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Posando con los hunters en Maiduguri
Maiduguri Nigeria

Maiduguri, la ciudad asediada por Boko Haram, 2 parte

By on 1 agosto, 2020

Maiduguri, la ciudad del terror

Seguimos con nuestra licencia de dos meses viviendo en África

Llevamos varios días en Maiduguri, la ciudad atrincherada, defendida por el ejército nigeriano y asediada por los insurgentes de Boko Haram.

Una niña musulmana en Maiduguri

Maiduguri es la capital del estado nigeriano de Borno y la principal ciudad de toda la región noreste del país. Tiene más de dos millones de habitantes.

El rastro de sangre derramada por el terrorismo yihadista en Nigeria comenzó en julio de 2009, cuando Mohammed Yusuf fue ejecutado por la espalda en una comisaría de Maiduguri

A partir de ese momento se desató una guerra sin frente entre los seguidores del imán salafista, armados y radicalizados, y el ejército nigeriano.

El testigo de Yusuf, que predicaba en las mezquitas del barrio de State Locust contra la educación occidental, lo recogió su lugarteniente, Abubakar Shekau. En 2014, los militares consiguieron expulsar a los bokos de la ciudad y éstos se atrincheraron en el tupido bosque cercano de Sambisa, en la frontera entre Nigeria y Camerún y con una extensión similar a la Bélgica.

Desde 2016, la actividad del grupo terrorista, que pretende implantar la sharia o ley islámica en la mitad norte de Nigeria no ha cesado hasta mediados del 2018.

A la entrada del Hotel Pinacle en Maiduguri

Estamos instalados en el Hotel Pinnacle, propiedad de un general del ejército nigeriano. A la caída de la tarde la terraza del hotel y las zonas comunes se llenan de militares porque es el único sitio en la ciudad donde se puede tomar una cerveza.

Vamos a entrevistar al padre Paul Uchebo, director de uno de los seis colegios católicos de Maiduguri.

El padre Paul es un hombre joven, alto, apuesto, dispuesto, generoso e inteligente que sufrió un ataque de Boko Haram cuando era párroco en uno de los pueblos donde campean los insurgentes islamistas. Se libró por los pelos. Nos lo cuenta en el patio de su colegio.

El padre Paul Uchebo en Maiduguri

Los insurgentes de Boko Haram llegaron a su aldea en motos al grito de «Ala Ala Ala es grande». El padre Paul estaba en su casa. Su asistente le avisó que tenía que huir porque Boko Haram le iba a asesinar. Recogió lo que pudo y escapó a las montañas que rodeaban el pueblo junto a otros vecinos que lograron escapar.

Las mujeres con los niños a la espalda huían también montaña arriba. Al cabo de unas horas, desde la cima pudieron ver que la iglesia estaba totalmente destruída. Un testimonio impresionante de este hombre de permanente sonrisa.

David, nuestro driver se ha despedido, dice que se aburre como conductor. Demasiado tiempo muerto esperándonos. Nos ha quitado un problema de encima. Es familia de otro general y no queremos problemas en esta ciudad. Después de un día bien aprovechado nos vamos al hotel.

En una ciudad con toque de queda hay poco que hacer cuando llega la tarde salvo repasar el trabajo del día y ponerte a salvo

Domingo 19 de enero

Tenemos un nuevo problema. En esta ciudad sin conductor de confianza no te puedes mover. Tenemos que ir al barrio de Polo que es una barriada en las afueras muy peligrosa. Los insurgentes cuando burlan la trinchera entran por aquí a la ciudad. Nos han invitado a la primera misa del padre Clement, recién ordenado sacerdote el otro día en la catedral de esta ciudad.

Nos ha tenido que acercar el chofer del Hotel Pinnacle.

El interior de la iglesia está a reventar. No cabe ni un alma. Las ceremonias religiosas constituyen el único acto social de la semana y hoy es un día especial. Tienen nuevo párroco oficiando su primera misa. Todos le quieren arropar.

