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Carnaval de Bissau hay que verlo para creerlo
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El carnaval de Bissau, hay que verlo para creerlo

By on 18 Febrero, 2017

1 de marzo

Sábado nublado en Madrid. Esta tarde volamos a Dakar para enlazar mañana con un vuelo que nos lleve a Guinea Bissau. Siempre que vuelo al continente africano estoy nerviosa, llena de ansiedad y miedo. No puedo evitar el temor a volar o a no volver a casa. El continente negro siempre es aventura, siempre es sorpresa, siempre es novedad y siempre tiene algo de locura. Siempre quiero volver pero siempre tengo miedo. Generalmente desaparece cuando me subo al avión y ya no pienso en nada más, simplemente me dejo llevar por mis emociones, por cada sensación, por cada impulso que son insuperables. Esto es lo que hace fascinante cada rincón de África.

Recorro Madrid llena de emoción preparando las últimas cosas antes de empezar el viaje. Esta vez van a ser escasamente nueve días, de sábado a domingo, corto pero intenso, vamos a los carnavales de Bissau, únicos en África. El viaje promete muchas emociones. El carnaval tiene que ser brutal.

Una pareja en Bissau

Hemos llegado al aeropuerto de Barajas con tiempo pero pronto empiezan los problemas. En el vuelo hay overbooking. Las compañias venden mas billetes de un vuelo que plazas existen. Nos hemos quedado de piedra, bloqueados y conmocionados. No volamos a Dakar y perderemos la conexión a Bissau de mañana que nos ha costado una pasta. Nos ha explicado el supervisor del aeropuerto que el overbooking es legal. El tío era chulo y prepotente. Su discurso lo ha acompañado de esta alentadora frase “usted hoy ha tenido mala suerte”.

Chica durante el carnaval de Bissau

Chica durante el carnaval de Bissau

Al final, tras unas horas vagando por el aeropuerto, llenos de angustia, nuestro problema se ha solucionado. Nos han metido como reyes en business. El viaje esta resultando maravilloso, vinito y super cena pero la angustia ya no nos la quita nadie. Llegamos a Dakar agotados aunque hemos dormido en nuestras super camas de business como lirones durante el vuelo. Al llegar a Dakar no hace calor. Esto es el clima de África, no hay quien lo entienda. Esperaba encontrarme con un calor sofocante e insoportable por volar en época seca, Recuerdo mi viaje por la República de Benin en marzo, años atrás. Nunca en mi vida había pasado más calor. Ahora la temperatura es fría, no me sobra el jersey, ni la chaqueta.

Un hombre en el Carnaval de Bissau

Nos vamos a quedar a dormir en “La Cabane du pecheur”, un hotelito precioso a diez metros del mar en la playa de D’Ngor. Vamos a tomar para relajarnos una cerveza al borde del mar. “La Cabane du pecheur” la descubrimos el año pasado recorriendo los barrios de Dakar más cercanos al aeropuerto. Hemos dormido como angelitos.

La playa de N'gor

La playa de N’gor

A las cuatro de la madrugada tenemos que ir al aeropuerto a coger el ansiado vuelo a Bissau, la capital de Guinea Bissau. Vamos a volar con “Air Senegal”. Hemos acordado con un taxista que nos lleve al aeropuerto de madrugada. Suena el despertador y una losa de mil kilos me impide levantarme. En el aeropuerto pronto hay nuevas noticias. Este viaje empieza a complicarse. En el panel aparece nuestro vuelo con salida a las diez de la mañana cuando se supone que debe salir con destino Bissau a las siete. No entendemos nada.

Un chico mirando durante el Carnaval en Bissau

En la oficina de Air Senegal nos informan que el vuelo se va a retrasar hasta las ocho de la tarde por una tormenta de arena que nos impide aterrizar en el aeropuerto de Bissau. Estamos tan cansados que decidimos volver al hotel para dormir un rato. Nos levantamos como nuevos. Tenemos que volver al aeropuerto para enterarnos de nuestra situación. Los carnavales se alejan de nuestra vida y Bissau empieza a convertirse en algo inalcanzable. Encontramos un pequeño café para desayunar donde como suele ocurrir en Dakar nos meten una buena clavada. Un delicioso café con pain au chocolate con el aroma del África francófona. Los países del África Negra que fueron colonias de Francia conservaron y heredaron los deliciosos desayunos con croissants de Paris y todo tipo de exquisitos bollos con sabor a mantequilla y inequívoco olor a los Campos Elíseos.

