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Africa Diario de viaje Etiopía

Etiopía por libre en tres semanas (Primera parte)

By on 15 febrero, 2019

Addis – Bahir Dar – Awra Amba – Lalibela

Addis Abeba – 26 de Octubre

Lo que primero te llama la atención al aproximarte a África por primera vez, de noche y en avión, es la oscuridad reinante. Acostumbrado a las junglas urbanas sobreiluminadas europeas, choca saberte acercando al aeropuerto principal de la cuarta ciudad de África y no ver práctimente nada, sumido en una oscuridad casi completa. Es nuestro primer viaje a África, si descontamos Marruecos y Egipto, y tenemos claro que queremos recorrer Etiopía por libre. Estamos un poco nerviosos. 

Aterriza nuestro avión en el ya no tan oscuro Bole International Airport de Addis Abeba, tras un viaje de 5 horas desde Estambul. Estamos en Etiopía, tenemos 22 días por delante y muy pocos planes.

Las primeras dos noches tenemos pensado quedarnos en Addis para asentarnos un poco, visitar la ciudad y alguno de sus museos, y decidir cuál queremos que sea nuestro próximo destino. El hotel lo llevamos reservado desde Europa. Cogemos nuestras cosas, arreglamos la visa (on arrival), salimos del aeropuerto (¡qué frío!) y vamos directos al hotel. 

Primera toma de contacto

Nuestro hotel nos ha decepcionado. A pesar de tener un calentador, la poca presión de agua y un hueco en una ventana justo pegada a la ducha (que hace las veces de extractor) hacen que las duchas sean muy frías y poco agradables. Durante los próximos días nos daremos cuenta de que Addis no es la excepción en cuanto a comodidad en las duchas. No tardaremos en acostumbrarnos y en agradecer el mínimo confort. 

La hora del desayuno etíope (al igual que cualquier otra hora, a decir verdad) es un buen momento para comer injera. La injera es la base de la alimentación de todo el país. De sabor algo amargo y textura esponjosa, la injera tiene forma circular y apariencia de crêpe, se elabora con el teff, un cereal endémico de grano muy fino que casi únicamente crece en las highlands etíopes. El teff es un cereal muy resistente que es capaz de crecer en altura, por lo que se amolda a las características geográficas de Etiopía, y al mismo tiempo, casi es inexistente en otras regiones de África. Si uno quiere comer auténtica injera, tiene que viajar a Etiopía. 

Rica injera con shiro

Después de desayunar y de tomar un buen café etíope, se puede empezar el día. Hoy, nuestra primera jornada, queremos organizar nuestro viaje al Danakil, y nos acercamos a una agencia que contactamos por internet desde casa, ETT (Ethiopian Tour Travel, o algo así). Negociamos y contratamos el viaje al Danakil con una operadora (de nombre Seneit) que nos da su whatsapp por si tenemos algún problema durante el viaje, y que nos ayudará en más de una ocasión a resolver pequeños incidentes durante el mismo. 

Mercato

Mercato es el mercado al aire libre más grande de África, y ocupa todo un distrito de Addis Abeba, el Addis Ketema. Es una ciudad dentro de Addis, con miles de callejones atestados de gente, muy pocos o prácticamente ningún turista. Se vende de todo, muchos productos agrícolas procedentes de las zonas rurales próximas a la capital, pero también puedes encontrar productos textiles, electrónicos, animales, y casi cualquier cosa que puedas imaginar. Todo ellos agrupado en zonas, al más puro estilo bazar árabe o turco. 

Como cualquier otro mercado de cualquier ciudad grande (no solo africana), en Mercato se juntan gentes de no muy buena pinta, niños de la calle huérfanos a veces con una bolsa de plástico en la mano, hombres lisiados o enfermos pidiendo limosna y buscavidas de todo tipo. Hay que andarse con ojo con los carteristas, que abundan por aquí. De hecho, fue aquí el único sitio de toda Etiopía dónde nos intentaron birlar la cartera. Fue en los lindes del mercado, dónde un grupúsculo de tres niños se nos acercaron (son los peores). Uno tenía una revista que quería enseñarnos, otro me cogía del brazo y el tercero deslizaba sucintamente su pequeña manita por el bolsillo del lado opuesto. Quizá porque no era más que nuestro primer día en Addis, nuestro estado de alerta estaba bastante afinado, y enseguida vimos las intenciones de estos infantes y les desbaratamos el plan, a pesar de que todo pasa en pocos segundos. Los niños, al ver que ahí no iban a conseguir nada por las buenas, siguieron su camino entre risas, y nosotros el nuestro. 

