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Una vendedora tras el cristal de la chapa en Senegal
Diario de viaje Gambia Senegal

De vuelta a Dakar, un viaje de aventura por Senegal y Gambia en 9 días (3 parte)

By on 30 Agosto, 2017

(Continuación Gambia, un viaje de aventura por Senegal y Gambia en 9 días (2 parte))

(Costa Atlántica de Gambia-Banjul-Dakar), 14 de mayo

Hemos llegado a Dakar y nos vamos derechos a la playa de N’gor. Estamos en nuestro hotel de siempre “La cabane du pecheur”. Este lugar es fantástico, se encuentra en mitad de la playa. Un rincón donde llegan los pescadores con el mejor pescado del mundo. Las habitaciones han subido de precio desde la última vez. Nos han dado un dormitorio al lado del mar. Ya habiamos estado estado en esta habitación en algún otro viaje. Hemos amanecido en la costa de Gambia y ahora estamos cenando tranquilamente en Dakar. La cabane du pecheur tiene uno de los mejores pescados que he conocido. Esta situada a unos diez metros de la orilla del mar. Estas cenando y las olas llegan a tus pies. Se ha acabado el chof, pescado típico senegales, exquisito de sabor. Vamos a pedir las más ricas crevettes que esta costa atlántica nos regala. Caeremos muertos de sueño. El día ha sido demasiado largo. A estas horas no tenemos claro todavía que queremos hacer rmañana.

Una mujer de Senegal

Creo que vamos a optar por acercarnos a Touba, ciudad santa de Senegal, una ciudad a la que siempre nos hemos quedado con ganas de conocer. Alguna vez, hemos pasado cerca pero nunca nos ha venido bien en nuestra ruta.

Un bus en Senegal

Touba es el centro religioso más importante de Senegal, se encuentra a unos 170 kilometros de Dakar. En esta cuidad está enterrado el fundador del muridismo Ahmadú Bamba, lider espiritual y político durante la independencia de Senegal cuya máxima fue la no violencia.

En 1926 se construye una Gran Mezquita para albergar los restos del Santo. Este templo se ha convertido en el mayor lugar de peregrinación del islamismo en Africa.

Touba es una especie de Meca, lugar de peregrinación para los musulmanes de Senegal y de muchos países africanos. Cuando hacen la megal o fiesta se pueden reunir en peregrinaje, cientos de miles de personas. Hay sacerdotes de Touba por todo el país. Se les reconoce por su aspecto. Llevan unas largas túnicas, aspecto desaliñado, especie de rastras y llevan colgadas una especie de estampas de su lider religioso y de los santos de Touba. Es una especie de escapulario que les cuelga del cuello y que los identifica. Antes de llegar a Touba, hay una ciudad a la mitad del camino, se llama Thies y tiene muy buena pinta. Me gustaría parar en ella para comprar alguna tela africana para forrar una lámpara en casa. Otra opción sería el Lago Rosa. Hemos venido a Dakar varias veces y nuca hemos logrado acercarnos.

Varios hombres rezan en Dakar

El Lago rosa debe su nombre al color de sus aguas que se tornan especialmente rosáceas durante la estación seca. Se debe a un alga que fabrica un pigmento rojo para absorber la luz del sol. El alto nivel de salinidad permite que, al igual que sucede en el mar Muerto, las personas floten con facilidad. Nunca lo he visto pero si he visto fotos y es una auténtica maravilla.

Un senegales en Dakar

Dakar-Touba-Thies, 15 de mayo

Nos hemos levantado tras una noche reparadora, escuchando las olas romper cerca de nuestra ventana. Vamos a desayunar donde siempre, en una patiserie muy cerca de nuestro hotel. Hemos decidido acercarnos a Touba. En la gare routier nos ha costado mucho trabajo encontrar plaza. No queremos ir detrás en el sept place porque es un viaje claustrofóbico con el calor que hace en esta época del año. La cosa se nos complica porque hay una fiesta religiosa en Touba y mucha demanda para ir. Se nos cuelan en las narices varios viajeros y estamos a punto de mandar a la mierda a Touba.

Un chico en la estación de bus

Me dedico a observar a la gente que hay en la gare routier, vendedoras, buscavidas, trabajadores, viajeros. Toda un escenario para conocer como son los hombres y mujeres de este país, y lo que llevan escrito en sus caras.