Chica durante el carnaval de Bissau

Chica durante el carnaval de Bissau

Tras el desayuno y de vuelta al hotel, un paseo en cayuco hasta la isla de N’gor, pequeña y preciosa. El Atlántico a tus pies, salvaje, brutal, espectacular. El día va transcurriendo con calma,  incertidumbre y asombro ante esta forma de hacer africano. Nunca nada es lo que parece y todo puede ser mucho peor.

Una niña en la playa de N'gor

La comida en “La Cabane du pecheur” es fantástica. No puedo evitar no comer pescado fresco del Atlántico a sabiendas de que no debo sino esta congelado porque no tengo certeza de que el virus del que acabo de salir y que me ha dejado como a una anciana de cien años no haya sido anisakis. Es imposible no llevarme por mis pasiones y no saborear este increíble pescado que ya no  existe en España.

Son las cinco de la tarde del domingo y nos ponemos en marcha de nuevo al aeropuerto. Todavía nos quedan más sorpresas y unas seis horas de espera. El avión va a salir a las doce de la noche de Dakar y llegaremos a Bissau a las dos de la mañana.

El vuelo ha sido bastante cómodo y tranquilo para ser la primera vez que desde el accidente aéreo que tuvimos volviendo de Irán NO tengo que tomar algo para poder controlar el pavor a volar y que me haga superar el miedo a los aviones y mucho más a los vuelos locales.

Una calle de Bissau

Una calle de Bissau

Es increíble como funciona Air Senegal, información cero, razones técnicas, tormenta y la gente no protesta, nadie, nadie se queja ni se lamenta aunque salga un avión con veinte horas de retraso. Esto es África y forma parte de como funcionan las cosas en este continente. No hay prisa para nada, NO PASA NADA, si hay que esperar veinte horas, se espera con una sonrisa, lo raro es que no se pongan a bailar en el aeropuerto mientras despega el avión. Todo se toma con calma, con ligereza, lo mismo que en nuestra sociedad europea. La gente se hubiera desesperado y vuelto loca a la media hora de retraso. Nosotros llevamos la agresividad a flor de piel por nada. Aquí todo es normal.

Carnaval de Bissau mujeres

Luego nos enteraremos charlando con un funcionario español que trabaja en Bissau que “Air Senegal” pone de excusa la tormenta de arena cada vez que no llena un avión. El avión no despega hasta que no esta completo igual que los autobuses, los taxis compartidos o cualquier otro transporte público. Hay que completar para que sea rentable. Como no haberlo imaginado. C’est l’Afrique.

Una chica mirando durante el desfile del Carnaval de Bissau

Hemos llegado alrededor de las dos de la mañana. En un taxi nos vamos a la “Pensió Criola”. Nos instalamos en una preciosa habitación con baño, muy sencilla pero muy limpia y con muchísimo sabor. Una habitación muy distinta a la que tuvimos en nuestra anterior visita a Bissau en el pasado agosto en el Hotel Coimbra que dejaba bastante que desear para lo carísimo que era. La noche ha sido reparadora, estamos agotados de tantas sorpresas.

La pensió Criole en Bissau

Despierta Bissau con una mañana radiante llena de expectativas, un bellísimo sol, no hace mucho calor. Todo es luz, una preciosidad de mañana africana.

Vamos a desayunar al café Imperio en una plaza muy céntrica de Bissau un fantástico desayuno, esta vez con aire portugués. Guinea Bissau fue colonia portuguesa y eso se nota en todo. Los países africanos guardan el aire inequívoco de las colonias a las que pertenecieron. Ahora toca desayunar un pao con mantegna, café y zumos. Nos encontramos con Javier, un funcionario  español que trabaja en esta ciudad. Bissau es como un pueblo, todo el mundo se conoce y se encuentra. Javier viene acompañado de un tío trajeado, con pelo blanco. Es el canciller de la embajada española, nos saluda antigua y protocolariamente como si estuviéramos en el siglo XIX. Javier nos dice que se reunirá con nosotros en media hora, que le esperemos. Hemos pasado un rato fantástico charlando con él. Nos ha contado mil historias sobre Bissau, todas interesantes, todas inquietantes.

Chicas durante el carnaval de Bissau

Este país es increíble. Hemos hablado de envenenamientos, de venganzas, de violencia selectiva, de proxenetas, de pederastas. Nos cuenta que uno de nuestros conocidos de nuestro viaje anterior  es un pederasta reconocido, que organiza fiestas privadas en su casa con viejos de pasta y niñas de unos nueve años. Escuchándole,  me vino a la cabeza una de las imágenes más impactantes de todos mis viajes por África, una imagen que había presenciado meses atrás.

