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Diario de viaje Namibia

El Desierto de Namib, la belleza de Namibia en 12 días, 3 parte

By on 21 Octubre, 2017

(Damaraland y la Costa de los Esqueletos, la belleza de Namibia en 12 días, 2 parte)

El Desierto de Namib tiene dunas tan altas como montañas de un rojo impactante junto a destellantes lagos de sal que componen un escenario alucinante

Valvis Way-Desert de Namib, 20 de noviembre

Abandonamos la costa de Valvis Way. Nos vamos al maravilloso desierto de Namib. Es una ruta larga. Unas cinco o seis horas de viaje. Namibia es un tremendo desierto o páramo donde no hay nada salvo animales pero el paisaje hacia el desierto va cambiando.

Namibia un paraiso

Bordean la carretera dunas que protegen nuestro camino. Las carreteras no están asfaltadas en casi ningún punto del país. Nos alejamos de la costa dejando atrás la espesa y asesina neblina de la Costa de los Esqueletos, con su paisaje de desolación y muerte. Salimos al sol azul, radiante y caluroso del desierto. Ya empezaba a preguntarme si en algún momento volvería a ver el sol.

Namibia es insuperable

Vamos camino al Desierto de Namib, Ahora nos rodean maravillosas montañas, paisajes únicos, impresionantes cordilleras de montes, macizos y cumbres. Los paisajes me dejan muda. Entramos en el Parque Nacional de Namib-Naukluft. A ambos lados de una carretera de grava abundan antílopes de todo tipo, desde ligeras gacelas springbook a orices, avestruces y todo tipo de animales.

Tropico de Capricornio

Vamos a dormir en una guest farm que es una granja que admite huéspedes. Estamos un poco desconcertados. No sabemos si nos esperan unos granjeros deseosos de entablar conversación con los viajeros que pasan por allí o qué nos vamos a encontrar. Nunca nos hemos hospedado en una granja.

Como siempre, en este viaje no llevamos nada reservado. Se nos está complicando el hospedaje. En Namibia hay bastante turismo de élite y quizás poca oferta de alojamientos. La granja es la única opción que hemos encontrado. Habríamos querido ir a algún campamento que se ajustase a nuestro presupuesto pero no hemos encontrado nada disponible.

La granja se encuentra a 40 kilómetros de camino de tierra del Desierto de Namib. Nos vamos turnando para conducir. Las pistas de tierra y el tremendo calor producen sopor y somnolencia para llevar el coche. No hay nada, Ni pueblos, ni gente, ni árboles, ni siquiera vegetación, sólo algún animal a los bordes de los caminos.

Namibia es un paraiso

Llevamos cuatro horas de camino interminable de arena y grava. No me lo creo, por fin, vemos una gasolinera y cuatro casuchas desde que dejamos la costa. El lugar se llama Solitaire. Es una polvorienta parada. En nuestro viaje al desierto, Solitaire significa la última oportunidad para repostar gasolina o comprar cualquier cosa antes de entrar a Sossusvlei, el corazón del desierto de Namib.

Tiene un bonito café con unas tartas alemanas espectaculares. Nos acechan cientos de ardillas y pájaros por si nos dejamos el fantástico strudel de manzana inequívocamente alemán. Es un sitio infinitamente sórdido al más puro oeste americano.

Gasolinera de el Solitaire

Gasolinera el Solitaire donde no llueve nunca

Seguimos la ruta hacia el desierto y llegamos a la granja.

Se llama Weltevrede. Una indicación en la pista nos avisa de la granja que resulta ser una sorpresa. A la puerta nos encontramos a unos pequeños niños blancos jugando. Esta granja esta en mitad de la nada. No hay una sola casa en cientos de kilómetros. Lo más cercano es la gasolinera que dejamos muchos kilómetros atrás.

Una granja cerca del Desierto de Namib

Nos sale al encuentro una señora de unos 65 años. delgada, enjuta, demacrada, melena larga sin teñir, seria, antipática, desaliñada, vestida sin ningún cuidado como suelen vestir las mujeres de los boers sudafricanos. Nos explica aburrida y ausente como funciona la granja. Aclara que la cena es a las siete y media, ni un minuto antes ni un minuto después, cenamos todos los huéspedes a la vez.