Salimos del mercado y vamos caminando a otra de las zonas famosas del centro de Addis con acento italiano, Piazza. Allí cogemos el metro. El viaje nos cuesta 2 Birr. El metro de Addis Abeba llama la atención con sus grandes columnas de hormigón gris, dentro del paisaje dominante de la ciudad. Lo construyeron los chinos (¡sorpresa!), es bastante moderno y recorre una buena parte de la ciudad. 

Comunidad española en Addis Abeba

En Addis Abeba viven entre 100 y 150 españoles, según nos cuenta un misionero de la zona, al que pillamos dando misa en español (cosa que hace una vez al mes). Allí pudimos conocer a una parte de esa comunidad que nos contaron de primera mano más detalles y datos del país. 

Etiopía es un compendio de muchísimas etnias. Las cuatro más importantes en términos de población e influencia son: Oromia (la más abundante), Amahra, Somali y Tigray. Esta última, Tigray, es la etnia de las cuatro con menor población, agrupando un total de aproximadamente un 6 % de la población de Etiopía, aunque una de las más poderosas económicamente. Hasta abril de 2018 tanto el primer ministro como el presidente del país eran de la etnia Tigray, lo que indignó a la mayor parte del país provocando protestas que fueron reprimidas duramente por la policía. En abril de este año se eligió como primer ministro a Abiy Ahmed, de origen Oromo. Nos sorprendió muchísimo el entusiasmo que despierta este primer ministro en la gente de casi todo el país. No es raro ver su foto en tuc-tucs, minibuses, camisetas, etc. ¡Un auténtico fenómeno de masas!

El otro gran cambio a nivel administrativo fue la elección en octubre de 2018 (escasos dos días antes de llegar al país) de la primera mujer presidente en la historia de Etiopía, Sahlework Zewde, de origen Amhara. 

Tras el cambio de gobierno, el país ha dado un giro de 180º en este último año. En julio de 2018 se firmó la paz con Eritrea después de más de 20 años de conflicto y se abrieron las fronteras entre ambos países. Este hecho, junto con el propio cambio de gobierno, suscitaron dudas sobre cómo iba a reaccionar la etnia Tigray (vecina de Eritrea). A pesar de la incertidumbre, no hubo ningún tipo de revueltas. Al parecer se amenazó directamente a la etnia del expresidente con graves represalias si ellos se oponían al nuevo status quo y utilizaban el ejército, dónde ellos tienen mucha influencia.

Museo Nacional de Addis Abeba

Una de las joyas de la corona. Impresionante la colección arqueológica que tienen, dónde destaca Lucy (Australopithecus Afarensis de 3,5 millones de años; la primera mujer), y Salam (homínido bebé más antiguo, que murió con la edad de 1-2 años de edad). África es la cuna de la humanidad, lugar desde el cual los primeros homínidos conquistaron Eurasia, América y Oceanía. 

La entrada cuesta 10 Birr (irrisorios 30 céntimos de euro), absurdamente barato dada la relevancia de los tesoros que allí se encuentran. 

Bahir Dar y el Lago Tana

Cogemos un vuelo desde Addis a Bahir Dar.  Ethiopian Airlines, es la bandera de todo un país. Toda Etiopía se siente super orgullosa de su aerolínea, y no sorprende ese orgullo. Los aviones son excelentes, el servicio exquisito (¡Uno no deja de tener envidia sana al compararlo con nuestra Iberia!) y los precios nada desorbitados. Si tu vuelo desde Europa ha sido con Ethiopian Airlines (lo que no fue nuestro caso), se te efectúa un descuento muy grande para cualquier vuelo interno. Por el vuelo a Bahir Dar hemos pagado 40$ cada uno. En poco más de una hora aterrizamos. 

Bahir Dar

ciudad al norte de Addis Abeba, pegada al lago Tana, el lago más grande de Etiopía y origen del Nilo Azul, que 5000 Km más al norte desemboca en aguas del Mediterráneo y que ha sido testigo de algunas de las civilizaciones más importantes de la historia.

Bahir Dar da un poco una imagen de ciudad de vacaciones dentro de Etiopía. Con amplias avenidas rodeadas de palmeras y la proximidad del gran lago Tana, Bahir Dar se asemeja a alguna ciudad del levante español. 

Tuc-tucs

Nos alojamos en el Lakemark hotel, que alquilamos con booking.com. El hotel está muy bien situado y limpio. Las duchas no están nada mal, las camas son muy cómodas y tienen mosquitera (aunque, a decir verdad, no vimos ni un solo mosquito). Muy recomendable.