Una niña de Bissau

Fui testigo de como un viejo acompañaba a una niña de unos diez años. Ambos se dirigían a una de las habitaciones del hotel donde nos hospedábamos y uno de los hoteles más conocidos de Bissau. El viejo era blanco, seguramente francés o portugués al que habíamos visto frecuentar un conocido restaurante donde parábamos a cenar. No tendría menos de setenta años. La imagen se guardo en mi cabeza e intenté hacerme creer a mi misma que lo que veía no era cierto, que sería su nieta y que mi cabeza distorsionaba esta amarga realidad, era un abuelo con su nieta negra. Ahora escuchando a Javier, comprendo mi equivocación. Aquel viejo blanco era un pederasta que se dirigía con una niña pequeña a saciar una tras otra sus perversiones aprovechándose una vez más de la miseria de este país. Nunca voy a olvidar esa imagen brutal.

Niños en Bissau

Hemos ido a cambiar dinero a Buba, un musulmán que nos recomendó la embajada española. Ahora el cambio no esta tan bien como hace unos meses cuando estuvimos aquí. Se debe al carnaval según dice Buba.

Carnaval de Bissau preparativos

Hemos ido a ver al comandante portugués que regenta un restaurante de blancos en Bissau. En el viaje anterior fue muy amable y hospitalario con nosotros. Todo lo que necesitábamos o le sugeriamos, lo hacia realidad. Esta vez le hemos encontrado desmejorado, sentado ante el televisor con un mando a distancia en cada mano atento a la televisión portuguesa, frío, sin inmutarse ante nuestra presencia.

Nos saluda cortesmente pero nada más. Al preguntarle por una manera o forma de ir al archipiélago de las Bijagos, nos contesta que no tiene ni idea. El año pasado, se deshacía por salir y encontrarnos una salida para ir a las islas. Ahora nos ignora y parece que le da igual nuestra presencia.

En el restaurante del comandante nos encontramos a Pedro, un empresario del gasoil segoviano al que conocimos en este mismo lugar hace unos meses. Le acompaña otro empresario español al que le resbala la lengua por todas las cervezas que lleva en el cuerpo. Hay mucho abuso de alcohol entre todos los solitarios occidentales que viven en este continente y que no encuentran aquí su lugar.

Otra calle de Bissau

Hemos comido en el restaurante de unos portugueses decadentes que también conocimos hace unos meses en Bissau. Su restaurante no puede ser más barato. Nos han dado “sopa a pedra” , riquísima, además de buena conversación con los dueños. Es gente atenta, muy educada y solitaria. Nos trasmiten su imagen de Bissau, su soledad, su abandono y su asco. Han venido aquí, escapándose de la crisis económica que sacude su país.

En su restaurante también hemos coincidido con una pareja portuguesa de arquitectos que han huido de la crisis. Se han venido a Bissau buscando alguna salida con proyectos solidarios como la ampliación de un orfanato. Se llaman Hugo y Ana. Hemos compartido mesa, conversación y sobremesa con ellos. Una de las cosas que más me gusta de ser un trotamundos es la cantidad de gente distinta que conoces en el camino. Todos tienen algo que contar y aportar. La gente que   hay en este continente siempre dice algo interesante.

Empieza el carnaval y ya no da tiempo ni a dormir un rato ni a descansar. Mientras nos acercamos a la pensió Criola, mi estupor crece. Me voy cruzando con comparsas, grupos de chicos y chicas con sus vestidos tribales, con tambores, lanzas, mascaras, etc. Son las tabancas que llegan desde los sitios más remotos del país para participar en el carnaval.

Empieza el carnaval

Se instalan en donde pueden, llenando de color toda toda la ciudad durante los dos o tres días que dura el carnaval, duermen al raso en esterillas o como pueden.

Los últimos preparativos se hacen en la calle, untan de crema los negros, brillantes y fornidos cuerpos africanos. Se embadurnan de polvos y pastas blancas la cara, los brazos, las piernas y  el tronco.

Ensayando la danza

Ensayan las luchas y los rituales con las máscaras puestas. las plumas, faldas de madera, pajas, ornamentos, collares, aros, cadenas, pendientes increíbles, adornos y todo tipo de abalorios.

Mujer durante el carnaval

Las mujeres con el pecho al aire, bellísimas, fantásticas, embadurnadas de aceites, también  se pegan semillas que esparcen por el cuerpo. Las caras con polvo blanco, especie de crema que contrastan con la negrura de su piel.

Caras embadurnadas en Bissau

Esto es fantástico, increíble, espléndido y brutal. Siempre había imaginado que el Carnaval en Bissau sería bárbaro, y salvaje pero supera con creces todas mis expectativas. Es asombrosamente bestial, feroz y animal.

