Sonsoles Meana
Madrid

Viajando por …
Mapa de África
Dos chicos del Congo
Congo Kinshasa Diario de viaje

Viajando por el gran Congo, atrapados en Kinshasa 1 parte

By on 23 Abril, 2017

África es como una enorme esponja, que finalmente acaba por absorberte. Contraes la malaria y la disentería, y hagas lo que hagas, si no lo haces sin parar, terminará por pisártelo la jungla. Negro o blanco, aquí tienes que luchar cada minuto del día.  (Katharine Hepburn, El rodaje de la Reina de África (1987)

Una calle de Kinshasa

Una calle de Kinshasa

Madrid-Kinshasa (23 de julio)

El Congo Kinshasa es el gran país de África. El Congo representa alcanzar el sueño de todo aventurero africano. Es el grande de los grandes junto con Nigeria. El Congo es el gran reto pero también llegar a él, hiela la sangre. Ahora que ya he pisado la tierra del gran Congo, mi sueño es y sigue siendo volver otra vez.

Guardándome mi miedo en el bolsillo, he decidido viajar al Congo. Vamos a volar con Air Maroc haciendo escala en Casablanca. Es Ramadán y en Marruecos es imposible encontrar una cerveza en todo el aeropuerto. La terminal está llena de gatos que campean a sus anchas entre las mesas del restaurante “la Pausa”. En el aeropuerto ya nos han dado el primer susto. Un supuesto agente de policía nos ha preguntado si llevábamos dinero encima y cuanto. Por supuesto que llevamos dinero. En el gran Congo mejor no sacar las tarjetas.  Todo ha quedado en un susto.

Tenía muchas ganas de hacer este viaje. No niego ni oculto mi respeto a lo desconocido, ni que Kinshasa me produce miedo, mucho miedo pero a la vez, es imposible aplazar más este viaje. Una africana como yo no puede decir que conoce África sin adentrarse en uno de los dos grandes, La República Democrática del Congo o el Congo Kinshasa. El otro grande es Nigeria que ya lo he recorrido en más de seis ocasiones, una de ellas para casarme en Lagos.

Vendedor en Kinshasa

Placer, miedo, curiosidad, respeto, ansiedad, emoción, misterio y unas enormes ganas, diferentes sensaciones antes de conocer lo que nos espera en este mítico país. Todo el mundo se lleva las manos a la cabeza cuando hemos dicho que ahora toca Congo. Los más aventureros de nuestros compañeros del trabajo dicen que es muy peligroso. “Es una locura”, llevo escuchando desde hace unos días. Nuestro Ministerio de Asuntos dice textualmente: se desaconseja absolutamente el viaje al Congo salvo por razones imprescindibles de necesidad. El riesgo de incidentes armados en la capital es muy elevado. Las regiones del Este del país están en conflicto  armado permanente entre grupos rebeldes y las fuerzas armadas de la RDC (FARDC).

Tengo temor a Kinshasa pero también cada vez más ganas. La experiencia me ha enseñado que nada es luego como parece desde aquí. Las cosas sobre el terreno se ven de otra forma.

Calle de Kinshasa

La República Democrática del Congo limita al noroeste con la República del Congo, y el océano Atlántico, al norte la República Centroafricana y Sudán; al este Uganda, Ruanda, Burundi y Tanzania y al sur Zambia y Ángola. El idioma oficial es el francés. La moneda es el franco congoleño (FC) aunque la mayor parte de las transacciones son en dólares. Este país ocupa una gran parte de la cuenca del Río Congo. Es una meseta con una altitud promedio de 500m. En el SE están los picos de la meseta de Shaba (antigua Katanga), la región minera rica en cobalto, cobre, uranio, estaño, y sobre todo diamantes. Este ha sido el origen de todos los problemas de este difícil país. La esperanza de vida es de 43 años y la tasa de analfabetismo de un 34%.

Kinshasa y la calle

Esta madrugada cuando lleguemos a la capital, Kinshasa, se supone que un coche nos va a estar esperando en el aeropuerto. Esto me tranquiliza porque siempre es muy complicado salir de un aeropuerto africano en mitad de la noche.

Vamos a dormir en casa de dos funcionarios españoles que trabajan en la embajada de España. No los conocemos personalmente pero de una forma muy generosa nos han ofrecido su casa intercambiando emails desde Madrid. Me tranquiliza poder estar en un sitio seguro y que nos pongan al día de los riesgos que corremos campeando solos por Kinshasa.

Kinshasa tiene además, unos hoteles carísimos para nosotros. Tienen por lo general y sin excepción un precio que triplica los de cualquier otro país africano y unos servicios que no cumplen unos mínimos.