 

conocimos a un chico en el lago Tana que nos recomendó un camping pegado a las cataratas del Nilo Azul. No llegamos a ir, pero este chico nos contó que alargó su estancia varios días más, de lo cómodo que estaba. El nombre del camping es Blue Nile Camping, a 1 hora de Bahir Dar. Una alternativa más económica a los hoteles de la ciudad 

Avenida Bahir Dar

Monasterios del lago Tana

Salimos al lago Tana muy temprano. Nos lleva un tuc-tuc hasta el embarcadero, dónde nos juntan con el español del camping (ver arriba), una pareja de alemanes y un francés que está viajando solo por toda África. Nos subimos a una barcaza y tiramos por el lago.

La barca nos lleva a diferentes monasterios que se encuentran en los bordes del lago o en algunas de muchas islas que tiene el lago. Estos monasterios de clausura coptos albergan grabados de vivos colores que representan imágenes bíblicas. El acceso a los monasterios (algunos de los cuales no están abiertos a mujeres) se hace a pie por senderos dónde es fácil ver una infinidad de aves y también de algunos monos. 

Pasajes bíblicos

En el lago Tana, cuyas aguas de color marrón se deben a la concentración de sedimentos que tienen y no a suciedad, se pueden incluso avistar cocodrilos e hipopótamos (aunque nosotros nos tuvimos suerte), así como pelícanos, y muchas otras aves. 

Monje tumbado a la sombra

De las aguas de este lago nace el Nilo Azul, uno de los dos ríos que se unen en Sudán formando el famosísimo río Nilo. 

Cataratas del Nilo Azul

La misma tarde después de visitar los monasterios del lago, nos subimos a un minibus para visitar las cataratas del Nilo Azul (que no es el origen del río, pero son bastante espectaculares). Se encuentran a unos 35 kilómetros de Bahir Dar y se accede a ellas atravesando varias aldeas. Debido al estado del camino por dónde nos llevan, estos 35 kilómetros los recorremos en más de una hora. El minibús no para de dar botes y todos los allí presentes saltamos y chocamos unos contra otros. 

En el minibús lo ha alquilado alguna empresa turística. Nosotros nos hemos unido a ellos pagando una cuota. Viajamos únicamente faranyis (blancos), sin estar demasiado hacinados (en los próximos días cataremos la verdadera experiencia de viajar en minibús en Etiopía…) por lo que el viaje es relativamente cómodo.

Mirando por la ventanilla vemos los diferentes poblados, sus sencillas cabañas construidas de bambú y barro. Niños de cinco años trabajando con el ganado, mujeres dando el pecho a sus bebés y mucha pobreza. Al menos, ese concepto de pobreza al que estamos acostumbrados en occidente: niños harapientos y chabolas sin luz ni agua corriente. Las vastas áreas rurales en el norte de Etiopía fueron epicentro de las conocidas hambrunas en los años 80, dónde murieron millones de personas. En estos poblados no existe agua corriente ni la más mínima infraestructura. Muchos niños deben recorrer varios kilómetros a pie para ir a la escuela, y no tienen una atención médica para casos complicados si no se desplazan (de nuevo, varios kilómetros) a los centros urbanos más próximos. La vida en estas zonas es muy simple. Y, quizá por ello, no son tan pobres como nosotros podemos llegar a imaginarnos, o como pueden serlo en ciudades como Gondar o Addis Abeba. En el pueblo abunda el ganado, y los cultivos, por lo que quién más y quién menos tiene siempre algo que llevarse a la boca, siempre que las cosechas acompañen y las plagas y enfermedades se mantengan a raya. En Etiopía se vive y sobrevive al día, pero al menos en las zonas rurales uno puede vivir de la tierra. En las ciudades no, allí todo tiene un precio (uno muy alto), y puede devorarte en muy poco tiempo. Allí sí que acostumbras a ver niños y adultos durmiendo por las calles, esnifando pegamento para engañar al hambre. Es ahí dónde la auténtica pobreza da la cara. 

Nilo Azul

Llegamos al final de nuestro camino y emprendemos una pequeña caminata hasta el Nilo Azul, que cruzamos en barca. En poco más de 5 minutos llegamos a las increíbles cataratas del Nilo Azul. Tenemos suerte, y baja bastante agua (recién terminó la temporada de lluvias). Hacemos mil fotos, vemos el campamento que nos recomendó el chico vasco (no nos engañaba, tiene una pinta increíble, ¡lástima no haberlo sabido antes!). Para volver, nuestro guía nos separa del grupo y nos lleva por otro camino, mientras nos cuenta como es la vida en los pueblos de la zona. 

Él, que tiene unos 14 años, está en décimo grado de la escuela primaria (el último grado antes de pasar al high School), viene de un pueblo a 20 Kilómetros de donde estamos. Durante la semana vive en una cabaña de la propia escuela, junto con otros niños, y el viernes se va a casa, dónde ayuda a su padre con el ganado. El domingo vuelve a la escuela una semana más. El chico lo tiene muy claro. De mayor quiere ser médico y luchar contra la malaria y el sida, que tantos estragos causa en Etiopía.

