshasa. No hay sensación de peligro. Vamos a cenar en un restaurante libanés que nos ha aconsejado un taxista. El sitio es muy poco acogedor con una horrible luz de neón. La camarera es redomadamente tonta y la pobre parece alelada mientras nos sirve la cena. Cruzar esta frontera nos ha dejado extenuados y no tengo fuerzas ni para protestar. Mañana será otro día. Queremos acercarnos a una reserva de gorilas que hay en mitad de este pequeño país.

29 de julio Congo Brazzaville

La reserva se encuentra a unos 400 kilómetros de Brazzaville. Nos han proporcionado un contacto que supuestamente nos esperará mañana en un punto de la carretera. Cogeremos un bus de transporte público que nos dejará en ese lugar. Hoy hemos contratado un taxi por 30 euros todo el día para movernos por Brazzaville. También nos trasladamos de hotel porque con el diputado ya hemos cumplido. Nos vamos al hotel “La Perla”. El hotel del diputado era caro para nosotros. Este nos sale por 70 euros, es más barato y está bien situado. Pasamos la mañana con nuestro taxista haciendo gestiones y preparando nuestro viaje. Hay que comprar comida, en la reserva no habrá de nada.

Una curiosidad del Congo

 

Nos acercamos a la “Mandarina”, una lujosa pastelería del centro de Brazzaville. Nos encontramos el sitio hasta arriba de chicas jovencísimas. Son unas cuarenta niñas musulmanas que ya son madres. Tienen alrededor de 14 o 15 años. Están cargadas de hijos y llenas de joyas y oro. Van pintadas de gena de los pies a la cabeza, y llevan todos los abalorios de las grandes celebraciones. Hoy celebran el fin del Ramadán.

Estas niñas convertidas prematuramente en mujeres con cientos de bebes inundan la ciudad. Una tremenda guardería de madres e hijos comiendo helados y compitiendo en belleza y oro.

Una niña musulmana celebra el fin del Ramadán en Brazzaville

Algunas tiene la expresión triste, otras comen compulsivamente, de una manera difícil de entender. Creo que es aburrimiento más que hambre. Cogen a los críos como si fueran muñecos.

Hoy acaba el Ramadán y estas niñas, casadas la mayoría con viejos que les triplican o cuadruplican la edad, tienen el permiso de los maridos para salir por única vez al año. La imagen es triste. Conviven con hombres mayores donde el abuso es la norma.

Mañana nos vamos a la reserva.

30 de julio (Congo Brazzaville)

El día de hoy no puede resultar mas nefasto, uno de los días más complicados que hemos tenido en este continente. Nuestro viaje al corazón el Congo ha empezado a las 4:30 de la madrugada camino de la nada. Hemos cogido un bus en la Gare Router o estación de autobuses.

Camino de la reserva de gorilas

Levantarse tan pronto, esperar casi dos horas en la noche para que por fin carguen el bus hasta reventar subiendo maletas, cajas, bultos, animales y todo lo que se tercie. Por fin, a las seis de la mañana partimos para internarnos en las entrañas del Congo.

El viaje es complicado. Tenemos que bajarnos en mitad de la selva, en un punto de la carretera que la cruza y esperar a nuestro contacto. Luego que el  contacto aparezca o no, esto es África y puede pasar cualquier cosa. Vamos dormitando todo el viaje mientras atravesamos este mítico país.

Llevamos cinco horas de viaje sin haber tomado ni un café. Estoy zombi. Xaquín me comenta que le ha picado algo y que tiene una especie de ampolla. Le echo un vistazo a la pierna y descubro que es una vesícula de aspecto muy feo.

No ha pasado ni un cuarto de hora y dice que le ha salido otra ampolla o vesícula. Empiezo a pensar con cierto terror que esto no tiene buena pinta y que pasa algo raro. A la media hora, le sale otra y luego otra y otra. El día se está complicando aunque ya comenzó torcido. Para colmo de males, nos hemos dormido pasándonos de largo el punto de encuentro. Este despiste nos va a suponer dinero y tiempo.