Todas las tribus representadas

El Carnaval de Bissau se llama el Carnaval pobre porque cientos de jóvenes desfilan y bailan descalzos, casi desnudos, improvisando instrumentos musicales con trozos de corteza de árboles y con atuendos tan extraños como nadie se pueda imaginar, latas de refrescos, fregonas como sombreros en las cabezas, etc. Un desfile mágico con trajes ancestrales y tribales con música por todas partes

Chico con su pito en Bissau

Nunca pude imaginar algo tan fantástico y fascinante. Enanos, brujos y brujas con sus máscaras, con sus danzas invocando los espíritus. Ecos de guerra, sonidos que te transportan a las épocas atávicas de las conquistas africanas.

Una chica de Bissau

Hemos pasado la tarde absortos haciendo fotos y observando todo lo inimaginable con un calor que desploma, intentando tomar líquidos para no desmayarnos por el sol que te tumba y fascinados por las danzas de las tabancas que vienen desde días antes desde todas las partes de este país, Cacheu, Bafata, Bubaque, Bijagos, etc.

Danzantes en Bissau

Esto no tiene nombre ni manera de contarlo, solo HAY QUE VERLO PARA CREERLO. Es la locura más fascinante que he visto. Las calles llenas de gente, hay muchos blancos que se dejan ver fascinados como lo estamos nosotros por los gritos, la música, los tambores, los ritos, las danzas, las luchas entre las comparsas.

Tribus y tabancos en Bissau

En lo único que se parece el carnaval de Bissau al de otros países es en que se celebra un desfile multitudinario por las avenidas y plazas del centro de la ciudad. En el resto, todo es diferente, con su inequívoco sello africano.

Las tabancos durante el desfile del Carnaval de Bissau

Desfile de carnaval en Bissau

Una de las joyas del Carnaval de Bissau son las máscaras de los que participan en el desfile. Están hechas de arcilla seca, papel de sacos de cemento y goma del fruto de la calabaza, todo ello pintado y decorado con motivos indigenas.

Gigantones en Bissau

Uno de los protagonistas de cada tabanca son los  llamados “gigantones” que recrean figuras míticas de cuentos locales o animales de la selva propios de cada zona. Este carnaval es improvisación y sobre todo espontaneidad.

Mascaras en Bissau

Las luchas durante el Carnaval de Bissau

La pensión Criola donde nos hospedamos está regentada por una pareja mixta. Marcel es un suizo que tiene unos setenta años, delgado y enjuto, bastante antipático y su mujer Lina, una guineana mucho más joven que él pero de muy buen ver y mejor contoneo. Tienen dos niños pequeños de unos cinco y seis años. La Pensió es preciosa, muy decadente. Es una casa colonial con aire portugués que tiene un jardín maravilloso lleno de exóticas plantas, un auténtico vergel. Nuestra habitación da directamente al jardín.

Preciosa chica durante el Carnaval

Amanece un nuevo día en Bissau tras una larga noche de carnaval. Es la hora del desayuno en el  Imperio  que ya se ha convertido en un clásico. Por este céntrico café con una gran terraza se dejan caer los funcionarios españoles que trabajan en la embajada que está situada aquí al lado. Los españoles en esta parte del mundo siempre se buscan y se saludan con mucho afecto. También en el Imperio volvemos a encontrarnos con el segoviano Pedro, solitario, esta vez ante un café y sus cigarros, fumar y fumar sin parar para combatir el aburrimiento. En el Imperio todo el mundo se saluda.

Un chico mirando durante el Carnaval en Bissau

Bissau es la capital del país pero es pequeña y provinciana. Se parece más a cualquier pueblo de España que a una gran urbe de este curioso narcoestado y cleptoestado como lo definen los que viven aquí.

Las tabancos con sus galas en Bissau

Un país demasiado interesante para sólo parar unos días y no empaparte de todo lo que la gente tiene que decir aunque en Bissau se palpa el miedo. La gente tiene miedo a hablar, mucho miedo. Así nos lo han expresado todos, los funcionarios españoles, los portugueses que hemos conocido, todo el mundo tiene pavor y desconfianza a hablar.

Chica en Bissau

Nos hemos acercado a hacer una visita al embajador de la Unión Europea en Guinea Bissau que es un español. Nos recibe en la embajada de la UE, un complejo bien aislado de la pobreza y la miseria situado en plena zona residencial de embajadas. Desde este lugar parece imposible darse cuenta de nada. Hemos tenido que pasar muchas medidas de seguridad para entrar. El recinto es enorme, un inmenso jardín con pequeñas construcciones esparcidas en el perímetro, incluída la residencia del embajador.