Volvemos a Bahir Dar en el mismo minibús. Mañana queríamos ir directamente a Gondar, la capital de Amhara, y una de las ciudades más importantes de la Etiopía imperial, pero hemos cambiado de idea. De camino a Gondar queremos visitar la utópica Awra Amba, la comunidad de la igualdad. Para ello, tenemos que coger un minibús a las 6 de la mañana, así que hoy habrá que preparar los macutos y acostarse pronto. Un tuc-tuc nos recogerá a primera hora.

Awra Amba, la Walden II etíope.

La estación de autobuses de Bahir Dar está a las 6 de la mañana ya en ebullición. Cientos de autobuses (Level 1, los mejores) y minibuses salen desde ahí a primera hora. Muchos de los destinos te ocupan un día entero de viaje, desde el amanecer hasta el atardecer, por lo que una salida temprana es imprescindible. Por ello son las 6 de la mañana hora punta.

El conductor del tuc-tuc nos lleva directamente al minibús correspondiente. En cuánto entra un faranyi en la estación se convierte automáticamente en el centro de todas las miradas, solicitudes y también de risas. Debe ser gracioso ver en sus rostros la indeterminación y la duda de no saber dónde subirse para llegar al destino que tengan en mente. Por no hablar de la risa que provoca la cara del guiri cuándo le hablan en amhárico y no entienden nada. Me pongo en el pellejo del local y me entra la risa.

El trayecto a Awra Amba es rápido, apenas una hora. Hay que coger el minibús que te lleva a Debre Tabor, avisar al conductor de que te apeas en el cruce a Awra Amba y ya está. Nos cuesta el viaje 60 Birr con macuto en el techo.

Nos subimos a la parte de atrás del minibus, que es de tamaño similar a nuestra VW T4 pero dónde caben más mal que bien 17 personas (!). Se divide en cuatro filas de tres asientos cada una, dónde se sientan 4 o hasta 5 personas. A pesar de coger un buen sitio, temo por mi espalda, que sufre de hernias desde hace años. 

Un chico que habla algo de inglés y se sienta a nuestro lado nos enseña durante el trayecto unas nociones super básicas de amhárico. Los etíopes rebosan bondad. Durante el viaje no nos encontramos más que sonrisas.

El bus nos deja en el cruce del camino. Para llegar al pueblo hay que caminar aun 2,5 kilómetros, o esperar a que te recoja un tuc-tuc y te lleve al pueblo por 10 Birr. 

La aldea

Entrada al pueblo

Awra Amba es una rareza imprescindible. Forman una comunidad donde la máxima es la igualdad. Cuatro leyes son inquebrantables y de obligado cumplimiento para aquellos que formen parte de la comunidad:

  1. Igualdad absoluta entre seres humanos, sin importar el género, raza, edad o condición. Esto incluye el reparto de tareas, dónde no es difícil ver hombres cocinando injera.
  2. Respeto a los derechos de la infancia. Esto incluye la prohibición del trabajo infantil y el derecho a la educación, que garantiza la comunidad.
  3. Solidaridad con aquel que no sea capaz de trabajar, ya sea por deficiencia física o de cualquier otra índole
  4. Erradicar la mala palabra y la mala acción. Consideran que el ser humano debe ser consciente y responsable de su palabra y de sus actos.

Organización

En la comunidad viven unas 140 familias y 550 miembros. Todos ellos reciben una casa, que se divide a su vez en un living room / dormitorio y en una cocina, separadas por un pequeño recibidor. En cada unidad familiar viven alrededor de cinco personas. 

La comunidad la dirige un comité de sabios elegidos de manera asamblearia. Los temas más importantes se les asignan a ellos. Se establecen diferentes comités encargados de discernir grandes temas de una temática determinada (seguridad, política territorial, economía, etc.). A su vez se sub-dividen en grupos al mando de un team leader, encargado de tomar decisiones diarias o discusiones que puedan ser resueltas sin necesidad de escalación.

Historia y día a día en Awra Amba

Al visitante lo recibe directamente el fundador de la comunidad en el centro de información. El papel de este señor, que fundó la comunidad a mediados de los 70, es meramente informativo. Nos ofrece una charla traducida por nuestro guía y responde a las no pocas preguntas que le hacemos. En la aldea tampoco tiene un papel legislativo o ejecutivo, sino de simple embajador. 

Awra Amba fue creada en los años 70 y pasó no pocas penurias, siendo expulsada varias veces por el gobierno y tribus colindantes, forzándoles a asentarse en la selva. Hoy en día gozan, por fin, de la seguridad de ser considerados oficialmente comunidad. Actualmente ocupan legalmente 17 hectáreas de terreno y están asentados definitivamente. 