La gente se agolpa a la puerta de la iglesia en Maiduguri

El padre Clement está exultante y eufórico. Nos da una de las mejores entrevistas de este viaje. Se considera un héroe. Ser cristiano en este lugar del mundo es extremadamente arriesgado.

Hay policías cacheando y pasando detectores de explosivos a la entrada del recinto de la iglesia pero no me tranquilizan porque hay demasiado trasiego de gente. Se puede colar cualquier suicida. Este lugar es uno de los objetivos prioritarios de Boko Haram. La ciudad tiene infiltrados de los bokos observando todo lo que se mueve.

No hay palabras para describir una misa en el África negra y en Nigeria es indescriptible

La gente se pone a cantar, bailar y chillar como locos. Una explosión de felicidad entre las más de 800 personas que hay en su interior. Nos miran con curiosidad. No es normal que haya blancos en una celebración religiosa africana y menos en una ciudad tan hostil. Ir al templo es jugarte literalmente el pellejo.

Nos hemos hecho tantos amigos que ya tenemos un nuevo chofer. Se llama Sunday. Mañana a las ocho nos recogerá en el Hotel Pinnacle.

lunes 20 de enero

Sunday tiene 32 años. Ha sido el mejor fichaje. Al principio es tímido pero enseguida percibimos su inteligencia, rapidez, discreción, honestidad y tremenda iniciativa. Es un chico que sabe de todo. Se esta convirtiendo en un verdadero y fiel asistente. Sunday abre puertas, avisa de la seguridad de cada lugar, proporciona contactos, cuenta historias, aporta ideas y nos busca testimonios. Encima es puntual, algo increíble en África y sobre todo en Nigeria. Es lo mejor que nos ha regalado este viaje.

El ejército nigeriano, uno de los más poderosos de Africa, no está sólo en este conflicto

Paramilitares bien armados y mejor pagados combaten en sus filas

El padre Paul Uchebo acaba de conseguirnos una entrevista con un civilian task forces. El estado de Borno financia, con dinero y equipamiento, a los civilians (civiles) y a los hunters (cazadores). Ambos son grupos paramilitares que ayudan al ejercito nigeriano en su lucha contra Boko Haram. Los primeros son herederos de las brigadas vecinales que se toman la justicia por su mano. Los segundos son cazadores de pura raza.

La entrevista la hacemos en el patio de la iglesia. Viene vestido con una típica túnica nigeriana. Con este aspecto, cuesta pensar que sea el personaje que nos muestra en su carnet de guerra, un civilian task force de aspecto feroz.

Las cosas que nos cuentan son inenarrables. Historias para no dormir que recuerdan a las barbaridades cometidas en Ruanda. Este hombre nos ha narrado las cosas más terribles e inimaginables que uno se pueda figurar. Prefiero no procesarlas en mi cerebro mientras permanezca en esta ciudad.

civilian nigeriano paramilitar

La entrevista la hacemos con nuestro iPhone 6. Es lo que estamos utilizando en esta ciudad, entre otras cosas porque es discreto y es mejor no dar la nota. Al principio de la entrevista se mostraba distante y prudente pero a medida que íbamos haciéndole preguntas y cogiendo confianza, lo que iba soltando por la boca no tenia desperdicio. La conversación con este hombre ha significado otro de los mejores testimonios de este viaje.

Las noches en el Hotel Pinnacle

Las noches en el hotel escuchando testimonios tan brutales, se convierten en eternas, infinitas e insomnes. La cabeza comienza a cavilar, elucubrando los peores escenarios. Recuerdo que un funcionario de la ONU en Abuja me comentó que este hotel no era seguro. Así que cualquier ruido por insignificante que sea representa un sobresalto, inquietud, temor, nerviosismo y alarma. Eso, cuando no escuchas los helicópteros y el intercambio de disparos que vienen de la trinchera que rodea la ciudad.