Chica en la Grand Routier Senegal

Por fin, tras dos horas de espera, parece que sale nuestro taxi compartido. Nos ha costado bastante dinero para lo que cuesta desplazarse en este país, unos siete euros por barba debido a la fiesta de mañana. Nos habian dicho que el viaje duraba dos horas y media a Touba, en el peor de los casos, tres horas. Nunca preguntes esto en Africa. Te contestan que dura dos horas o tres por decir algo. Los africanos no miden los tiempos del viaje por horas. No saben. El concepto de tiempo es diferente a nosotros. Debemos volver en el día. Hemos dejado todo en el  hotel de Dakar. A las tres horas de nuestra salida, pasamos por Thies y nos damos cuenta de que todavía nos quedan dos tercios del viaje, si hacemos caso del mapa.

Una vendedora de la Grand Routier

Nos planteamos darnos la vuelta. Llegariamos a las cinco de la tarde y luego vuelta a Dakar. Nos bajamos del sept place con rapidez en la primera village que vemos sin saber como volver a Thies, unica ciudad del camino que tiene grand routier. Nos ponemos a hacer dedo o parar un coche. Hace un calor de cien demonios y el sol te mata. Pasa un tro-tro (pequeño bus donde van hacinadas muchas mas personas de las que caben. En Ghana se llama tro-tro, en Nigeria se llaman Danfo, en Mozambique se llaman chapas) y nos para.

Una mujer senegalesa en Thies

Nos cobra 1000 cfa por llevarnos a Thies, subimos. En una hora nos plantamos en esta ciudad que se presenta magnífica. Es grande, llena de árboles. No parece sucia y muy ordenada. Tiene pinta de ser una ciudad muy bonita y totalmente desconocida para el turismo.

Tres niños de la calle en Thies Senegal

Estamos agotados y buscamos una cerveza como posesos. Nos cuesta encontrarla bajo un sol que cae como un plomo. Entramos en un pequeño restaurante local y decidimos sobre la marcha comer. Cuando hacemos una ruta de un día completo, suelo comer algo de fruta o frutos secos pero no me paro a comer en un restaurante porque mi viaje tiene que seguir. Lo que si hago es hacer una cena tranquila y descansada. Pedimos un youssa poulet y un soupe Kandes, este último plato es típico de Casamance. Me parecen exquisitos, verdaderos manjares de comida senegalesa. Nos hemos bebido tres cervezas de un solo trago, una tras otra para calmar el calor que tenemos metido en el cuerpo. El dueño del restaurante es un musulman encantador que me explica en que consiste cada plato. Hemos comido de maravilla y  nos hemos quedado de piedra cuando nos ha dado la cuenta. Ha cobrado 6000 cfa unos ocho euros por todo lo que hemos comido y bebido. Este es el indicativo de que Thies no es una ciudad turistica. Senegal no es un destino barato dentro de los países africanos porque hay turismo.

Una mujer en Thies Senegal

Nos acercamos al barrio donde hay telas y tisues. Por fin, elijo nuestra tela. En la elección de una tela africana juega la primera vista. Si a la primera, no logro elegir, ya no soy capaz de distinguir entre ellas. Todas son preciosas y me vuelvo incapaz de saber cual me gusta más. He encontrado la tela para forrar una lampara, me gusta, va a quedar bien, dandole ese aire africano que siempre busco en mi casa de Madrid. Hay que volver a Dakar, queda mucho viaje y estamos exhaustos.

Hemos planteado mal el día. En un viaje de estos, en los que nada esta planificado, donde vas donde te lleva tu intuición y tus ganas, a veces, te equivocas y un día se vuelve complicado, desde el principio se enreda, te desanimas. Hemos calculado mal la distancia a Touba haciendo caso a la gente, sin pensar en más y eso aquí, no suele funcionar. No hemos podido llegar al objetivo que nos planteamos para el día de hoy. Sin embargo, hemos conocido Thies, que no estaba previsto. Llegamos a Dakar, agotados y extenuados de vuelta en un sept place. Vamos a cenar un delicioso pescado al lado del mar. Tras el sofocante calor que hemos pasado, a la orilla del mar, hace frio y tengo que ponerme una cazadora. Hay una diferencias enormes de temperatura en esta época, entre la noche y el día. En este viaje, sin embargo, no hemos pasado calor durante la noche. La cabanne du pecheur es un lugar fantástico.