Trabajo, Economía

De manera asamblearia se reparten las tareas y trabajos entre la comunidad, a partir de una determinada edad. Sin importar el género o la condición, el trabajo (el cuál es obligatorio) se reparte en función de las aptitudes. 

Telar

La principal actividad económica de la comunidad, a parte del turismo, es el textil y el trabajo del algodón. Esto es muy habitual no solo en Awra Amba, sino en todo Etiopía. Aunque lo que en otras partes de Etiopía es un trabajo masculino, en Awra Amba se dedican al textil tanto hombres como mujeres. 

Almacén y embotellado

Otra importante fuente de ingresos es la producción y venta de aceite. También ahí es común ver a mujeres y hombres trabajando mano a mano. Huelga decir que esto, que es normal en Occidente, choca bastante verlo en África. Los propios etíopes de otras partes del país conocen de la existencia de esta comunidad y se mofan del hecho de poder ver a hombres haciendo injera. 

y Educación

Chavales en el Kindergarten

La comunidad dispone de un Kindergarten, una biblioteca pública y un colegio de primaria (hasta 10º grado). 

Escuela

La biblioteca se nutre en parte de donaciones hechas por diferentes ONGs y particulares. 

La comunidad cuenta también con una residencia de ancianos, un restaurante y un hotel muy sencillo.

Biblioteca pública

 

La visita a Awra Amba ha sido todo un acierto. Hemos descubierto una cara totalmente diferente de Etiopía y visto con nuestros propios ojos la aplicación de un ideal que no debiera de parecernos utópica. La igualdad y el respeto llevadas a cabo contra viento y marea; en un país y un continente con problemas mucho más serios, como el hambre y la pobreza.

Decidimos caminar los dos kilómetros y medio de vuelta a la carretera, pensando en lo que acabamos de ver. 

Lalibela

Cuando alguien piensa en Etiopía piensa en Lalibela. Y dada su importancia y para evitar dejarme algo importante, empiezo copiando este link. 

Lalibela, segunda parte de un viaje de ocho días por Etiopía

El enviado de Dios 

Lalibela era el rey de Etiopía. Cuenta la leyenda que cuándo éste murió, Dios le recibió en el cielo y le dijo que tenía una misión que cumplir. No estaba preparado para descansar eternamente. 

La misión era levantar una ciudad sagrada, replicando Jerusalén, al otro lado del Mar Rojo. Y tenía que hacerlo rápido. 

Lalibela eligió para ello la antigua ciudad de Roha, situada a más de 2000 metros de altitud en pleno highlands. La ciudad contaba con la propiedad de estar rodeada de una roca basáltica relativamente blanda. Lalibela se puso al tajo y empezó a cavar en la roca. 

En tan solo 23 años, Lalibela fue capaz de crear de la nada once iglesias bajo tierra firme. Todas en una sola pieza, cavando y tallando sin descanso. Según cuentan los habitantes de la zona, semejante éxito en tan corto espacio de tiempo solo fue posible por la inestimable ayuda de los ángeles, que daban relevo al gran Rey cuándo sus celestiales manos y músculos exigían descanso. 

El resultado: un inmenso complejo de iglesias ortodoxas, divididas en tres grupos separados por el primo hermano del Río Jordán. 

Maravillas arquitectónicas

Desde el momento en que Lalibela terminó su obra, convirtió Roha (que adoptó el nombre de su divino Rey) en centro de peregrinaje de todos los etíopes coptos y en una de las dos ciudades santas de Etiopía, junto a Axum. 

Detalle del Interior

 

Recorriendo la ciudad

Nos alojamos en el Hotel Jerusalén (la referencia bíblica y las de booking nos convencen). No es lo más barato, pero está bien de precio. Tienen un restaurante y casi siempre tienen la injera beyaynetu (con verduras), que es la que más le gusta a María. Cocinan bien y es agradable, así que comemos casi siempre allí. Desde el hotel se llega andando a las iglesias en unos 10 minutos cuesta arriba. Como nos gusta andar, no cogemos nunca el tuc-tuc, pero se nota la altitud y cansan esos 10 minutos, la verdad. 

Visitando las iglesias

Hay que pagar unos 400 Birr (unos 12 euros) por persona para visitar las iglesias. La entrada vale por cinco días. En otras cosas puedes ahorrar en Etiopía, pero no en eso. Contratamos, por 100 Birr adicionales, a Addisu, un joven guía local majísimo, que nos va a acompañar todo el día y a explicarnos cada detalle de cada iglesia. 