A la entrada de la reserva

Comienza una nueva locura africana. En una moto, de vuelta, deshacemos el camino equivocado. Aunque parezca mentira, nos espera nuestro contacto. Xaquin tiene ya seis vesículas de un aspecto horrible y las dos piernas bastante hinchadas. Tengo tanto miedo que me falta poco para ponerme a llorar. No me puedo creer que se ponga enfermo en el Congo Brazzaville en mitad de la selva. No sé que puede ser lo que le pasa. Lo más práctico de momento es preguntar a la gente de por aquí que pueden ser estas ampollas. Los paisanos que merodean la entrada a la reserva nos dicen con todas la certeza y seguridad del mundo que es la PICADURA DE UNA MOSCA. Nos preguntan si hemos estado los días anteriores en la selva. PICADURA DE MOSCA, zanja la negritud con firmeza.

La picadura de una mosca

Con este desolador panorama nos da mucho miedo internarnos en la reserva. Estamos en el culo del mundo y salir de aquí es complicado. Si Xaquin se siente mal y necesita un médico o medicinas estamos en el  peor lugar del planeta. Tengo que marcharme de aquí como sea, no me queda otra. Lo más sensato es volver a Brazzaville o a Kinshasa. Allí están los expatriados españoles para pedirles una opinión o su ayuda si se tercia. Además tenemos algún médico compatriota y nuestra embajada. Nos damos la vuelta.

Tras otras seis horas de agotador e infernal viaje volvemos a Brazzaville. Nuestro contacto se ha quedado desconcertado. Ha perdido al único cliente visitante de la reserva de animales que ha caído por ahí y ahora se va sin visitarla.

La vuelta a Brazzaville se convierte en un infierno. A Xaquín cada vez le salen más vesículas y se le están hinchando las piernas y los pies. Yo me estoy muriendo de miedo.

La angustia que tenemos no nos la quita nadie. No tenemos ni idea si las ampollas son graves o no. No hemos comido en todo el día pero a las seis y media de la tarde ya estamos de vuelta tras doce o trece horas de viaje recorriendo de arriba abajo este país. Hemos llegado a Brazzaville y vamos a una farmacia a pedir una opinión. Nos atienden amablemente confirmándonos que a Xaquin le ha PICADO UNA MOSCA. Nos recetan una pomada y un antibiótico. Estamos más tranquilos. Nos instalamos en un hotel cutre que hemos visto. Salimos a cenar. El día ha sido un fracaso absoluto. Nos queda la noche para ver como evoluciona esta historia.

31 de julio (Brazzaville)

Nos hemos levantado tarde. El día de ayer nos ha dejado exhaustos. Parece que las piernas están menos hinchadas aunque las vesículas cada vez son más grandes y tienen peor pinta. Hay que buscar hotel. El hotel donde hemos dormido es de lo peor que he visto en África quitando alguno que hemos sufrido en Nigeria o en Guinea Bissau pero este es sucio y demasiado básico. Hay que largarse ya.

Diamantes compra venta en todas partes

Hemos gestionado un precio con un taxista para que nos haga de chofer todo el día, 20000 cfa, unos treinta euros. Desayunamos en “La Mandarina”, la pastelería emblemática, cara y lujosa de Brazzaville que hace dos días estaba hasta arriba celebrando el fin del Ramadán. Tiene una clientela de negros con dinero, con mucho dinero. La pastelería pertenece a libaneses que controlan firmemente a todos sus camareros congoleños. No se mueve nada sin la aprobación o la mirada inquisidora de uno ellos. He comprobado aunque sea muy triste admitirlo que es la única forma de que algo funcione en África. Cuando hay un negocio que funciona bien, siempre hay un europeo, libanés o chino detrás. Esta pastelería si no tuviera a libaneses controlando los tiempos sería un fracaso con camareros dormitando por los mostradores. Así ocurre en toda África, en Ghana, Benin, Togo, Nigeria, etc, funcionan los negocios si hay un francés, libanés o chino al frente. En Brazzaville en este momento, hay chinos por todas partes, dirigiendo obras en las carreteras, construyendo infraestructuras, etc.