Hay que recordar que Kinshasa es la sexta ciudad más cara del mundo por detrás de Hong Kong, Luanda, Zurich, Singapur y Tokio.

El vuelo Casablanca-Kinshasa ha sido excepcionalmente bueno unicamente unas pequeñas turbulencias. Todavía me da miedo volar desde nuestro accidente volviendo de Teheran. Tras una cena con sabor a Marruecos en el avión, medio dormida, escucho que llegamos a Kinshasa. Son las tres de la madrugada. El aeropuerto de Ndjili en Kinshasa es uno de los lugares más siniestros que uno pueda imaginar, sucio, humedad y calor a la par que corrupción como en la mayoría de los aeropuertos africanos pero en este se supera con creces.

Kinshasa monumento

Los aeropuertos africanos son complicados. Llenos de burocracia y mala leche en los que te piden comprobar una y otra vez los mismos papeles, poniéndote pegas  y pegas sin ninguna justificación salvo la de sacarte dinero. Lo mejor es tener paciencia, no perder la calma y si es necesario, soltar un billete pequeño para que te dejen en paz. Cuando me he puesto brava siempre ha sido peor. En Nigeria me tuvieron retenida por acusarme de llevarme patrimonio del país cuando lo único que llevaba en las manos era una preciosa estatua de madera de una mujer yoruba que había comprado en una galería de arte, menos mal que se me ocurrió pedir un recibo y aún así me tuvo que sacar del entuerto el agregado de Iberia que había sido testigo de mi boda en Lagos. En Cote d’Ivoire lo mismo y en todos los aeropuertos, la misma historia. Lo más practico, aunque nunca aprendo la lección es dar un pequeño billete y que te dejen en paz.

Como en casi todos los aeropuertos africanos, recoger tu maleta de la cinta requiere esfuerzo y lucha. Entre el barullo y el follón siempre aparece algún individuo dispuesto a hacerse cargo de ella, lo quieras o no, Ante tu desconcierto y tu cansancio, acabas dejando que el susodicho haga lo que quiera con tu maleta, incluyendo la posibilidad de que ante el “cristo” que se forma, el tipo desaparezca con ella. Los aeropuertos africanos son caóticos, lentos y extenuantes. Ahora, tras varías experiencias, no facturo ni muerta, por si las moscas, mi maleta roja siempre viaja conmigo.

Una vez superados los tramites de aduanas, control sanitario, tarjeta de fiebre amarilla (obligatoria en casi todos los países africanos) y nuestra maleta roja en nuestras manos, toca salir del aeropuerto. Hoy el aeropuerto de Ndjili esta medio vacío pero da miedo salir al exterior.

No parece que nos esté esperando nadie a no ser ese tipo que esta dentro de un minibus dormido. Esto es África y se hace lo que se hace por aquí en tiempo muerto, dormir. El trayecto a Kinshasa suele durar más o menos una hora atravesando varios barrios del extrarradio.

Un niño congoleño

Llegamos a casa y con el sueño que tengo ni siquiera voy observando la solitaria ciudad en la noche. Nos espera Juan, el funcionario español que nos va a dejar su hogar. Tenemos una habitación preciosa abuadrillada con un baño que tiene una preciosa bañera antigua. Vamos a dormir un rato porque ya tenemos plan para dentro de tres horas. Hemos quedado con parte de la comunidad española que vive Kinshasa a desayunar. Nuestros amigos nos van a presentar a los españoles que trabajan aquí. La cita es en el “Rocas”, el restaurante  de Christian, un chico español de Salamanca. Su restaurante es precioso con una fantástica terraza con un aire muy español llena de macetas con plantas tropicales. Dice que se cansó del restaurante que tenia en Salamanca y que decidió dar un nuevo rumbo a su vida. Esta casado con una congoleña guapísima. Esta gente es muy acogedora. Todos los españoles expatriados son como una gran familia.  Enrique es otro español, de Madrid. Me recuerda fisicamente a un viejo amigo, Paco Guillen, listo, emprendedor, nervioso, hábil, simpático, pijo y también con novia congoleña. Enrique es simpático. Nos va a proporcionar un conductor y un coche para estos días. Nos han dicho que en Kinshasa es lo más recomendable. Nuestra idea es acercarnos los próximos días a Congo Brazzaville o República del Congo que es el país que tenemos al lado.

No tenemos visado para Congo Brazzaville pero para Enrique todo es posible con d’argent. Con 300 dólares cada uno, mañana tenemos los visados a primera hora.