Las iglesias se encuentran agrupadas en tres grupos. En el primer grupo, al norte del río Jordán y más cerca de la entrada principal del complejo, destacan las iglesias de Bet Medhane Alem (El Salvador del Mundo), con las características 72 columnas que rodean todo el exterior y representan los 72 discípulos de Jesus, algunas de las cuales aun se conservan en su estado original (otras, por el contrario, fueron reconstruidas a mediados del s. XX). Esta iglesia es la de mayor tamaño de todo el complejo.

Iglesia de Bet Medhane Alem, con sus incónicas columnas

Otra iglesia top es Bet Maryam (Santa María), la más antigua de todo el complejo, donde todos los detalles de su sencilla fachada representan pasajes bíblicos. 

 

Addisu no escatima en detalles. En cada iglesia de repiten ciertos detalles. En el exterior de cada iglesia se pueden encontrar al menos dos accesos a la capilla central. Uno solo puede ser utilizado por hombres y el otro por mujeres. En aquellas iglesias con tres accesos, aquel mejor y más céntrico situado es de exclusivo uso del priest. También en el exterior de las iglesias se encuentra una especie de pilón. Addisu nos explica del uso baptismal del pilón (hasta ahí bien) y de una no poco curiosa tradición por la cual mujeres que quieren quedarse embarazadas acostumbraban a meterse en esa pila, mientras nosotros no nos podemos creer que alguien se meta motu propio en ese agua estancada rebosante de vida bacteriana… 

Por su parte, en el interior llama la atención el nivel de detalle en todos los grabados (como se aprecia en la foto de más arriba). Cuesta creer que sea posible crear algo así de una sola pieza de roca. Es sencillamente espectacular. A diferencia del Tesoro de Petra, aquí los arquitectos y artesanos cuidaron cada pequeño detalle tanto del exterior como del interior de TODAS las iglesias. 

En la parte central de la iglesia, como en cualquier iglesia copta del país se encuentra el altar, repleto de imágenes e iconos. Abundan referencias a San Jorge es su icónica matanza al dragón y del Arcángel Gabriel salvando a tres niños de la muerte por fuego pagano (¡menuda imaginación el creador de estas historias!). Addisu disfruta contando la historia detrás de cada imagen. 

Nuestro guía Addisu

Después de visitar todo el sector norte nos vamos a comer los tres a un sitio que nos recomienda Addisu. El menú: Injera (¡sorpresa!) beyaynetu para María. Yo pido lo mismo que Addisu, Injera con pollo y una salsa picante (no recuerdo el nombre). Con perdón, ¡está asqueroso! Como lo que puedo y no me lo termino, que me preocupa ponerme malo. La comida, al margen de mi plato, es muy agradable. El restaurante está situado cerca del centro del pueblo (si se puede llamar así), tiene una terracita dividida en una especie de cubículos con mesa y asientos de hormigón (con un cojincito que lo hace bastante cómodo) que proporcionan cierta intimidad, sombra y cobijo. Addisu nos cuenta historias de su vida en el pueblo. Es un chico muy religioso, super orgulloso de su procedencia (de la estirpe del Rey Lalibela) y de sus iglesias. Tiene unos 25 años, y espera pacientemente a ESA mujer, la única persona con quien quiere estar toda su vida y a la que no le preocupa en absoluto esperar el tiempo que haga falta. Nos habla del sida, la gran peste africana, que se lleva a demasiada gente por delante y hace que muchos niños crezcan huérfanos. También hablamos de música, y del gran Teddy Afro, un auténtico ídolo en Etiopía (os recomiendo de veras que lo busquéis en Youtube o Spotify).

Zona Sur

Después de comer volvemos a las iglesias y cruzamos el Río Jordán otra vez. En el camino, Addisu se separa para saludar a un hombre anciano que está despreocupado a la sobra de un árbol. Addisu besa cariñosamente el rostro del hombre, así como una cruz que éste lleva. Cuándo se despiden y nos juntamos, nos cuenta que ese hombre es su padrino, una figura importantísima en la sociedad copta. El padrino ha de ser un priest, y es el encargado de bautizar, confesar y hasta casar a sus ahijados. Addisu nos comenta entre risas que su padrino le echaría una buena bronca si le viera con alguna chica, bebiendo alcohol o fumando. 

Uno de los muchos túneles que conectan las diferentes iglesias

La zona sur del complejo tiene cuatro iglesias, Bet Amanuel, que llama la atención al ser una copia de la Gran Iglesia de Axum, Bet Merkorios, Bet Abba Libanos y Bet Gabriel-Rufael (en honor a los Arcángeles). Un poco más alejada y solitaria está la joya de la corona, Bet Giyorgis, la iglesia de San Jorge (otra vez, el famoso San Jorge). Esta iglesia de forma de cruz es la más icónica de las once iglesias de Lalibela. También fue la última iglesia que se construyó. 

