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Una chica con su bebe en Mozambique
Diario de viaje Mozambique

Recorriendo Mozambique en 20 días, Isla de Ibo (3 parte)

By on 21 Octubre, 2016

29 de julio (Pemba-Ibo)

En nuestro viaje por Mozambique, abandonamos Pemba. Nos recoge Rafa, el arquitecto. Antes vamos a desayunar en una fantástica terraza frente al océano que tiene la guest house “Umaca Nanhimbe” donde nos hospedamos.

La playa de Pemba

"Umaca Nanhimbe" en Pemba

“Umaca Nanhimbe” en Pemba

Rafa esta casado con una mozambiqueña que se llama Etna. Es guapísima y muy interesante. Vamos a recoger a la coordinadora de la Fundación Ibo. Los cinco ponemos rumbo en un 4*4 hacia isla de Ibo. El viaje resulta muy ameno, hablando del país, de la cooperación española, de la realidad social y política de este nación tan atrayente. Etna es una mozambiqueña que ha estudiado un master en la Universidad de Comillas en Madrid sobre cooperación y migración. Es una chica muy viva, rápida, culta y cautivadora. Tiene tanto desparpajo y habla tan bien castellano que hasta emplea tacos, expresiones y dejes tan castizos de Madrid que ni yo soy capaz de utilizarlos. Ha vivido en Madrid, conoce muy bien nuestro país.

Nos ponemos en marcha con Rafa rumbo a Ibo

 

La última parte del viaje se complica porque no hay carretera sino un camino de tierra. Los baches y la amortiguación del coche hacen que veamos las estrellas en cada socavón. Empezamos a descartar la idea de ir más al norte del país si las carreteras están en estas condiciones, es complicado viajando en chapa o transporte público. Hay que cambiar de planes.

Navegando hacia Ivo

Una cobra a la izquierda del camino. Rafa sigue rápido sin parar. Es muy frecuente verlas. Es mejor no detenerse porque se enredan en los bajos del coche, y te pueden dar una desagradable sorpresa. Si te pica alguna de ellas tienes doce minutos para hacer algo. Todos los españoles que viven por aquí tienen en sus casas unas enormes jeringuillas para pincharse en caso de apuro y sacar la sangre contaminada en un último intento de salvar la vida.

En un pequeño muelle hay un barco que nos espera. También tres chicas españolas que vienen de pasar tres semanas con unas monjas cuidando a niños en un orfanato, ahora quieren hacer algo de turismo. Nos acompañan. Hay tres cuartos de hora a la isla de Ibo y el sol abrasa. Ya son las dos de la tarde y tengo ganas de instalarnos.

Vamos directos al hotel “Cinco Portas”. Es un alojamiento precioso, colonial, con sabor africano. Tiene un jardín fantástico, una pequeña piscina casi en el mar. Lo regenta una pareja de hombres mayores que son suizos. Nuestra habitación es preciosa con una mosquitera y mucha madera africana que te recuerda inequívocamente en cada detalle que te encuentras en el corazón de África. Es absolutamente fantástico.

Hotel Cinco Portas en Ivo

 

Nuestra habitación en el Cinco Portas
Hay poco tiempo para descansar. A las cinco y media se hace de noche y hemos quedado a cenar con todos los españoles en casa de Luis, el responsable en la isla de la Fundación Ibo.

Llegamos a la casa de Luis e Isabel. Es fantástica. Nos acercamos a la puerta. Tras atravesar un pequeño jardín, se escucha música de jazz. La vivienda tiene techos altísimos, mosquiteras en las ventanas. Es del más puro estilo colonial portugués. La casa es enorme, todo está perfectamente desordenado. Tiene un sabor y un encanto que hace posible imaginar como deben ser sus dueños. Me parece una casa de ensueño. Mi casa soñada. A la cena están invitados varios españoles, entre ellos, un médico de Almaden que recorre el país con su hijo veinteañero. Trabaja en Maputo. Es encantador. Los años no le han cambiado. Tiene aspecto de eterna juventud. Estuvo en Angola y varios sitios más. No quiere volver a España, quiere seguir siendo médico en África. La cena resulta muy interesante. En África, cada persona se convierte en un verdadero mago que cuenta historias increíbles. Todo se vuelve interesante y único. Es una cena con sabor africano, Se escuchan sonidos en el jardín, junto a la terraza porticada donde estamos cenamos, resulta que son cientos de murciélagos. Nos vamos a dormir y a interrumpir esta maravillosa velada porque Luis se encuentra mal, tiene un ataque fuerte de malaria.