Tras una paella con los expatriados y unos gin tonic, hemos acabado a las nueve de la noche. Nuestro chofer nos acerca a casa. Ha cumplido su horario y se tiene que ir. Nuestros anfitriones se han ido de vacaciones a España y la casa ha quedado para nosotros solos. No hemos cenado. Las noticias que nos han trasmitido los españoles esta tarde es que Kinshasa es peligrosísisma. No es recomendable ni coger un taxi, andar por ahí, dar un paseo, moverte solo. Nos hemos dejado abrazar por todos estos mensajes y ahora no nos atrevemos a salir de noche a cenar. Estamos viviendo en una urbanización con guarda privado al que hemos preguntado donde podemos encontrar algo de picar y una cerveza. El tipo abandona su garita, dejando al compañero al cargo  de la vigilancia y nos acerca a una discoteca-pub a la vuelta de la esquina, diez pasos. Solo hemos comprado dos cervezas porque no había nada para comer. Nos hemos quedado sin cenar en nuestra primera noche en Kinshasa por miedo a salir solos de noche. Salir por esta ciudad a estas horas parece que es un suicidio.

25 de julio

Estamos muy a gusto en la casa  de nuestros anfitriones. Nuestro cuarto abuardillado es perfecto. Nuestro chofer nos lleva a una lujosa pastelería a desayunar. Empezamos a conocer Kinshasa y estamos bloqueados porque no hemos previsto lo carísima que es esta ciudad. Ni por asomo nos imaginábamos lo que nos esperaba. Estas son las sorpresas de viajar a la aventura. Es la sexta ciudad más cara del mundo. Manhattan son unos saldos comparado con lo que cuesta en Kinshasa cenar una pizza o tomar una cerveza, alquilar un coche o desayunar. LA SEXTA CIUDAD MÁS CARA DEL MUNDO.

Empezamos a saborear Kinshasa. Es una megaurbe compuesta por más de veinte distritos. Tiene avenidas con mucho tráfico y coches de alta gama por todas partes. Nunca he visto más hummer en mi vida. Heredado de la época colonial, Kinshasa se divide en la Ville y la Cité. La primera se corresponde con la Gombé donde vivían los belgas en la época colonial. Ahora la Gombé es el centro administrativo, político y económico de la ciudad y por supuesto es el barrio de los blancos que viven en su pequeña burbuja de seguridad. La Cité comprende todos los demás barrios de casas de cemento y uralita, chapa y calles sin asfaltar.

Barrio de Kinshasa

Hemos alquilado un coche pequeño con chofer y cristales tintados. Empieza nuestro primer día en Kinshasa y enseguida descubro el peor de los presagios. Es complicadisimo hacer fotos por no decir que IMPOSIBLE. Cada intento es un problema, me gritan, vienen hacía mi, lanzando improperios, chillando, menos mal que el coche me protege. Este país tiene un problema con los fotógrafos que viene de los tiempos de la dictadura de Mobutu. Me empiezo a dar cuenta de que va a ser imposible traer alguna foto en condiciones de este increíble país.

Una calle de Kinshasa

Nos acercamos a la embajada de España para saludar a nuestros compatriotas, presentarnos y anunciarles que pretendemos recorrer el  país. Nos encontramos a gente encantadora y muy acogedora con dos locos turistas españoles. Nos reunimos con el cónsul, con el canciller (viejo conocido) y con toda la maravillosa gente de la embajada. Conocemos a sus funcionarios que nos muestran afables fotos, direcciones y lugares donde podemos ir y visitar. El embajador también nos invita a comer junto a su mujer en su residencia oficial durante los próximos días. Debe alucinar con los dos únicos turistas españoles que tiene en el Congo.

Hoy vamos a visitar Le Grand Marche

La economía congoleña se asienta entre una inmensa mayoría de pobres y una minoría riquísima pero riquísima de super millonarios.

Le Grand Marche o mercado central de Kinshasa es un lugar único para ver y entender como funciona la economía del país y sobre todo analizar a la sociedad congoleña.

Un puesto de Le Grand Marche

Un puesto de Le Grand Marche

Se encuentra situado cerca del centro de la ciudad, junto al jardín botánico. En él se compra y se vende de todo pero de todo lo que uno se pueda imaginar. El regateo forma parte del protocolo y es algo imprescindible. Lo más impresionante son los productos de la selva, donde te puedes comprar desde un cocodrilo vivo o muerto para hacer caldo, un mono o una rata de la selva ahumada. Hay cestos de tortugas muertas, exactas a las que me encontraba en el Desierto del Kalahari o en el Kruger en Sudáfrica cruzando una pista. Se las comen.