San Jorge

La iglesia es centro de peregrinaje desde toda África. En sus aledaños descansan cuerpos desde hace siglos de peregrinos, que al terminar su viaje y llegar y contemplar la belleza de San Jorge decidieron quedarse ahí hasta sus últimos días. Alguno de esos cuerpos descansan momificados sin tumba alguna y desgraciadamente a la intemperie. 

A la iglesia se le accede por tres puertas. Una para hombres, otra para mujeres y la central para el cura. 

El cuerpo de la iglesia se divide en tres partes, delimitadas por relieves horizontales. Solo la última de estas partes tiene ventanas. El motivo, según Addisu, es que la iglesia representa el Arca de Noé, en cuyos dos pisos inferiores (bajo el nivel del agua) se encontraban los animales y solo en el superior, Noé y los suyos.

grupo rezando en San Jorge

Uno de los grandes días en Lalibela es, cómo no, el día de San Jorge. Y, ¡sorpresa!, es pasado mañana. 

Nos despedimos de Addisu. Ha sido un guía excepcional y nos ha encantado estar con él. A la salida del complejo hay una marabunta concentrada y gritando. No sabemos qué pasa. Preguntamos y nos dicen que es un funeral. Al parecer la fallecida es una mujer de apenas 40 años. El maldito sida es el culpable.

Recorriendo la “otra” Lalibela

Más allá de las iglesias, Lalibela se presenta como un pequeño poblado diseminado entre las colinas colindantes. Nos adentramos para dar un paseo y conocer un poco la zona. Nos asaltan continuamente chavales y no tan jóvenes preguntando si nos hemos perdido y si puede que necesitemos un guía. Yo llevo una camiseta del Atleti, lo que da para muchas conversaciones. El paseo es agradable, pero cansados de ser el centro de absolutamente todas las miradas, decidimos dar la vuelta y volver a alguna zona más concurrida. 

La zona central de Lalibela es el centro logístico de salida y llegada de vehículos de todo tipo, tanto de carga como de turistas. Una sede del Banco de Etiopía, oficina de cambios y algunas tiendas se encuentran ahí. 

Se nos ha antojado un batido de frutas como el que tomamos en Gondar. Preguntamos y un chaval muy simpático se ofrece a acompañarnos. Nos lleva a un bar cerca del centro con un cartel en la puerta con muchas frutas. Tiene pinta de ser lo que buscamos. Dentro, se apilan decenas de cajas llenas de aguacates del tamaño de mi cabeza. Pedimos dos zumos de aguacate, claro. 

Los zumos aquí no te los bebes, te los tomas a cuchara. No les echan agua  (lo que se agradece) y son espesísimos. Ahora bien, están increíbles. 

El mismo chico que nos ha llevado al bar nos está esperando en la puerta. Como está anocheciendo se ofrece a indicarnos el camino al hotel. Le decimos que buscamos una farmacia (tenemos los labios hechos polvo). El chico, raudo, nos llevaba a una farmacia y nos indica el camino al hotel. Le queremos dar algo, nos sabe mal, pero no acepta nuestro dinero. Lo único que señala es mi camiseta y me dice con una sonrisa que le encanta el fútbol y es del barsa. ¡Los antimadridistas nos entendemos allí dónde estemos!

Recorremos el par de kilómetros hasta nuestro hotel, por suerte cuesta abajo. ¡La injera de la cena nos está esperando!

El día de San Jorge

Es el día de San Jorge. Nos levantamos pronto para no perdernos nada. Queremos ver el amanecer cerca de la iglesia para hacer buenas fotos. Una vez estamos allí nos dicen que tenemos que esperar, porque están rezando. ¡Para eso madrugamos! Nos damos la vuelta para intentar colarnos. Por suerte, al poco acaba el rezo y el mismo hombre nos hace una señal. 

la visión es espectacular. Cientos de personas de blanco impoluto rezan, cantan y lloran. Dentro y sobre todo fuera de la iglesia se agolpan los fieles rezando, muchos con bebés en los brazos, a la espera de la bendición de alguno de los curas allí presentes. 

La imagen es increíble y te pone los pelos de punta. Se respira algo mágico en el ambiente, en los quejidos y cantos del personal.

Bajamos abajo y nos sentamos en un promontorio en una esquina. Simplemente nos dedicamos a observar y, de vez en cuando, sacar alguna foto. Tenemos la sensación de estar en un sitio mágico, contemplando un espectáculo único. 

Varios niños se nos acercan, algunos hablan inglés y quieren estar con nosotros. Otros simplemente nos piden dinero o artículos tan útiles como zapatos o bolígrafos. 