Muy orgullosa nos enseña la piscina. Nuestra habitación da directamente a la selva. Nuestros amigos se instalan a nuestro lado.

La piscina de la granja

A las puertas del Desierto de Namib

Nuestra habitación tiene un porche muy cerca de una pequeña charca. La granjera nos avisa que ¡ojo! se acercan leopardos a beber por la noche y todo tipo de animales. Nos pide que estemos alerta y que tengamos cuidado. A mi este lugar me parece fascinante. Me encanta mi habitación y su porche, la granja, la charca, los animales que merodean y el agua para abrevar. La posibilidad de que se acerquen los leopardos me llena de emoción. Esta granja es una locura, absolutamente fantástica. Estoy en el paraíso. No esperaba nada y tengo mucho más de lo que jamás hubiera imaginado en la granja. Nos instalamos. Nos vamos a acercar en un rato al rojo desierto de Namib. Estamos relativamente cerca. Aunque mañana vamos a dormir en un logde a la entrada del desierto, hoy queremos saborear el paisaje único de sus rojas dunas y del contraste azul del cielo.

El Desierto de Namib que es fantástico

El Desierto de Namib nos deja sin palabras. Es absolutamente indescriptible, bellisimo, fantástico, y único.

El Namib es el desierto más antiguo del planeta. Tiene una longitud de 2.000 kilómetros, de los que 1.400 corresponden a la costa namibia. Sus vastos mares de dunas nacen al pie del Atlántico para llegar a alzarse en su interior a 1.000 metros sobre el nivel del mar. La arena roja de sus dunas es originaria del Desierto del Kalahari. Hace cinco millones de años, el curso del río Orange, la transportó desde el interior del continente hacia el Óceano llegando a formar las dunas actuales.

Increíble Desierto de Namib

Mientras recorremos esta maravilla, vemos avestruces y orices por cualquier lado. Esto es una auténtica pasada. Nunca pensé que iba a encontrar un sitio tan bello. Nos detenemos en la duna 45. Es inmensa, roja, intentamos subir a su cima. Imposible, nos abrasamos los pies. No voy preparada, como siempre, con unas sandalias imposible subir.

El Desierto de Namib es fantástico

El corazón del Desierto de Namib

El coche solo puede llegar hasta un punto, a partir de ahí, necesitamos 4*4 o coger un coche del parque que nos acerque a los lugares más innacesibles donde están los lagos de sal. Esta parte la vamos a dejar para mañana que tenemos que volver a la granja. Sería una pena no disfrutar de un sitio tan fabuloso al caer la tarde. En Namibia anochece a las siete y el ocaso es siempre sublime.

Antes debemos quitarnos el polvo del desierto. Llegamos sucios hasta las orejas. Se te mete el polvo hasta la garganta. Nuestro coche tiene un color irreconocible y nosotros también. Al final del día, mi pelo es una pasta. Necesitamos disfrutar de nuestro porche mientras la tarde cae viendo como los animales se acercan a abrevar a la charca que tenemos delante, con la sorpresa y la inquietud de ver si los leopardos se acercarán a beber.

Charca con animales en la granja

La charca se encuentra muy transitada cuando empieza la tarde. Hay springboks por todas partes. También vemos numerosas gallinas de guinea merodeando. Es una maravilla el crepúsculo, la granja, nuestro porche y la charca. Nos espera una cena en una preciosa palloza a las siete y media a todos los huéspedes de la granja. No somos los únicos. Hay un buen grupo de italianos. La cena es exquisita, servida por unas chicas de color que trabajan para los granjeros. Las negritas se han puesto a cantar, así sin más. Canciones africanas, voces de África, coros africanos que te trasladan a lo más auténtico de este continente mágico. Escuchamos las canciones únicas y evocadoras. La experiencia de la granja ha sido magnífica.

Desde mi cama puedo ver la charca, está iluminada.

Atardecer en el Desierto de Namib

La noche se llena de sonidos. Namibia no tiene casi gente pero hay animales por todas partes. Duermes en una granja y los animales salvajes se acercan hasta tu puerta. Este país es diferente a lo que conozco. Durante la noche, no puedo evitar no acercarme a mi ventana para ver que se cuece en la charca. Observar si hay animales merodeando o bebiendo agua.