Una vendedora de Le Grand Marche

Una vendedora de Le Grand Marche

Lo más espeluznante y que hace furor entre los clientes de Le Grand Marche son los puestos de gusanos vivos que se comen tal cual, vivos. Es impresionante como se mueven.

Uno de los manjares de Kinshasa, gusanos vivos

Uno de los manjares de Kinshasa, gusanos vivos

No he visto nada igual a Le Grand Marché de Kinshasa. Es bestial como bestial es el Congo. Algunos gusanos negruzcos se cocinan a la vista en grandes cacerolas. Los de color anaranjado que se mueven sin parar se comen tal cual.

Un manjar en el Congo, gusanos vivos, se comen vivos

Siempre he pensado que para opinar, hay que probar. Estoy abierta a todo, me gusta conocer y saborear, no perderme nada pero estos gusanos creo que me superan y no voy a poder probarlos por ahora, ya veremos en otra ocasión.

Gusanos negruzcos, manjar de Kinshasa

Gusanos negruzcos, manjar de Kinshasa

Este mercado de Kinshasa es increíble, se vende de todo.

Una rata de la selva lista para comer en Le Grand Marche

Una rata de la selva lista para comer en Le Grand Marche

No puedo hacer fotos, que pena. En Kinshasa IMPOSIBLE HACER FOTOS. Al lado de las tortugas, se vende un cocodrilo muerto, como si fueran las pescaderas del mercado de la Coruña vendiendo bacaladitos. Le Grand Marché me ha sorprendido y eso que he visto cientos de mercados en África y que pensé que no habría ya un mercado capaz de sorprenderme. Este mercado es brutal como lo es el Congo. He pedido permiso para sacar una foto. Ni se me ocurre sacar la cámara, son capaces de lincharme viva.

Le Grand Marche de Kinshasa

Le Grand Marche de Kinshasa

Vamos a comer en casa, la maravillosa casa que nos han dejado nuestros anfitriones. La tarde la vamos a dedicar a pasear por los viejos barrios de Kinshasa.

Los españoles expatriados que viven aquí, dicen que Kinshasa es muy peligroso. Algunos de ellos aunque llevan aquí años ni siquiera han visitado o conocen el barrio de Matongé. Casi nunca nos ha importado lo que nos digan sobre un lugar. Nunca hemos hecho caso y hoy nos hemos escapado a Matongé, un barrio de artistas, pintores, escritores, intelectuales. barrio lleno de cultura y de vida. Es indescriptible, esta hasta arriba de gente, bullicio, diversión, maquis o bares terrazas populares en la calle, una tras otra cientos de barbacoas ofreciéndote comida callejera. Hay gente por todas partes. Me recuerda a Abiyan o Yamasukro en Cote d’Ivoire pero a lo bestia. Matongé no puede ser más bullicioso ni más interesante. Es absolutamente espectacular.

Volvemos de Matongé de noche y hay que buscar un sitio donde cenar. No conocemos Kinshasa y nuestro conductor ya se ha ido. Su trabajo acaba a las siete. El miedo ya se nos ha evaporado. Así que nos lanzamos a la calle. HOY NO NOS VAMOS A QUEDAR SIN CENAR. Andamos despistados, buscando algún restaurante donde poder comer algo.

Un chico congoleño

Un chico congoleño

No conocemos la ciudad. Preguntamos a unos guardias de seguridad, los hay por todas partes.

En un lujoso edificio de compra venta de diamantes, en pleno barrio de la Gombé (la burbuja de los blancos de Kinshasa donde viven, trabajan, compran y se divierten) sale por la puerta un hombre negro, trajeado y muy elegante. Se dirige a nosotros y nos pregunta si necesitamos alguna cosa. Le comentamos que andamos un poco desorientados y que estamos buscando un taxi para ir a un restaurante a cenar. Es de noche en Kinshasa y ya empieza a ser poco seguro hasta andar por la Gombé. Nos dice que es el embajador de Naciones Unidas del Congo y que él mismo nos acerca en su coche a un restaurante. Nos subimos a su super coche de altísima gama. Dice que estudió en Oxford y en varias universidades europeas. Es amabilísimo. Nos lleva a un lujoso restaurante y le vemos dispuestísimo a acompañarnos durante la cena. No nos apetece un pimiento darle charla durante las dos próximas horas y de la manera más exquisita, nos le hemos quitamos de encima. Estas cosas sólo pasan en África. El restaurante tiene una pinta como para quedarnos y dejarnos todo el presupuesto de nuestro viaje cenando una langosta, así que de la manera mas educada,  hemos salido por piés.