30 de julio (Isla de Ibo)

En África cada día es mejor que el anterior. Ahora navegamos de vuelta desde la isla de Matemo, una isla en mitad del Índico, absolutamente paradisiáca. Se encuentra enfrente de la isla de Ibo. Vamos en un catamarán, viejo y carcomido que nos ha facilitado la Fundación Ibo. La isla es de arena tan blanca y fina que parece harina y el agua que la rodea unas veces es de un verde claro, otras de un azul turquesa, yo nunca he visto nada tan bello. La isla está llena de palmeras y cocoteros, parece desierta. El viaje dura hora y media desde Ibo.

Descubriendo Ibo
El agua es tan cristalina que da horror poder ver la cabeza de un tiburón en frente mientras te bañas. Se puede ver el fondo del mar que está a varios metros, cada concha, caparazón, caracola, pez. Es increíble.

En África cada minuto es todavía mejor que el anterior, siempre te sorprende algo, cada mirada, cada niño, cada persona, cada casa, cada pueblo, cada aldea, cada pájaro, cada sonido, cada piedra. Todo es único, nuevo, oculto, misterioso, inescrutable, desconocido.

Navegando y descubriendo Ibo
De vuelta a Ibo, pasando con el viejo catamarán bordeando la isla de Matemo vemos unas cabañas de pescadores, unas pocas familias entre palmeras. Son los únicos habitantes de esta isla fascinante junto con las aves zancudas que empiezan a volar al vernos. La mañana ha sido perfecta.

Bordeando Matemo

Cabañas de pescadores bordeando Matemo

Matemo en Mozambique

Pescadores en Matemo

Nuestro catamaran en Ibo

Playa de Matemo

Hoy conoceremos de cerca el trabajo de la Fundación Ibo que es una fundación española, en la isla de Ibo. Nos acercamos al Centro Nutricional. Nos explican como detectar la desnutrición de los niños. Hay desnutrición moderada, ligera y grave. La desnutrición grave necesita el ingreso hospitalario del niño. Hay unos baremos o porcentajes que van determinando que niños están desnutridos y en qué grado. Tienen básculas para pesarles y medirles. Las madres que acuden al centro son muy jóvenes. Cerca de un 95% de la población de Ibo es musulmana. A las niñas las casan con 14 o 15 años. Son mamas adolescentes. En el Centro les enseñan a alimentar a sus bebes y a saber detectar malnutriciones. Los niños malnutridos de escala moderada o ligera acuden cada día a alimentarse a la Fundación donde se les prepara una papilla con todos los nutrientes indispensables y esenciales para una buena alimentación.

Un niño alimenta a su hermano en la Fundación Ibo

La Fundación Ibo también tiene una escuela taller que visitamos de la mano de Estrella, la coordinadora. En una clase enseñan informática a chicos y chicas. En el patio, un crío de unos ocho años da el biberón a un bebe mientras espera que su madre acabe su clase.
Tienen una biblioteca con muchos libros. Hay un taller de carpintería con chicos que aprenden a trabajar de la mano de Siso, un español de Girona. La crisis de nuestro país ha hecho que busque nuevos horizontes. Esta contento aunque nunca había estado en África. Dice que maneja bien a los chicos y entiende sus ritmos africanos pero que tiene que estar todo el día vigilante porque en cuanto se despista, o se le duermen, o abandonan el trabajo, o simplemente se van, c’est l’Afrique.
La fundación Balaguer ha estado este mes de junio en la isla y ha operado a 125 personas de cataratas poniendo gafas a todo aquel que las necesitase. Me muestran el armario que la Fundación Balaguer ha dejado lleno de colirios y medicinas para hacer el seguimiento a todos los operados.

