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Harare, la ciudad de las jacarandas violetas

By on 2 febrero, 2019

 

Harare llena de jacarandas violetas

He recorrido Zimbabue (Zimbabwe) durante casi tres semanas a la aventura

Familia de hipos en Mana Pools frente a nuestra tienda

Únicamente con la ayuda de un coche alquilado y un mapa decidiendo sobre la marcha cada día la ruta. Vuelvo a decir que ZIMBABUE es una joya. No puede ser mas bonito pero además, es un gran desconocido. 

Hasta ahora, hemos visitado las Montañas Vbumba, Masvingo, el Lago Kyle, Gonarezhou National Park, Chinhoyi Caves National Park llegando al gran río Zambeze para disfrutar de Mana Pools National Park, la joya de los parques nacionales de Zimbabue. 

Harare, la capital de Zimbabue

El coche alquilado que llevamos no nos permite meternos por más parques nacionales ni por más caminos de cabras. No nos queda otra que tirar a Harare, la capital de Zimbabue y pensar en algo para mañana. 

Llegamos a Harare 

Llegamos de noche cerrada a pesar de que Harare es una ciudad grande con mucho tráfico. No llevamos nada reservado entre otras cosas porque el destino de hoy no era este. No nos queda otra que hablar con un taxista que nos abra camino llevándonos a un hotel donde pasar la primera noche. Estamos bloqueados por el agotamiento.

Hotel Harare

El «Sunshine Guest House», donde dormimos al comenzar este viaje tiene habitaciones libres. Es un remanso de paz. Como la otra vez tampoco hay cena. Tenemos que encargarla a un Chicken Inn. Nos vamos quitando la presión del viaje y la de entrar en Harare de noche.

18 de septiembre

El día de hoy lo hemos perdido. Empezó mal desde el principio. La falta de organización en este viaje y lo complejo del país nos hacen perder tiempo. Queríamos buscar algo de naturaleza cerca de la capital, alguna reserva de animales donde pasar alguna noche y volver a Harare sólo los últimos tres días antes de volver a Madrid. 

Zimbabue es complicado para la improvisación

Pero llevamos un tom tom que es tonto perdido. Además, en este país, cuando preguntas a alguien por algún lugar, aunque lo desconozca, siempre te mandará a algún sitio aunque sea equivocado. Es algo que no comprendo todavía. En nuestra mentalidad europea no podemos entender que se lo puedan estar inventando.

Mi cabreo no tienen límites tras dar varios palos de ciego. Por fin, llegamos a la reserva privada que buscamos. Junto a una enorme puerta, una garita con dos tios que tienen cara de tontos. Mi enfado aumenta cuando nos dicen que es imposible porque el booking hay que hacerlo desde Harare. Estoy muy alterada.

Consigo poder hablar por teléfono con el manager que me explica diplomáticamente que no hay plaza libre. Tiene cojones. Hay que volver a la capital.

Elefantes ante nuestras narices en Zimbabue

Para acabar bien el día, de vuelta a Harare, rápido y mal hemos cogido un hotel céntrico pero sin ningún sabor. El «Sunshine Guest House» donde nos hospedamos anoche se encuentra lejos del centro.

El nuevo hotel se llama N1. En Zimbabue se necesita más planificación que a la que nosotros estamos acostumbrados. No siempre hay wifi para hacer un booking. Este país es complejo.

La gente es pacifica y fácil pero el país es complicado. Hacer una reserva para pasar la noche se puede convertir en una misión imposible. Llevar el viaje sin organizar te puede traer problemas como hacerte perder un día.

Jacarandas violetas por todas partes en Harare

La tarde la hemos dejado para recuperarnos del cabreo y recorrer las calles de Harare.

Tiene elegantes casas coloniales, último reducto de la época británica. En ninguna otra ciudad africana he visto residencias tan bellas como en esta ciudad. Tiene jacarandas violetas por todas partes. Las jacarandas adornan la ciudad tiñendo sus calles de morado.

Harare ciudad de las jacarandas violetas

El restaurante «Coimbra» de comida portuguesa con clientela de expatriados es espectacular.  