La gran Kinshasa

27 de julio

Esta mañana vamos a desayunar a la cafetería de siempre de Kinshasa. Nos encontramos a Oscar, un español con su mujer congoleña embarazada. Nos la presenta y se sientan en una mesa. No llevamos ni cinco minutos en la misma cafetería cuando llegan otros dos españoles que hemos conocido en la quedada con los expatriados de ayer tarde. Es Alberto, un vallisoletano que tiene un proyecto de agricultura en esta zona y que nos ha invitado a visitarlo. Nos ha dicho que el lugar “es muy básico. Tengo un campamento que cuando tengo agua, no tengo luz pero que merece la pena porque se puede ver de primera mano la terrible deforestación de la selva”. Yo quiero ir a conocer el proyecto de Alberto. Me ha parecido muy interesante él y también su proyecto.

En la cafeteria de la Gombé nos encontramos a la hora del desayuno a casi todos los españoles expatriados en Kinshasa. Así de endogámico es el mundo de nuestros compatriotas en la mayoría de las ciudades africanas.

Después nos vamos a escuchar una misa. Hoy es domingo y en África son espectaculares, da igual si son católicas, evangelistas o lo que se tercie, todas son increíbles.

Esta tarde nos vamos a acercar al barrio de Matongé que ya conocimos ayer. Es lo que más me ha impresionado, lo que he visto en este barrio no lo he visto en ningún sitio. Es magnífico. Hemos parado de camino a una misa al aire libre. La gente dedica mucho tiempo en África a los ritos religiosos. Las misas evangelistas o católicas pueden durar tres o cuatro horas.

En la República Democrática del Congo se estima que el 52% de la población es católica, ademas de una pequeña comunidad de protestantes. La mayor parte de la población siguen las creencias tradicionales de su país, preferentemente animistas.

Las iglesias protestantes del Despertar existen en muchos países de África pero sin embargo, están muy arraigadas en el Congo. Se las puede encontrar ubicadas en garajes o en cualquier pequeño local donde el pastor siempre trajeado se pasea a grito pelado entre los fieles gritando con un micrófono y hablando más de lo que pasa aquí en la tierra que de los asuntos celestiales. Su forma cercana de hablar, más bien gritar en lengua local y no en francés junto con su cercanía al personal hace que estas iglesias despierten mucho interés entre las clases más desfavorecidas. Además, su tolerancia respecto a las prácticas animístas,  justifican el arraigo y el atractivo de estas iglesias para los pobres del Congo, es decir, la mayor parte de la sociedad. La iglesia católica ha perdido peso pero todavía tiene una gran importancia heredada de la época colonial.

Una chica de Kinshasa

Hemos quedado a cenar con otro funcionario español que trabaja en la embajada. Se llama Antonio, andaluz y entrañable. Vamos a cenar al restaurante “Opoeta” que es precioso con rica comida y aceptable precio para lo carísimo que es el Congo. La cena transcurre tranquila escuchando las cientos de anécdotas que nos cuenta nuestro amigo. Estamos tomando un vino espectacular, Antonio, asiduo de “Opoeta” dice en un momento de la noche, ¡que curioso, nunca me han servido en este restaurante un vino con tanta parafernalia!. Francamente, el vino está de muerte. Cuando llega la cuenta, nos llega la sorpresa del día. En la carta de vinos, hemos contado mal los ceros de la moneda congoleña que es un lio entre dólares y la moneda local, así que donde calculamos 30 dólares son 300 dólares lo que nos van a cobrar por nuestro vinito. El pobre Antonio  se ha quedado mudo, insiste en colaborar y pagar. Le explicamos que el error de cálculo ha sido nuestro y que es un placer invitarle a tan fantástico vino. Yo me estoy acordando de Xaquín y de todos mis antepasados juntos.

lunes 28 de julio

Llevamos varios días en Kinshasa. Nos hemos quedado bloqueados en esta ciudad. Hay que salir de aquí. Hemos decidido ir al país de al lado que es el Congo Brazzaville. Tenemos que dejar por unos días el confort y la seguridad que nos ofrece el fantástico hogar de nuestros anfitriones. Movernos a la aventura nos  produce respeto e inconscientemente, estamos muy cómodos en su casa, evitando el adentrarnos en un país muy muy complicado. Ahora ha llegado la hora de abandonar la calma y de reaccionar. Vamos a coger un barco para cruzar el gran río Congo y entrar en el país que tenemos al lado, Congo Brazzaville.

 

TAGS
RELATED POSTS

LEAVE A COMMENT