Animales por todas partes en el Desierto de Namib

Los animales son muy activos al amanecer. No hay ningún leopardo. Me quedo sentada esperando a que mis amigos estén preparados para acercarnos a desayunar y seguir nuestro camino hacia el desierto.

Desayunamos en una palloza preciosa, zumos de frutas tropicales, papaya, mangos, tostadas, yogures y nos ponemos en ruta con la pena de dejar este lugar increíble. Ha sido un acierto parar en esta granja de granjeros namibios donde es muy posible que los leopardos bajen a abrevar a la charca al lado de nuestro porche.

Ahora llegamos al corazón del Desierto de Namib. Hemos cogido un lodge, de esos que son para encerrarte y no salir, disfrutando de toda la exclusividad que te ofrece. Se llama “Sossusvlei Lodge”. Se encuentra situado a la entrada del desierto. En Namibia no hay término medio, o sitios muy caros, u otros más asequibles pero dónde ya no hay plaza. Hay que decir que es un lodge fantástico.

Desierto de Namib, 21 de noviembre

Estoy sentada en la puerta de mi tienda. Una construcción preciosa, mitad lona, mitad ladrillo rojizo como es la tierra del desierto de Namib mirando hacia las montañas de África. Namibia es la belleza absoluta.

En mi tienda a la entrada del Desierto de Namib
Las tiendas son fantásticas. Me recuerdan a los campamentos del Desierto del Kalahari. Tienen un pequeño porche para sentarte a ver caer la tarde.

El lodge esta situado a los pies de las montañas y a la puerta al desierto más rojo y más antiguo del planeta. Nos ha costado mucho encontrar dos tiendas porque no teníamos nada reservado Es un sitio caro pero merece la pena.

Estoy a la puerta de mi tienda y me invade la pena de sentir que este viaje fantástico se acaba. Mañana es nuestro último día y tengo la sensación de que nos dejamos muchas cosas sin ver. Doce días han sido suficientes para disfrutar de la increíble, incomparable e inmensa belleza de Namibia, pero me sabe a poco.

La entrada del Desierto de Namib

Este país es de una belleza tan soberbia que necesitaría muchos más días para saborearlo sin perder detalle. Los doce días nos han permitido conocer de pasada, la capital, Windhoek, el Parque Nacional de Etosha, la zona de Damaraland, la costa de los Esqueletos, la franja litoral comprendida entre Walvis Bay y la ciudad marinera de Swakopmund y el fascinante desierto de Namib. Pero Namibia es mucho más, lo sabes, lo percibes y lo sientes. Te quedas con la ansiedad de haber perdido infinitos lugares, inagotables, increíbles y evocadoras imágenes de África.

Estoy a la puerta de mi tienda y no puedo describir la belleza de la tarde que cae lentamente. Empiezo a escuchar el canto de los pájaros y el susurrar de insectos que solo se perciben en esta parte del mundo.

Nuestra cabaña en la entrada del Desierto de Namib

Este continente fantástico es muy diferente. No tienen nada que ver los países africanos del Golfo de Guinea con el África Central y mucho menos con la parte del Sur de África donde ahora nos encontramos. Si tengo que elegir, la más absoluta de las bellezas se encuentra aquí. Las más hermosas imágenes de África, las más sugerentes, esas fotografías con las que sueña cualquier fotógrafo se descubren en estos horizontes inigualables. El África del Sur.

El Desierto de Namib y sus montañas

Las imágenes que jamás se olvidan, montañas increíbles, colores ocres, intensos, violentos, cientos de matices cuando cae el sol de la tarde, sólo los he visto aquí. los más impetuosos contrastes, el amarillo, el rojo más penetrante, los árboles más africanos, las acacias más soñadas, sólo las he encontrado en este lugar.

Los atardeceres más inolvidables. Los rincones más especiales sólo los he visto aquí. Jamás voy a olvidar este paísaje, lo que mis ojos vieron, lo que mi retina pudo guardar. Son los paisajes con los que siempre y eternamente soñaré.

Mi África soñada, mi África amada y querida, como te voy a echar de menos. Voy a enfermar de nostalgia al recordar lo que me has regalado en este viaje mágico y único.