El hotel esta lleno de militares porque el dueño es un general lo que le hace convertirse en un buen objetivo de los insurgentes si burlan la trinchera, además, es el único lugar de la ciudad donde hay blancos, salvando el BUNKER DE LA ONU.

Al amanecer, desaparece el temor diluyéndose el miedo a estar en una de las ciudades más peligrosas del mundo.

El día en Maiduguri es duro. Salir del hotel es enfrentarte a cientos de amenazas

La primera los militares. La ciudad está tomada por el ejercito. Sus uniformes amenazantes, sus formas, maneras prepotentes y chulescas apuntando a todo lo que se mueve con sus fusiles hacen posible que en cualquier momento se interesen por saber que coño haces en una de las ciudades más arriesgadas del planeta.

Circular por las calles es una temeridad

Aunque la ciudad está atrincherada y tomada por el ejercito hace tan sólo poco más de un año, los atentados suicidas eran diarios. En el cementerio musulman de Maiduguri hay fosas con cientos de cuerpos desmembrados sin identificar, muchos procedentes de estos atentados masivos.

La ciudad del terror

Los coches bomba, las mujeres suicidas en los mercados, los niños con explosivos acercándose a vender a los coches han sido el pulso de la ciudad hasta hace muy poco. Los terroristas de Boko Haram tenían tomados varios barrios, entre ellos el barrio de Polo.

22 de enero

Crisis humanitaria

Tras el rastro de sangre y fuego que están extendiendo los terroristas yihadistas por Borno y sus dos estados vecinos, Adamawa y Yobe, hay siempre una crisis humanitaria. A mediados de la década pasada hubo un punto de inflexión en el conflicto armado: el ejército nigeriano mandó despoblar las zonas rurales y ordenó a los campesinos que dejaran sus aldeas y se refugiaran en los campamentos de desplazados de las ciudades.

El éxodo fue masivo, pero muchos decidieron aguantar. Se exponían a los bokos por la retaguardia y a las patrullas de los soldados porque la ley militar convertía a todos los que se quedaban en las aldeas en sospechosos de colaborar con los terroristas. Esta medida, junto a los ataques de Boko Haram contra las aldeas, provocó un éxodo masivo.

El campo de refugiados de Shuawari nº5

 Esta mañana hemos visitado Shuawari nº 5, un campo de refugiados no oficial. En la actualidad, el censo de desplazados es de dos millones en la región del lago Chad. De ellos, medio millón están en el estado de Borno, según datos del SEMA, la oficina estatal para las catástrofes.

Sólo en Maiduguri hay un total de 109 IDP, campamentos de desplazados internos por sus siglas en inglés, que albergan a más de trescientas mil personas, procedentes de todo el estado. 93 de esos emplazamientos no son reconocidos por las autoridades gubernamentales, por lo cual no reciben ningún tipo de ayuda.

Niña con su hijo en un campo de refugiados en Maiduguri

Maiduguri tiene 109 campos de refugiados con más de trescientas mil personas

Shuawari nº 5 es uno de ellos. Lleva más de dos años abierto. Lo primero que llama la atención es el constante ajetreo en el descampado central. Sierran listones de madera, los apilan y después los clavan en el suelo. Están construyendo nuevos refugios porque no hay techo suficiente para las 11.600 personas hacinadas en los barracones. El goteo de nuevos desplazados es continuo.

Varios niños en un campo de  refugiados de Maiduguri

El campamento tiene una modesta clínica, que atiende personal sanitario de la ONG Médicos sin Fronteras (MSF) y a la que acuden a diario las víctimas de Boko Haram. 

Audu Andamu es una de las víctimas. Nos dice que Boko Haram atacó su aldea en Guzamala. Intentó escapar pero le quemaron el coche. A la mañana siguiente, regresó y le dispararon en una pierna mientras huía. La tiene destrozada.  Su compañero, otra víctima nos enseña el costado con otra terrible cicatriz.