Estudiante de la Fundación Ibo

Cada minuto tiene su sorpresa y su recompensa en este continente. Me gustan los niños que siempre aunque están desnutridos y tiene hambre sacan su sonrisa y estiran su manita para saludarte. Me acerco a los niños que toman su papilla y se ponen a llorar desconsoladamente. Les asusta mi piel blanca. No están acostumbrados. Les doy miedo.

Bebe llorando en la Fundación Ibo
Estrella nos enseña todos los recursos e instalaciones de la Fundación. También nos comenta que Luis se encuentra mal. Le ha vuelto a atacar la malaria. Hace poco tuvieron que sacarle en avioneta porque no se la detectaron a tiempo y le dio muy fuerte. Los test de malaria dieron negativos e hizo que la enfermedad se diagnosticase tarde. Todavía no se encuentra bien. En la cena de anoche se le veía cansado y convaleciente.

Vamos a disfrutar de la puesta de sol porque a las cinco y media se hace de noche. En esta parte del mundo son increíbles. El cielo se vuelve rojo, rosa fucsia, arde sencillamente. Hay una terraza donde se puede observar de maravilla.

Atardecer en la isla de Ibo

Atardecer en la isla de Ibo

Se ha hecho de noche. Se escuchan tambores, músicas tribales africanas. Al eco del tam-tam nos vamos acercando. Se ha formado espontáneamente un grupo de fusión, posible solo en África. El médico español y su hijo tocan la guitarra española y la negritud aporta el tam-tam y sus danzas. Todo el mundo baila a la luz de una hoguera. Es absolutamente arrebatador, mágico, brutal, maravilloso. No puedo ser más afortunada por ser testigo de un momento tan extraordinario y tan infinitamente bello. En África, todo te sorprende, cada segundo te asombra más que el anterior. Es de noche, sales a dar una vuelta, escuchas tambores y te encuentras un espectáculo como este. Vuelve a ser lÁfrique.

31 de julio (Ibo-Pemba)

Amanece en la isla de Ibo y cada vez me parece más bella. Tiene unas mareas que suben y bajan de forma espectacular. Cuando baja el mar deja al descubierto bosques de árboles, barcos, arena. Después sube la marea desapareciendo bosques y convirtiéndose todo en mar. El mar avanza y se retira kilómetros en cuestión de dos horas. Es sencillamente esplendido. Veo pasar los barcos con sus Dhow triangulares mientras comienza otro día.

Un dhow en Ibo

La isla de Ibo

Estrella, la coordinadora de la Fundación nos pide que hagamos de conejitos de indias para un grupo de la escuela taller al que están evaluando tras haber completado su formación como futuros guías turísticos. Vamos con ellos recorriendo la isla, cada alumno nos explica un monumento. Hace un calor que desploma y la situación es bastante cómica. Dejamos a los guías turísticos para tomar un aperitivo en nuestro hotel “Cinco portas” mientras esperamos a Rafa, el arquitecto volver a Pemba. Mañana nos vamos a la Isla de Mozambique, patrimonio de la humanidad.

Estudiantes de turismo de la fundación Ibo

Dos niños de Ibo

La islas de Ibo y Matemo han significado una etapa del viaje africano por Mozambique fabulosa. Son bellísimas. Abandonamos Ibo con un sol que parte en dos en una piragua con Rafa, su mujer, varios adheridos como suele pasar en África, entre ellos, un técnico de aire acondicionado que literalmente se nos ha pegado y que vamos a llevar a Pemba.

Anciana en Ibo

La isla de Ibo con la marea baja

De vuelta a Pemba. Las prisas y el cansancio nos han llevado a un hotel infame que no reúne las condiciones mínimas que pedimos para dormir. Es un hotel al más puro hortera estilo africano lleno de mosquitos. Nos quedamos aquí porque mañana hay que levantarse a las cuatro de la mañana para ir a la Isla de Mozambique. La guest house “Umaca Nanhimbe” está más lejos. Esta noche nos han invitado a una cena con varios españoles. Los jefes de Rafa quieren conocernos. Estamos muy cansados pero hay que dejar un tiempo para reunirnos con esta gente tan amable que vamos conociendo en nuestra ruta. Dicen que vamos a ver la película Torrente. No me lo puedo creer.

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