La playa desde la Cabaña de pescadores en Dakar

Hemos tomado unas crevettes y un pescado delicioso como es todo en esta parte del mundo donde todavía el mar nos regala sabor. Sólo nos queda un día en Senegal. Mañana nos vamos. Prefiero no pensar en la inmensa pena que me da abandonar este país tan fantástico, único y tan familiar.

Un crio en la playa de Ngor en Dakar

Creo que mañana no vamos a ir al Lago Rosa. Hoy hubiera sido el día pero como en todos los viajes que se van haciendo día a día y sobre la marcha, diseñas un camino y una ruta y también, te equivocas. Hoy ha sido ese día. El Lago Rosa va a tener que esperar a otra escapada a Senegal.

El camion de la basura en Ngor Dakar

Dakar-Madrid, 15 de mayo

Esta noche nos vamos. El avión sale a las diez. Aunque estamos cerca del aeropuerto, hemos decidido no ir al Lago Rosa. Ayer fue un día agotador y es hoy es mejor disfrutar de Dakar. En el hotel nos dejan aprovechar la habitación hasta la hora de ir al aeropuerto (cosas de África). Esto es algo común e impensable en nuestra sociedad europea donde los hoteles se abandonan a las doce. Aquí, da igual. Si tienes que ir al aeropuerto, no pasa nada. Dejas la habitación un rato antes para echar la siesta, descansar y salir como nuevo con destino a tu país.

Una mujer con su bebe en la playa de Ngor

Desayunamos en nuestra pastelería y vamos a una playa de pescadores recorriendo la cornisa de Dakar que es bellísima. Esta ciudad es impresionante, está rodeada de mar por todas partes. Bajamos a la playa, es sábado y los pescadores repasan sus redes, charlan en grupos. Las mujeres también hacen sus propios grupos. Todo tiene un sabor y un color como sólo lo tiene Senegal y sus pescadores. Se respira un ambiente festivo. No llegan barcos por lo menos en este momento aunque si distingo piraguas pescando en el mar. No me atrevo a hacer fotos. Me pierdo mil bellas imágenes pero me ha podido mi timidez, una vez más.

Vendedora en la playa de Ngor

Vamos al mercado de artesanos, quiero comprar algún recuerdo para mis amigos. Lo recorremos tranquilos. No nos molestan demasiado a diferencia de otros países africanos donde es difícil poder detenerte a observar algo sin que te asalten varios a la vez. Aquí, han aprendido que hay que dejar respirar al viajero. La tarde se echa encima y el día va a ser corto o largo pero no ya en Dakar. Hemos vuelto a la cabanne du pecheur a sentarnos en una terraza donde disfrutar de la playa de Ngor llena de gente, la mayoría locales.

La playa está llena. La gente se baña, habla, juega. Se han instalado puestos de comida, vendedoras recorren la playa vendiendo toda clase de objetos, collares, cacahuetes, bollos, etc. Es una locura de gente y de color, Sentarse a observar es soberbio. Cada mirada es una imagen inolvidable.

Vendedora en la playa de Ngor

La playa está llena de chicos entrenandose. La lucha senegalesa está muy extendida como deporte nacional. Estos chavales se entrenan para tener los mejores cuerpos y la mayor fuerza. Está playa está repleta de gente haciendo ejercicio, carreras, todo tipo de deporte, etc. También ha pasado ya la hora de bañar a las cabras en el mar. Se hace los sábados y cada local trae a sus cabras, las baña tranquilamente, las frota, las aclara por una cuestión de higiene. Las cabras están blanquísimas. Cabras, personas, todos se bañan en las playas de Dakar. La práctica de lavar en el mar a las cabras cada familia y los sábados esta muy extendida en Senegal. El sólo hecho de observar merece la pena, intentar que no se te pase detalle. Es una imagen para no olvidar.

Una niña en la playa de Ngor en Dakar

La tarde pasa deprisa, hemos dormido un poco, Se acaba nuestro viaje. Nos vamos al aeropuerto. Nos despedimos de nuevo de Dakar con este viaje que comenzó justo hace una semana aquí mismo y que ha resultado inolvidable como cada viaje por este indómito, único, mágico y brutal continente.

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