Una víctima de Boko Haram enseña las lesiones que le provocaron en Maiduguri

Hemos visto de todo. Hemos podido hacer entrevistas a las dos últimas recién llegadas al campamento, huyendo del terror de Boko Haram. A Fátima Suleiman la mataron al marido quemándole la casa, viene con su pequeño que es lo único que le queda. La otra recién llegada nos cuenta que los insurgentes llegaron a su aldea y ella se refugió en el acuartelamiento de los militares pero estos no fueron capaces de proteger a la población. Ella huyo con su niño de la barbarie.

Las dos ultimas recién llegadas al campamento de refugiados en Maiduguri

El personal de Médicos Sin Fronteras (MSF) lo primero que hace es un chequeo médico a los recién llegados. Después los instalan en un barracón, les proporcionan mantas y lo que necesiten para los primeros días. La comida escasea y apenas hay letrinas para tanta gente pero en Shuawari nº5 se sienten a salvo.

Un médico de Médicos sin fronteras en el campamento de refugiados de Maiduguri

Lo que aquí escuchamos cada día son historias para no dormir. Historias y testimonios que nadie conoce en nuestro mundo de bienestar. Lo único que nos llego a Europa de lo que aquí esta pasando fue el secuestro de las 276 niñas de Chiboc, una ciudad cercana a Maiduguri.

En el campamento todo el mundo nos mira y nos saludan agradecidos. No es habitual la visita de dos blancos que quieran contar al mundo lo que aquí esta pasando y que a nadie le interesa.

El campamento tiene una escuela con los niños que viven aquí, separados por edades. Varios profesores voluntarios dan clases. Los niños y niñas se levantan cuando entramos en las aulas cantándonos canciones de bienvenida.

Boko Haram lucha contra la educación en las escuelas

Un profesor dando su clase en Shuawari nº5

Tienen un guardián armado con un gran machete para proteger a los niños de los ataques de los infiltrados

Un guardian dentro de la clase protege a los niños de Un profesor dando su clase en Shuawari nº5 con su machete

A mi me parece un privilegio haber podido conocer Shuawari nº 5

Esta tarde también nos hemos acercado al barrio donde Mohamed Yusuf predicaba en su mezquita. Hemos estado en el lugar exacto donde le detuvieron y en su casa. El ejercito nigeriano ha destruído casi todo. Hemos visitado el barrio al atardecer. Es peligroso moverse en Maiduguri cuando la luz empieza a bajar. Hay mucho riesgo de secuestros y dos blancos son dos tesoros para cualquier simpatizante de los «bokos».

Por el despliegue que hay en las calles, se está preparando algo. Varios grupos armados de hunters y civilizans vestidos con pasamontañas, forrados hasta los dientes, lucen sus amuletos de guerra patrullando la ciudad. Va a ver enfrentamiento con los «bokos» en el bosque de Sambisa.

Utilizan el vudú para vencer al enemigo

Se cuelgan fetiches creyendo que las balas no les atravesarán el cuerpo haciéndoles invencibles frente al enemigo.

Nos lo contó el comandante de los hunters cuando le hicimos una entrevista en su cuartel general. Literalmente dijo: ¿Quereis que les meta un tiro a uno de mis hombres para que veais como no le atraviesan las balas?.

Los hunters y los civilizans son las fuerzas paramilitares de apoyo al ejercito nigeriano. Van en primera linea frente al insurgente. Los hunters o «cazadores», conocen como moverse y rastrear la selva o el bosque de Sambisa donde se atrincheran los insurgentes de Boko Haram.

Hemos visitado su cuartel general. Estaban armados hasta las orejas. Se estaban preparando para ir al bosque de Sambisa.

El cuartel general de los civilians

Se han vuelto locos cuando he bajado del coche con el iPhone en la mano. Todos querían fotografiarse conmigo. Parecía un trofeo. No me han puesto un Kaláshnikov en las manos de milagro. Que terrible es esta guerra. Les encanta mostrarme el arsenal: armamento, fusiles o machetes.