Un niño en una casa de Brazzaville

Debo decir que este país es muy complicado para viajar sin nada previsto y a la aventura.

Tengo la sensación de que el viaje esta resultando un fracaso y HOY pienso que no vuelvo a venir a este continente sin un guía porque voy dando “palos de ciego” . En el Congo, viajar sin un guía triplica la complicación. Hoy mi impaciencia no puede ser mayor y maldigo una y otra vez mi forma caótica de viajar sin tener nada organizado. Mi frustración me supera.

Mi manera de viajar HOY me parece una perdida de tiempo. No consigo llegar a donde quiero llegar. Siempre me quedo a la mitad. Los viajes por países complicados a la aventura, generan una sensación, en muchas ocasiones de fracaso. El viaje suele estar lleno de altos y bajos por su dureza. Este es un viaje MARAVILLOSO Y ÚNICO pero frustrante. Quieres ver todo y a veces, no consigues ver nada debido a las complicaciones que te van surgiendo como esta enfermedad.
La tarde transcurre tranquila. Nos hemos acercado a otra farmacia y después a otra para pedir diferentes opiniones sobre las vesículas de Xaquín. No se encuentra mal y eso es lo importante. En una nos dicen de nuevo que es la picadura de una mosca pero en otra lo niegan rotundamente. Estamos muy agobiados con cada nueva opinión y con el horrible aspecto que tienen las ampollas.

Una tienda en el Congo

Nos ha encantado Brazzaville. Es una ciudad bonita y colonial pero para mi ha significado una frustración. Tenia muchas expectativas, recorrer parte del país, internarnos en una reserva de gorilas, etc. La supuesta picadura de una mosca y la incertidumbre hace que no nos atrevamos a alejarnos de la capital del país. Ahora es lo que nos preocupa y es lo único importante. Nos volvemos a Kinshasa. A pesar de todo, Brazzaville nos ha fascinado. Sin ninguna duda y a pesar de las complicaciones, LOS DOS CONGOS NOS VAN ATRAPANDO SIN PIEDAD.

Viernes 1 de agosto
Ya estamos en Kinshasa. Hay que ir a ver a un médico para que nos aclare que narices es lo que tiene Xaquín en la pierna que nos está entorpeciendo y obstaculizando el viaje. Nos instalamos de nuevo en la casa de nuestros anfitriones en Kinshasa. Ponemos lavadoras, secadoras, hacemos la compra, contratamos un chofer pirata que nos ha salido bastante más barato que el que nos proporcionaron al llegar. El driver es un chico de Brazzaville que no tiene papeles. Se llama François. Es un repatriado que vive en la oscuridad. Un hermano le alberga en su casa y le deja el coche. Esta lejos de su familia, esposa e hijos. Es  un chico listo.

Esta mañana cuando cruzábamos la frontera de Brazzavlle para entrar de nuevo en Kinshasa cruzando el río Congo, una monja nos ha escuchado hablar en castellano. Se ha acercado a nosotros preguntándonos si éramos españoles. Es una monja negra y se llama Aurelia. En una entrañable conversación, nos cuenta que pertenece a la Congregación de las Religiosas Concepcionistas de la calle Princesa de Madrid. Esta congregación tiene varios colegios en España y en África (Camerún, Guinea, etc). Es la directora de su colegio. Tiene 40 años y es lista y decidida. Estudió magisterio y habla castellano perfectamente. Ha vivido largas temporadas en Madrid, en una de ellas la salvaron de una peritonitis aguda. Esta muy agradecida a nuestro país.