Esta mañana hemos vuelto al desierto.

Mis amigos en el Desierto de Namib

Hemos querido coger una avioneta para sobrevolarlo pero ya no había plaza. Hemos perdido una ocasión única. No se debe perder ninguna oportunidad porque nunca se vuelve a repetir una ocasión.

El desierto esta precioso a cualquier hora del día. Tiene lagos de sal que son fantasmagóricos pero de una hermosura que no he visto en ningún lugar. En un 4*4 hemos llegado a las dunas más inaccesibles, subido y bajado dunas rojas que abrasaban los pies.

Lagos de sal en el Desierto de Namib

Fantásticos lagos de sal en el Desierto de Namib

Esta tarde nos quedamos en el logde. No hay nada como ver pasar la tarde, observar como las montañas cambian de color y de intensidad a medida que el sol va cayendo. La maravilla de ver como se acercan gacelas, orices, avestruces, etc. Ha sido un día perfecto. Vamos a cenar en el restaurante del logde que es insuperable.

Otro lago de sal en el Desierto de Namib

Mañana nos vamos a Windohek

Desierto de Namib-Windohek, 22 de noviembre

El viaje va a ser largo. Unas seis horas por carreteras sin asfaltar. No vamos a salir pronto para disfrutar de la noche y de un desayuno pausado y tranquilo. Tampoco vamos a entrar de nuevo al desierto aunque nos quedamos sin verlo con la luz del amanecer. Volvemos a Windohek. Tenemos mucha carretera por delante.

La entrada al Desierto de Namib

Tenemos previsto parar a dormir en una reserva de animales a unos 20 kilómetros de Windhoek, última noche para despedirnos de la naturaleza mas abrumadora. La capital de Namibia, Windhoek no nos engancho. Era pequeña, destartalada y no tenía vida. Es posible que no le dimos tiempo para sacarle el jugo, si es que lo tenía.

El viaje se complica. Llevamos un Tom tom pero lo que parece es un tonton que nos da información confusa. Nos hemos equivocado de ruta. No hay carreteras asfaltadas sólo pistas de tierra. El error supone 150 kilómetros más de grava y polvo agotador.

Hace mucho calor y tenemos arena hasta en el estomago. Llevamos 400 kilómetros y esto no acaba. Hay que dormir en Windhoek. Se hace de noche y no tiene sentido acercarnos a la reserva.

Son las siete de la tarde, estamos de tierra hasta arriba y mañana nuestro avión sale a las 14 horas. No nos queda tiempo más que para salir tranquilamente a cenar y despedirnos. Nos hemos quedado en una guest house en otra parte de la ciudad.

Windhoek esta desierta. Es domingo y parece que aquí no vive nadie. Nos parece tan fea como el primer día. Además, es aburrida y no tiene ningún ambiente. No hay un alma por las calles. Los pocos restaurantes que vemos, cerrados. Cenamos en el mismo sitio que el primer día. No hemos encontrado otra opción por increíble que parezca.

Nos despedimos de Windhoek y nos despedimos de Namibia contentos y satisfechos.

El país nos ha enamorado pero con la sensación de que nos falta mucho por ver. Si volviéramos a empezar, reinventariamos de nuevo el viaje con lo que ya conocemos.

Estamos fascinados con la belleza de este país pero sin embargo, nos gustó mucho más, su vecina Sudafrica. Johanesburgo rezuma vida por todas partes. Es una de las grandes megaciudades de África. Windohek se parece a una pequeña ciudad de provincias de España.

Namibia es una postal. Una especie de girilandia, turismo de élite, lujosos logdes, coches de safari, todo preparado y dirigido a este tipo de turismo elitista pero le falta vida, pulso, el látido africano que tanto me gusta. No ofrece el palpitar vibrante de otros países africanos donde sale gente de cualquier lugar con miles de increíbles historias que contar. Namibia es muy bella pero nada más. Te enseña imágenes fantásticas para los mejores fotógrafos del mundo pero no te aporta nada más.

Ha sido interesante saber que existen paisajes tan bellos pero volveremos una y otra vez a Sudafrica. Namibia ya la hemos conocido. No nos puede dar ya más. Sudafrica es inagotable.

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