Casa colonial en Harare

19 de septiembre

Nos cambiamos de hotel. El N1 en la céntrica calle Samora Machel no tiene sabor aunque  se encuentra muy bien situado. Una ciudad tan bonita se merece un hotel que enamore. 

El «hotel Bronte» es lo que estabamos buscando. Es precioso. Hemos regateado y nos han hecho un buen precio por tres noches como a buenos africanos. 

El hotel Bronte de Harare

Se encuentra en un edificio colonial holandés bellísimo, rehabilitado con un exuberante jardín. Sus dos piscinas de agua cristalina siempre están vacías esperándonos a nosotros. Es un hotel de blancos.

En Harare no se ven muchos europeos. En el Bronte deben estar concentrados los que pasan por la ciudad. Las referencias a las escritoras y hermanas Bronte en cada rincón son continuas.

El hotel Bronte de Harare

Nuestra habitación es sencilla y colonial. Tiene un balcón precioso. El Bronte me recuerda al «Victoria Falls Hotel» junto a las Cataratas Victoria. 

Nos vamos a conocer la ciudad. Quiero comprar un cuadro de un pintor zimbabwense. Cuando viajo por África me gusta traer pintura a mi casa de Madrid manteniendo el sabor que quiero que tenga, a nosotros y a África. 

Vamos a la Galería Delta para localizar un pintor local. No veo nada que me emocione aunque tienen una buena representación de la pintura del país. 

Avenidas de jacarandas violetas en Harare

La galería Delta se encuentra en otra fantástica casa colonial, de las que abundan en Harare. Las flores de las jacarandas violetas se esparcen como una alfombra por el jardín. La galería la regenta una joven pareja que nos aconseja acercarnos a una residencia de jóvenes pintores. Casualmente, mi cuadro favorito lo compré en una residencia de pintores en Kinshasa. 

Una avenida de Harare con jacarandás violetas

Necesitamos un buen mapa de Harare. La oficina de turismo se encuentra también en la calle Samora Machel en el centro de la ciudad. Un par de chicas atienden con entusiasmo a los pocos turistas que se dejan caer por el local. Nos han llenado de mapas hasta aburrir.

Nos vamos a conocer a la hermana Angela

La hermana Angela es una dominica alemana que lleva 57 años en Zimbabue. Vive en un colegio de chicas en Harare. El colegio tiene cerca de 1000 alumnas perfectamente uniformadas. Antes era un internado porque hace años en los villages o pueblos de Zimbabue no había colegios. Ahora hay educación.

La parte que era el internado se ha reconvertido en un hostal donde puede parar a dormir cualquier viajero que caiga por Harare si las hermanas le dan el beneplácito.

La hermana Angela en Harare

Con la hermana Angela hablamos del país y del cólera. De Zimbabue dice  que solo han cambiado los gobernantes pero que el país sigue muy pobre sin producir absolutamente nada. Todo se importa de Sudáfrica. Zimbabue tiene mucha pobreza. Nos dice que hay vacas por el país pero no leche que es lo que necesitan los niños.

En este momento hay una epidemia de cólera. El cólera es endémico en Zimbabue. La madre Ángela nos cuenta que acaban de cerrar varias escuelas por la epidemia. 

Es afable y muy educada con nosotros. Mantiene las distancias como buena alemana. Recorremos con ella el colegio. Se despide entregándonos un desinfectante para prevenir la enfermedad.

Dejamos a esta mujer nacida en la selva negra alemana curtida de haberlo visto todo en la gran Rhodesia.

Cenamos en un restaurante de moda que se llama «Chop Chop» entre la sociedad pudiente de Harare. Tiene música en vivo. El grupo que actúa hoy se llama «Jabava Jazz». En toda África donde hay un instrumento musical la gente se vuelve loca bailando sin parar. 

20 de septiembre

Queremos profundizar sobre la crisis de cólera en Harare, capital de Zimbabue. Hemos quedado con Itai Rusike, un experto en el tema para charlar.

Rusike vive en una casa colonial, sede de su organización. Nos recibe en su despacho hablándonos del aumento de casos de cólera en Harare.