Mascaras y etnias en el Carnaval de Bissau

Varias personas anuncian nuestra llegada “los españoles a los que espera el embajador”. Dos secretarios primero que nos entregan a otra ceremoniosa asesora que nos conduce a su enorme y amplio despacho que preside un precioso mapa de Guinea Bissau y el archipiélago de las Bijagos.

Danzante durante el Carnaval de Bissau

El embajador nos ha hablado durante más de una hora y media sobre la situación de este país, un país demasiado interesante y muy complejo. Es un hombre educado, afable y simpático aunque algo estirado. Nos ha soltado un buen discurso sobre Guinea Bissau, su gobierno, este mísero país, el papel de la Unión Europea y las subvenciones.

Un chico del Carnaval de Bissau

La idea que me llevo de este país después de lo que he visto y escuchado estos días coincide con que Guinea Bissau es un narcoestado con un gobierno títere gobernado por militares que hacen y deshacen campeando a su gusto y saqueando el estado. Un cleptoestado en el que se han llevado y se llevan todo lo que pueden. Hay crímenes selectivos y venganzas dirigidas. El pueblo es testigo pero no habla porque tiene mucho miedo y porque siempre ha sido testigo de lo mismo, gobiernos inestables, saqueos, robo y corrupción a niveles nunca vistos. Narcos, policía, militares son todo uno en Guinea Bissau. Todo se diluye en una misma cabeza junto a la miseria de un pueblo que no tiene ni carreteras  ni pistas si no son para aterrizar las avionetas de los señores de la droga.

Un brujo pensativo en el Carnaval de Bissau

Misera población y miedo en Guinea Bissau. He visto el miedo. Nadie habla, nadie quiere ser envenenado. Todos miran para otro lado. Me lo han transmitido los portugueses, me lo han confirmado los funcionarios, todos hablan de lo mismo aunque echando un vistazo a cada lado por si alguien se hace testigo de sus palabras.

Chica con el cuerpo embadurnado en el Carnaval de Bissau

No hemos podido ver más que un desfile de carnaval porque con el retraso de nuestro avión desde Dakar nos perdimos el primer y el más importante de los desfiles. Hemos pasado la tarde paseando y observando la tremenda animación de esta ciudad durante estos días.

Inagotable el Carnaval de Bissau

Es nuestro aniversario y queremos cenar hoy en un restaurante especial. Hace unos meses conocimos uno en el centro de esta ciudad que nos encantó, delicioso y fantástico con un bacalao portugués de quitar el hipo y con buen vino del Dao. Además, tenía un pavo real, precioso que se paseaba orgulloso y altivo por el jardín. Hoy el restaurante está cerrado, así que rápido hemos tenido que buscar un plan B para nuestra noche de celebración. Hemos venido a Bissau a celebrar más de diez años de felicidad.

Una chica durante el carnaval

Llamamos a un periodista portugués que hemos conocido esta tarde para que nos sugiera otro restaurante. Nos aconseja el típico de blancos decorado con relativo buen gusto pero con mala atención. Hemos tenido que esperar cerca de una hora para que nos sirvan. C’est l’Áfrique.

Al entrar nos hemos encontrado a Javier, el funcionario español  con una chica portuguesa que pertenece a una ONG, al mundo de la cooperación, una chica guapa aunque fría y distante con cierto aire de cooperante creída que tanto abunda y que miran al resto de los mortales por encima del hombro porque no dedicarse a la cooperación.

El desfile del Carnaval de Bissau

Xaquín no hace más que llamar a un pintor local, Carlos Barros. Se aleja para hablar con él por teléfono evitando que yo escuche la conversación. Como le conozco y conmigo es bastante previsible, sospecho que mi regalo esta relacionado con Barros. Lleva días llamándole y dandole instrucciones. Ahora durante la cena, me acabo de enterar de que Barros no ha acabado lo prometido, mi regalo de aniversario. Esto es África y sus tiempos son sus tiempos, no los nuestros. A Carlos Barros le da igual nuestro aniversario y que Xaquin me pueda dar durante nuestra cena el regalo que lleva meses preparando. Es imposible llegar al continente africano con nuestra cabeza europea. El choque es brutal.

Mi regalo de aniversario hecho por Carlos Barrios

Barros se ha puesto a pintar mi cuadro ayer cuando llegamos a Bissau. Era imposible que le diera tiempo a finalizar mi retrato para nuestra cena como Xaquín había planeado.

Mañana nos vamos al archipiélago de las Bígajos. El carnaval ha sido maravilloso, fantástico, único y bestial.

 

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