Estamos viviendo todo completamente embobados. 

Estamos disfrutando de nuestras últimas horas en Lalibela y este espectáculo es algo que no nos esperábamos. Mañana tenemos un viaje a Mekele de 9 horas para aproximarnos a la depresión del Danakil, otro de los highlights del viaje. 

Sentados en ese promontorio dejamos volar nuestra imaginación y repasar lo que hemos vivido hasta ahora en Etiopía. Pensamos en Lalibela, en su fervor y su historia, en el Rey Lalibela, que levantó estas once maravillas con su propias manos (¡aunque cualquiera puede con esa ayuda divina y angelical!), en esas iglesias cavadas en la roca, esculpidas al detalle en una sola pieza de más de 15 metros de altura. Pensamos también en Addisu y en lo que nos contó sobre cómo es la vida en el pueblo. Me siento muy afortunado de poder vivir esto, y de estar aquí sentado, en este promontorio. 

Se me interrumpen las cavilaciones. Llevo desde la mañana encontrándome un poco regular. Dolor de tripa. Mala señal. 

Salimos de la iglesia y subimos arriba. Nos quedamos un rato más disfrutando de todo esto. Pero nos vamos pronto de vuelta al hotel. 

Algo me ha sentado mal. Tengo que vomitar, y me siento destemplado. Me pongo el termómetro y me dice que tengo 38 de fiebre. Paracetamol y tententieso. Y al sobre, helado de frío. 

Y mañana toca viajar a Mekele……..

 

 

 

 

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3 Comments
  1. Responder

    Felisa Ares Ares

    20 marzo, 2019

    Hola!!
    Antes de nada enhorabuena por vuestro blog!! mil gracias 🙂
    Yo estoy pensando en que Etiopía sea el destino este Octubre, mi idea es darle un aire ‘deportivo’ al viaje, buscar sitios en los que correr, ir en bici … ¿tenéis publicado el itinerario por días? veo que fuisteis 3 semanas y yo tengo algo menos, inicialmente pensaba ir del 3 al 20 de octubre.

    Mil gracias!!!

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      sonsolesmeana

      21 marzo, 2019

      Hola,
      aunque Alejandro tiene más conocimiento porque recorrió más tiempo el país, te quiero dar mi opinión. Etiopía me pareció un país maravilloso que me engancho y eso que conozco muchos países africanos. La gente es amable y respetuosa lo que es muy importante. El país tiene muchos contrastes. Hay mucho que aprender y conocer en Etopía en cuanto a historia, sociología, antropología, etc. Es la cuna de la humanidad. Tiene mucha riqueza histórica por descubrir. El país es inagotable, las fuentes del Nilo, las tribus del sur (que no conozco), la Libela, Addis Abeba, sus ciudades, los poblados rurales, la pobreza, el comprender porque hubo tantas adopciones a nuestro país. Tenemos muchísimos niños etíopes criados en España. Lo entiendes cuando te acercas un poco a la realidad del país. Me da mucha pena que muchos de esos niños ahora algunos adolescentes, no conozcan lo interesante que es su país de origen. Los cristianos ortodoxos y su manera de celebrar sus ritos con sus túnicas blancas y sus danzas. Es raro no ser testigo de cualquier celebración aunque sea en una semana. Es un país fantástico y además es barato que también es importante. Alejandro tiene razón, la altura es brutal y te afecta, en LaLibela íbamos con la lengua fuera y mucha fatiga. No hay mosquitos pienso que por la altura. El hacer deporte no se yo si será posible en algunos lugares altos.
      No te arrepentirás de conocer este país único. Sólo su historia ya es para escribir cientos de libros.
      Un abrazo Sonsoles Meana

  2. Alejandro Figueroa Meana
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    Alejandro Figueroa Meana

    20 marzo, 2019

    Hola Felisa,

    aun tengo que terminar de escribir mi diario del viaje, a ver si lo termino pronto!
    El itinerario que seguimos fue: Addis – Bahir Dar – Awra Amba – Lalibela – Mekele – Depresión del Danakil – Addis – Arba Minch – Jinka – Valle del Omo (con base en Turmi) – Harar – Addis

    Todo en tres semanas, a buen ritmo!

    Sobre vuestra idea de recorrerlo activamente. Me parece una idea muy buena, pero tened en cuenta que gran parte de Etiopía está a gran altitud! El esfuerzo a 2000+ metros de altura se nota muchísimo. Yo vivo en Munich y estoy muy acostumbrado a los Alpes, me encanta moverme en altura… y en Etiopía se notaba bastante.

    Dicho esto, adelante y mucha suerte!! Que lo disfrutéis!

    Alejandro

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