Hablando de cólera con Itai

El origen del problema se encuentra en la distribución de agua en Harare. Los pozos que abastecen a muchas zonas de la ciudad son reducto de la época colonial muchas veces con agua contaminada. La gente bebe, cocina y lava con agua infectada que tiene la bacteria del cólera.

La gente usa agua contaminada en Harare

Aunque el cólera es endémico en Zimbabue desde los tiempos más remotos cada cierto tiempo hay una epidemia.

El gobierno intenta prevenir cambiando el sistema de aguas, concienciando  a la gente de la necesidad de hervirla, comiendo frutas y verduras lavadas con cloro. Los países limítrofes tienen serios problemas para evitar la pandemia porque miles de zimbabwenses cruzan las fronteras diariamente para ir a Zambia, Mozambique y sobre todo Sudáfrica para trabajar.

Gente coge agua de pozos no contaminados en Harare

El cólera es muy contagioso. La madre Ángela nos contó que en la catedral el obispo acaba de prohibir darse la paz para evitar el contagio.

Dos mujeres cogen agua de un pozo limpio en Harare

Estar casada con un periodista que no deja de maquinar ni en sus vacaciones me lleva por la calle de la amargura.

Ahora me encuentro recorriendo los pasillos de un hospital africano a la búsqueda de información sobre la epidemia de cólera con el riesgo que eso tiene. 

Xaquin renace como el ave fenix cada vez que olfatea peligro o riesgo sea de la naturaleza que sea.

Mientras recorro los pasillos del mugriento hospital lleno de bacterias hasta arriba pienso ¡joder, me estoy jugando el pellejo para nada¡, sin embargo, me siento una privilegiada al poder conocer en primera línea lo que es una epidemia de cólera en una capital africana como Harare.

No dejaría solo a Xaquín ni muerta Me siento demasiado orgullosa de su forma de trabajar y  de su permanente inquietud olisqueando en cada esquina, como para dejarle ahora en la estacada.

Forma parte de nuestra forma de recorrer África intentando recoger la información necesaria que pueda dar a conocer que se cuece por aquí.

Nos vamos a la sede de MSF para ver si de su mano podemos conocer el punto cero donde ha comenzado la epidemia acercándonos al hospital de infecciosos donde se encuentran una parte de los enfermos.

El director de MSF de Zimbabue es un noruego bastante estirado que desde la mesa de su despacho nos mira con recelo. El tipo nos explica que tenemos que pedir permiso al Director de Salud del Ayuntamiento de Harare. Esta claro que MSF no quiere complicarse la vida.

Nos vamos a ver al Director de Salud. Recorrer Harare es complicado. La ley de la selva es la que prima entre los coches de la capital.

El Director de Salud recibe a Xaquín mandándonos al Ministro de Asuntos Exteriores. Esto empieza a convertirse en otra africanada, de oca a oca y tiro porque me toca. La burocracia africana comienza a jugar y nosotros no vamos a participar en este juego. Que se metan su burocracia por donde les quepa, no tenemos tiempo de más tonterías. Ya encontraremos la manera de acercarnos al punto cero.

Nos vamos a nuestro hotel, la hora del chapuzón en la piscina no perdona.

Piscina del Hotel Bronte en Harare

Hemos quedado con un periodista local para tomar café e indagar otro camino para introducirnos en la crisis del cólera.

Encontrar la residencia de los pintores en Harare para comprar mi cuadro se convierte en otra misión complicada. Las calles no llevan nombre ni las casas número. Un vecino nos asegura que los pintores se han ido hace unos meses sin dejar rastro, «la leche». 

Cenamos en el hotel. Estamos extenuados. No hemos parado en todo el día. El Bronte es precioso. Tiene un restaurante con una bonita terraza porticada. Hay que disfrutar del hotel.

Un grupo de gente rezando en Harare

Los niños de la calle de Harare

La otra noche en el horrible y frío hotel N1 desde la terraza de nuestra habitación pudimos ver una escena muy triste que nos dejo muy impactados con toda nuestra experiencia africana. En un pasadizo vivían entre basura varios niños de la calle.

Algunos no tenían más de diez años. Un par de chicos mayores organizaban el trabajo de los más pequeños. Se dedican a acercarse a los coches de la gasolinera más próxima y pillar algo. Muchos de estos chicos son huérfanos del sida. Viven como perros según nos confiesa Mervelons, un trabajador de la gasolinera que los conoce bien.