Su padre murió de una paliza que le dieron los rebeldes al intentar proteger a una sobrina de una violación segura. Su madre con una bomba que cayó en su poblado en un enfrentamiento entre gobierno y rebeldes. En Congo Kinshasa en cuanto preguntas a alguien siempre hay detrás una historia dramática de guerra y horror.

Aurelia habla perfectamente español. Me comprometo a visitar su convento que es colegio en un barrio periférico esta misma tarde. Aunque nos queda muy lejos, vamos en nuestro taxi que nos lleva atravesando barrios que nos dejan mudos. No hemos visto nada igual. Un hervidero de gente por todas partes, caos, vida, desconcierto, peligro, sensación de que te observan. Aurelia nos espera entre la gente. Se sube a nuestro taxi acercándonos a su escuela.

Nos esperan seis monjas y un sacerdote. Nos muestran amorosas el colegio, cada clase, cada dependencia común, los patios, la capilla, las celdas. Estoy emocionada. Me imagino que es uno de los colegios en Camerún o Benin que tenían las monjas donde estudié de pequeña y que siempre me hicieron soñar con África cuando nuestras profesoras volvían de sus misiones y nos traían cientos de historias que contar a unas niñas madrileñas que las escuchaban absortas y embobadas. Siempre me producían fascinación las fotos que nos mostraban de África. Fotos de niños y niñas negros en  la tierra roja de este continente amado.

Las monjas confeccionistas de Kinshasa

Las monjas concepcionistas nos han preparado una merienda casera. Un bizcocho y una especie de riquísimo merengue. Nosotros les hemos traído unas caracolas que hemos comprado en una pastelería preciosa de la Gombe. Nos hemos hecho unas fotos para recordar este intimo momento con estas mujeres acogedoras y fantásticas. Todas hablan castellano tras su paso por nuestro país. Están muy contentas con nuestra visita. Me comprometo a visitar a sus colegas en el colegio de las Concepcionistas de la calle Princesa de Madrid para enseñarles las fotos que nos hemos hecho en el patio del colegio. Aurelia esta muy contenta. Mañana se van a hacer ejercicios espirituales a Matadi, una ciudad del Congo. Nos despedimos y nos volvemos a casa. Esta ciudad nos está atrapando cada vez más.

Los españoles que viven en el Congo son mayoritariamente misioneros que han pasado casi toda su vida aquí.  Hablan lingala y alguno se viste ya como los congoleños pero también hay cooperantes, ONU o empresarios como Alberto.
Cenamos en el restaurante “Opoeta” para animarnos un poco y poder olvidar toda la angustia que tenemos. Estamos agobiados con las piernas de Xaquin. Nos vamos a dar un homenaje en este restaurante tras los angustiosos días vividos en Brazzaville. Tenemos ganas de poder pasear tranquilos por esta maravillosa ciudad de Kinshasa.
Sábado 2 de agosto (Kinshasa)

Hemos quedado con Erik, un periodista contacto que tiene Xaquín en Kinshasa. Erik nos proporcionó el contacto del diputado de Brazzaville que nos saco del entuerto de la aduana.

Hemos quedado a tomar una cerveza con él en “La Chomier”. Erick se encuentra acompañado de un amigo negro que es albino. Los albinos negros son asesinados en algunos países de África como por ejemplo, en Mozambique donde desaparecen secuestrados o en Tanzania. Los utilizan para amuletos que dan buena suerte. Los albinos que llegan a edad adulta pertenecen sin duda a buenas y pudientes familias que han tenido recursos para protegerlos durante toda su vida.

Se llama Lucas y es abogado. Erick y él son exquisitos, educados, universitarios, cultos, atrevidos, de buenas maneras, amables, listos y divertidos, atractivos, visten impecablemente y son un tanto provocadores. La conversación gira en torno a varias cervezas “Tambo”, exquisitas, la charla transcurre divertida. Tres horas hablando del bien y del mal, de política, España, de Mobutu, etc.