Lucen encantados sus amuletos, van armados hasta los dientes. Se contonean danzando para quitar presión al momento, analizado la situación o dando fuerza a sus compañeros.

Un civilian mostrando su poderio en Maiduguri

Lo que más les gusta fotografiarse con la blanca, que despliegue. Si no me han hecho cien fotos en 50 móviles diferentes no me han hecho ninguna. Lo mismo ha pasado en un acuartelamiento de los civilizans, protegidos hasta los dientes. Hacían cola para fotografiarse conmigo, mostrando su furia y ferocidad antes de internarse en el bosque de Sambisa para cazar como cazadores a las presas de Boko Haram.

Posando con los hunters en Maiduguri

25 de enero

Estoy esperando mi avión para volver a Abuja tras diez días en Maiduguri. Nada es como nos habían contado

Nos acabamos de despedir de Sunday, nuestro chofer y amigo. Nos ha confesado que en los próximos meses se va a casar. Nos gustaría mucho que pudiera venir unos días a nuestra casa de Madrid.

Llegue a esta ciudad con muchísimo miedo. Una ciudad en guerra donde el riesgo era permanente durante el día y la noche. Algún «listillo» de la ONU de Abuja y el responsable de MSF, lo único que hicieron es meternos miedo en el cuerpo.

Una mujer con su niños lleno de moscas en Shuawari nº 5 Maiduguri

La ciudad es peligrosa pero nos hemos movido con cierta libertad con nuestro chofer, Sunday. El temor se ha ido evaporando a medida que los días iban pasando. Eso si, las noches han sido terribles escuchando los helicópteros o los tiros desde la trinchera. En la oscuridad es imposible controlar el miedo.

Lo que si me he dado cuenta es que la gente de las ONG’S moviéndose en sus super coches con sus choferes y seguridad incorporada, durmiendo en sus búnkeres con tejados anti bomba no conocen la ciudad. La gente en Maiduguri es acogedora y hospitalaria y no te comen con patatas, ni te echan al puchero a la primera de cambio.

Diez dias de estrés, emociones y extremo desgaste pero eso si, volviendo con un trabajo bien hecho.

Maiduguri ha sido una de las mejores experiencias de mi vida

Conocer lo que está pasando en esta parte del mundo, como vive esta gente, la barbarie y hostigamiento de Boko Haram, la peligrosidad de las carreteras, los secuestros a cristianos han sido una experiencia única.

El aeropuerto de Maiduguri es de esos lugares en el mundo donde se te corta la respiración

Espero en la sala de embarque de la mini terminal con un calor insufrible y atestada de gente, mi ansiado y deseado vuelo a Abuja intentando desesperadamente salir de esta ciudad ahuyentando el pavor que me da volar con una compañía con nombre de chocolate, Max Air.

Las medidas de seguridad en este aeródromo son de risa a pesar, de ser una ciudad permanentemente asediada por Boko Haram. Unos viejos y destartalados arcos han detectado algo en nuestra maleta. Hemos dicho que era un abre botellas y sin comprobar nada, nos han dejado subir la maleta a cabina. Como sean tan rigurosos con el resto del personal, estamos apañados.

Tras varios retrasos, los pasajeros vamos avanzando por la diminuta pista hacia nuestro avión cuando tres cazas del ejército nigeriano pasan volando a ras del suelo.

El vuelo a Abuja ha sido terrible, los tres cazas que vimos eran la avanzadilla. Nos hemos cruzado con varios más durante el viaje.

Una musulmana a mi lado se ha pasado el viaje cantando salmos con los ojos cerrados y moviendo la cabeza de un lado a otro entre terribles turbulencias. He acabado el periplo fuera de control.

Por fin, hemos llegado a Abuja y dejado atrás la ciudad del terror donde hay ejecuciones cada día, donde se ajusticia de la manera mas brutal. Donde los niños son reclutados en las villages controladas por Boko Haram. Niños que se convierten en ejecutores tras un adiestramiento en campamentos.

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