Gasolinera en el centro de Harare frecuentada por chicos de la calle

Algunos toman «tonino» una mezcla de cocaina y bicarbonato que les proporciona una violencia exagerada. Son peligrosos dice Mervelons pero entre ellos hay uno que se llama Jon que tiene todavía fondo. Mervelons nos va a hacer de intermediario para ver si podemos hablar con él. El corazón se estremece al ver como pasan su vida estos niños.

Callejón donde viven los chicos de la calle en Harare

Apenas tienen nada que comer durante el día. Desde el hotel hemos podido ver como un hombre les repartía unas botellas. No hemos podido averiguar si era una ONG o era un jefecillo del grupo que les proporciona algún alimento a cambio de su trabajo de rateros.

Son carne de cañón. Viven como animales entre basura en una ciudad que ahora tiene una epidemia de cólera. Muchos de ellos no llegarán a los veinte años habiendo vivido entre el desprecio y el aislamiento. A nadie importan y a nadie han importado nunca. Son las fieras de la calle. Quiero saber más de estos  chicos.

Los chicos de la calle se reparten comida

21 de septiembre

Hemos quedado muy pronto con Wendy, una fixer o periodista local que te ayuda a abrir puertas. Aquí mucha gente no habla inglés y solo habla songa, el idioma local. Wendy se presenta puntual, antes de la hora acordada en nuestro hotel. Es joven, guapa y tiene desparpajo pero a la vez es tranquila e inspira confianza. Nos parece un buen fichaje. Le explicamos lo que queremos hacer y ver.

Queremos acercarnos a Glen View donde comenzó la epidemia de cólera en Harare

Vamos en nuestro coche con el GPS de Wendy.

Aunque Harare ha tenido cíclicamente rebrotes de cólera, éste último ha sido consecuencia de la rotura de un pozo contaminado. La primera víctima murió el 6 de septiembre. Desde entonces, un goteo incesante de muertos y casi 9000 supuestos infectados ha hecho que el gobierno de Zimbabue declare el estado de emergencia nacional. Wendy y Xaquín entran en el Hospital de Glen View donde se encuentran gran parte de los enfermos. 

El espectáculo es desolador. Salen a tomar el aire fresco los enfermeros embutidos en sus monos amarillos con la cabeza cubierta, guantes, delantal y botas, asépticos intentando no convertirse en la próxima víctima. 

Un enfermero en el hospital de Glen View en Harare

Los enfermos se encuentran en carpas con perímetro de aislamiento. Los familiares impacientes a la salida del hospital. Hay bastante trasiego.

Xaquín y Wendi siguen moviéndose entre las carpas de los enfermos, en el corazón del cólera de Harare. Este township es pobrísimo. La miseria y la suciedad rezuma por todas partes. 

Hemos podido ver de todo. 

Nos vamos a buscar a alguna familia que haya perdido a alguien de cólera en esta epidemia. Wendy pregunta en songa. La gente rápido se moviliza para llevarnos a la casa de la muerta.

El township de Glen View en Harare

Entramos en la vivienda. El ambiente es sofocante. Unas seis mujeres con niños nos sacan sillas para que nos sentemos. Hago amago de entrar pero no puedo. Prefiero quedarme fuera y esperar a que me llamen para hacer las fotos. Saber que en esta casa ha muerto hace apenas unos días, la primera víctima de cólera me supera. Me mareo por el olor y por el miedo.

Xaquín y Wendy permanecen en el interior hablando con la familia. Llevan más de una hora. La víctima tenía 60 años. Era una mujer, sostén de esta vivienda. Se sintió mal del estomago y falleció 48 horas más tarde. Así es el cólera, imbatible y fulminante. Su familia la llora despotricando sobre la atención médica. 

La casa es una pequeña construcción de ladrillo pobre. Me estoy poniendo enferma en este lugar.

A través de la ventana observo a Xaquín y a Wendy hablando con la familia. Me parece una barbaridad jugarse la vida de esta manera.