Ya me canso de hablar en francés y solo quiero escaquearme y largarnos Xaquín y yo a cenar pero solos. Hemos puesto de excusa las vesículas de Xaquin para quitarnolos de encima. Nos acercan en coche a casa. En Kinshasa ya es tarde y nos vamos a quedar sin cenar.
Nos han aconsejado un centro médico para que mañana le echen un vistazo. Así que tras el desayuno nos acercamos con nuestro chofer. Tras esperar un buen rato, nos atiende  un estirado médico parisino que parece que no tiene ni puta idea de lo que tiene Xaquín. El tío es el más raro e inseguro de todos los médicos que he podido conocer en mi contacto con la medicina. Se acerca a las vesículas, las mira, se aleja, vuelve a mirarlas, de cerca,  de lejos, se aleja otra vez, dice que no es una mosca, mira el vademécum, hace mil preguntas inquietantes, ausculta a Xaquín. Al final, decide hacerle un cultivo a las ampollas y le lleva a una sala donde le extrae líquido.

Brazzaville y los chicos del mercado

Estoy muy preocupada porque no sé si estamos haciendo bien. Si será mejor no tocar la herida. Nos vamos al “Rocas”, centro de reunión de los expatriados españoles en Kinshasa. Allí, entre todos los nuevos amigos que hemos hecho en este país, estamos seguros que nuestros miedos se van a evaporar arropados por tanta gente fantástica. Están casi todos y entre risas, anécdotas comemos en la preciosa terraza, todos juntos. Nos ha tocado al lado de Alberto, un empresario agricultor y emprendedor que intenta colonizar el Congo. Es muy interesante y enseguida surge entre los tres un flechazo. Insiste en que quiere que conozcamos su proyecto. Yo me muero por ir allí.

En la comida de expatriados también hay portugueses, todo el mundo opina sobre las vesículas de Xaquín, dengue dice uno, malaria, añade otro, eso es un gusano que se le ha metido dentro, dice otro, etc. Xaquín cada vez está más serio, meditabundo y asustado. Yo que le conozco bien pienso que esta historia no tiene ninguna gracia.

Mañana domingo, hemos quedado con Alberto y con Eduardo, un médico español para  desayunar. Esta tarde, angustiados ya hemos hablado con este médico compatriota.  Nos ha tranquilizado. Cree que es una bacteria. El mismo ha hablado ya con el médico parisino de esta mañana y nos asegura que tenemos un buen tratamiento.

África es muy complicado para las enfermedades. Nosotros hemos tenido muchas suerte. Tras más de treinta viajes a éste continente, salvo malaria y alguna diarrea sin importancia, nos hemos ido salvando. Ahora nos ha picado una mosca y nos está jorobando este viaje.
Domingo 3 de agosto

En una parte de la Gombe se encuentra el gran y majestuoso río Congo donde los blancos  que viven en Kinshasa  (funcionarios, ONG, personal de embajadas, etc) hacen deporte. La zona de la Gombe entre la Presidencia y la residencia del presidente está patrullada constantemente por miembros de la guardia presidencial. Allí se encuentra la residencia de nuestro embajador. Acaba de tomar las riendas de su nuevo destino. Viene de Yemen y debe alucinar con los dos únicos turistas o viajeros que tienen él y su embajada en el Congo. Nos invita a comer con él y su  esposa en su residencia. Nosotros encantados. Es un hombre muy interesante y su jovencísima esposa también. La comida resulta cordial, tranquila y muy agradable. Hablamos de África. No paramos de contar cientos de miles de anécdotas de este continente único. Su esposa me propone que no deje que mis aventuras africanas se queden únicamente en mi y me anima a que las cuente en un blog. Me dice que son atractivas y útiles para quien no conoce este mítico continente. Agradezco la sugerencia y tomo nota.

Nos vamos a conocer el proyecto de Alberto, el empresario de Valladolid que nos ha fascinado.

 

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