Las hijas de la víctima del cólera en Harare

La familia sale a la puerta de la casa para que pueda hacerle unas buenas fotos con luz. Nos vamos con el corazón encogido. Vamos a comprar agua en un mercado de este township y un desinfectante en alguna farmacia.

Cartel con medidas para la epidemia de cólera

Vemos el pozo origen de esta epidemia y los que la ONG Oxfam ha instalado para que la gente beba agua no contaminada.

Pozo instalado por Oxfan

La gente espera su turno para coger agua. Hago varias fotos. Después nos acercamos a ver el pozo clausurado contaminado de cólera. Hay tres mujeres con sus niños junto al pozo de la muerte.

Tres mujeres en el pozo clausurado en Harare

Acabamos el trabajo con Wendy en el «Beatrice Hospital» donde se encuentra la mayor parte de los enfermos de cólera centralizados en carpas.

Tres mujeres se llevan agua del pozo de Oxfam en Harare

Nos despedimos de Wendy que además, nos acompaña a la National Galery.

Quiero buscar un pintor para mi colección y los intentos de ayer han sido fallidos. En la National Galery tienen obras de un pintor que me enamora. Se llama Anthony. Hemos quedado con él después de comer. Vive en el mayor township de Harare con más de dos millones de personas. Dicen que es la segunda ciudad del país.

Hemos quedado en un «Chicken Inn». Esta lleno. La gente no nos quita ojo. No es normal que en este township haya blancos. Es viernes y hay mucho ambiente.

Anthony es un chico muy afable. Dice que la semana pasada en una exhibición de Cape Town vendió casi todo. Su taller se encuentra en pleno corazón del township. 

El taller es una casa en construcción sin acabar. Tiene varios andamios. Hay unos acrílicos sobre cartón que me gustan. Son escenas africanas con mucho color. Nos llevamos cuatro. Mi idea es hacer una serie con secuencias domésticas en el mismo cuadro. 

Una foto con Anthony y mis acrílicos

Negociamos precio. Con Anthony no hay problema, todo es fácil. Nos enseña unas fotos que le ha mandado de un cuadro suyo el embajador de Turquia.

Nos hacemos una foto a la salida de su chamizo en construcción con mis pinturas en la mano y mi cara de felicidad. Nos despedimos de este chico de futuro prometedor. Anthony conoce toda la obra de Antonio Saura al que  siempre ha admirado.

Volvemos al hotel agotados. Antes pasamos por la gasolinera de los niños de la calle. Los huérfanos del sida merodean siempre a la caza, son los más desesperados, los más violentos y los más desamparados.

La gasolinera de los niños de la calle

Nuestro amigo Mervelons nos dice que Jon ha estado por aquí. Es el crío del que nos había hablado. Insiste en que es un buen chico porque no toma torino, la droga que les hace violentos  suministrada por los cabecillas que adiestran a los más pequeños controlando todos sus movimientos.

Mandan a buscar a Jon por los alrededores. No lo encuentran. Antes de ir al aeropuerto mañana intentaremos de nuevo hablar con él. 

Nos vamos por fin al hotel a descansar. Estamos agotados. Cada día es más agotador que el anterior.

Mis vacaciones se convierten con Xaquín en una consecución de situaciones extremas. Acabo de llegar de la casa de la primera víctima del cólera en Harare  y ahora busco desesperadamente a un niño de la calle. 

Xaquín es así y nunca va a cambiar. El África que le apasiona es el África social donde está la gente donde se encuentra la miseria, los desamparados y los valientes. Renace en los townships entre africanos hablado su idioma. Es el África más auténtico.

Tomamos un vino frío en la fabulosa terraza del hotel  Bronte y nos vamos a cenar al restaurante «Coimbra», portugués, hasta arriba de gente con el guiso de gallina más espectacular que he probado en mi vida.

21 de septiembre

No he dormido nada dandole vueltas a la cabeza a nuestra inconsciencia. Ayer nos metimos en la casa de una víctima de cólera en el corazón de la epidemia. Somos incorregibles.

Ultimo desayuno en el Hotel Bronte. Nos vamos a Johanesburgo. Me da mucha pena abandonar este maravilloso hotel y esta increíble ciudad de Harare. La ciudad de las jacarandás violetas. Este país es fantástico.

En estos veinte maravillosos días hemos recorrido 3500 kilómetros con un coche equivocado. Zimbabue es la muerte. Tiene increíbles reservas de animales salvajes donde puedes acampar a tu aire. Un país de maravillosos lagos pero sobre todo el gran río Zambeze, único entre los grandes ríos africanos.

Harare, la maravillosa ciudad de las jacarandás violetas.

Harare ciudad de las jacarandas violetas

Deseo volver de nuevo pero no pienso cometer el mismo error. Hay que venir a este país con un buen coche que resista sus pistas de tierra.

Nos despedimos de la gente tan servicial del Hotel Bronte. 

Buscamos a Jon, el niño de la calle

Jon el niño de la calle entre basura de Harare

En un último intento, volvemos a la gasolinera por si vemos a Jon, el pequeño de la calle que todavía no se droga con torino y que duerme en un callejón entre basura. 

En la gasolinera ya se corre la voz, «los españoles, los españoles» vienen a buscar a Jon. Traemos comida para él. Por fin, aparece. Se acerca custodiado por un chico mayor que no le pierde de vista ni un segundo. Son como los niños soldados, reclutados, protegidos, adiestrados y siempre vigilados. 

Jon con su colega en Harare

Nos cuenta que viene de Malawi donde sus padres se separaron. Jon casi ni lo recuerda. Cree que han muerto. Su abuelo se hizo cargo de él y vivió algún tiempo en Gweru (Zimbabue). Abandono a su abuelo. Ahora lleva tan sólo un mes en Harare. No tiene a nadie. En el callejón con los otros chicos se siente más seguro que durmiendo a la intemperie.

Habla muy bajito y no mira a los ojos. Ahora se siente protegido. Nos dice que le gustaría estudiar. Lleva puesto un pantalón raído y una mugrienta camisa blanca. Es un pobre chico que vive como un animal entre desechos e inmundicia, un desahuciado que todavía se resiste a tomar torino, la droga de los chicos de la calle. Tiene la mirada inocente.

Hablando con él, el corazón se te hace añicos porque sólo tiene diez años y le custodian día y noche los adiestradores de los niños a cambio de protección. 

Desconfía de nosotros. Su mirada es huidiza. Dice que se le acercan hombres blancos con malas intenciones. Es una víctima inocente de la miseria y el desamparo más inhumano pero que como siempre a nadie importa.

Que distinta su infancia a la de otros niños. 

Nos vamos al aeropuerto empezando otra africanada de las buenas. Nos queda el peor de los tragos, entregar el coche alquilado. Le hemos metido un buen rallado en las montañas Vimba y la parte delantera tiene el frontal partido. 

Nuestro avión a Johanesburgo sale en unas horas. 

Dejamos Harare y Zimbabue. Aquí acaba nuestro maravilloso viaje por este país. Nos ha fascinado. Es un diamante en bruto. Un país precioso lleno de naturaleza, de parques nacionales llenos de animales salvajes a los que es muy fácil acercarse haciendo acampada libre si llevas un buen coche. 

Imprescindible llevar un buen coche

Nosotros no aprendemos y nuestro coche alquilado nos ha dado muchos disgustos condicionando nuestro viaje. No nos ha permitido adentrarnos en las reservas hasta donde hubiéramos podido llegar. 

La gasolina ha sido otro problema

Otro problema de Zimbabue ha sido repostar combustible. Nos avisó el danés que conocimos el primer día. Algunas gasolineras están desabastecidas. Es habitual llegar a una gasolinera con el depósito en reserva y encontrarte que no tienen combustible cuando la siguiente gasolinera como poco puede estar a sesenta kilómetros.

Hay que llevar siempre un bidón con combustible por si las moscas. 

Harare, la capital de las jacarandás violetas ha sido un descubrimiento. Te deja mudo con sus anchas avenidas teñidas de morado. Una ciudad más grande de lo que hubiera imaginado. Hay miseria pero no es tan visible como en otras capitales africanas. 

Me muero por volver a este país maravilloso. 

(continuación de…)

Mana Pools National Park, recorriendo Zimbabue en 20 días

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