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Diario de viaje Guinea Bissau Senegal

Bissau, un viaje de 20 días recorriendo Senegal y Guinea Bissau, 4 parte

By on 28 Octubre, 2017

(continuación de Cap Skiring, un viaje de 20 días recorriendo Senegal y Guinea Bissau, 3 parte)

Cap Skiring – Bissau (Guinea Bissau), 24 de julio

Comienza la cuarta etapa de nuestro viaje a la aventura de 20 días por Senegal y Guinea Bissau. Hasta ahora hemos conocido Zinguinchor, capital de la Casamance, la isla de Karabane, Cap Skiring y ahora nos vamos a internar en uno de los países más paupérrimos de África que hace frontera con Senegal, Guinea Bissau. La ruta de hoy es de las largas en transporte público y ha comenzado de madrugada.

La primera parte de la ruta la hacemos desde Cap Skiring a Zinguinchor, capital de la Casamance  (Senegal) en un taxi sept place. Son cuatro horas de trayecto. La segunda parte de la ruta la hemos hecho también en un sept place que nos lleva a Bissau, la capital de Guinea Bissau. Tenemos paso de fronteras. En Nigeria el paso de fronteras es un dolor, aquí ha resultado relativamente fácil, tanto abandonar Senegal como entrar en Guinea Bissau.

Guinea Bissau es un diminuto país encajonado entre Senegal, Guinea y el Atlántico. Tiene una superficie oficial de 36.125 kilómetros cuadrados, poco más que Cataluña pero la superficie real depende de las mareas, cuando bajan las aguas del océano, casi duplica su territorio, dejando al descubierto una extensa franja de tierra fangosa y baldía.

Esta curiosidad condiciona las fronteras marítimas del país al capricho de las mareas oceánicas. Aunque no deja de ser una peculiaridad geofísica, lo que si está marcando su presente es su vocación atlántica, a la entrada del Golfo de Guinea, de la que el gobierno de Bissau está sacando provecho.

La entrada a Bissau, capital de Guinea Bissau es espectacular. Pobre hasta reventar, mísera hasta el límite. Nunca he visto en África tanta pobreza. La capital parece un poblacho y eso que es la capital, indigencia, penuria y miseria. Hasta las calles principales están sin asfaltar.

Una imagen de Bissau

Nos vamos a hospedar en el hotel Coimbra, uno de los mejores hoteles de la ciudad.

El hotel Coimbra es muy caro. No es especialmente atractivo a primera vista. Aunque es bonito y lujoso para ser africano no tiene sabor, algo que para mi es fundamental. Prefiero que un hotel tenga sabor aunque pierda en confort. De todas formas, nos vamos a quedar aquí. Vamos a salir a cenar y a cambiar dinero.

El hotel Coimbra en Bissau

Bissau, 25 de julio

Me intimida Bissau. Tantos ojos de pobreza inquietante mirándome. Tanta desolación. He recorrido casi toda África del Oeste y nunca había visto salvo en Lomé (Togo) tanta miseria. Hasta Togo me parece ahora un  África de primera comparado con lo que tengo delante de mis ojos, calles sin pavimentar, socavones, hoyos, zanjas en las arterías principales de la ciudad y mucho calor, inmenso calor.

Nos damos un paseo por el puerto a 40 grados que nos ha dejado baldados para ver si encontramos una posible salida al archipiélago de las Bijagos que es el objetivo de este viaje. Nos dan informaciones diversas y confusas sobre la manera de ir. No es época para ir al archipiélago. Es época de lluvias que lo convierte en una misión complicada por las corrientes marinas y las lluvias torrenciales, etc. Nos hemos encontrado por el puerto a un chico muy amable ghanés que nos explica la negra situación.

Una chica por Bissau

Hemos conocido por casualidad a Ricardo Floures, portugués,  llamado el comandante, conocido por su pasado militar en las tropas portuguesas en Angola, el personaje más peculiar o de los más singulares que he conocido por el África Negra, mayor, ex militar, listo, un bocazas, racista, fascista sin miramientos y sin disimulos. “yo soy de derechas por nacimiento y por convicción” nos ha soltado y se ha quedado tan fresco.

Desde el primer momento muestra hacia nosotros una increíble complicidad por el único hecho de ser blancos. Tiene una indefinida edad aunque creo que es mayor de 65 años. Se atreve a darnos su teoría sobre la raza negra tras muchos años viviendo en Bissau. Tiene una idea de los negros tristemente heredada de la más cruel época colonial. Cada vez que abre la boca es para soltar una de sus flores. Así se despacha con nosotros. Tengo que reconocer que ha ejercido bien su papel de salvador de dos españoles que se acercan a olisquear por Bissau. Si mostramos interés por algo, el comandante ya está haciendo las llamadas  pertinentes para solucionarnos cualquier deseo o inquietud. Si comentamos algo sobre pintura, nos localiza al mejor pintor local y al más ilustre de Bissau que diez minutos más tarde, nos abre la puerta de su taller y de su casa.

Una calle de Bissau

El comandante vive desde hace veinte años en África, Lleva a occidentales a cazar y a pescar por el archipiélago de las Bijagos. También regenta un pequeño restaurante frente al hotel Coimbra, frecuentado sobre todo por blancos.

El comandante sabe que en la terraza de su restaurante se cierran muchas operaciones de droga pero él es tan solo un superviviente blanco en África, “Ellos vienen a hacer sus business y yo el mío que es dar de comer bien a mis clientes”.

El comandante no anda muy descaminado porque todo el mundo sabe que Guinea Bissau es un buen lugar para comprar cocaína. Tanto es así que Interpol lo ha catalogado como el primer narcoestado africano. El primero digno de tal mención fue el Medellín del clan de los Escobar en los años noventa; ahora el relevo esta en la otra orilla del Atlántico.

Guinea Bissau es un país diminuto con 189 hitos y mojones fronterizos imposible de blindar a la amenaza externa. A esto se le suma la maraña de islas diminutas muchas deshabitadas. El narcotráfico es una fuente de inestabilidad para el país y alimenta el estado fallido de una sociedad que no ha sabido o podido crear un auténtico estado al servicio de los ciudadanos.

Guinea Bissau es el undecimo país más pobre del mundo. Un país con una débil estructura de poder, con gobiernos inestables que caen al primer golpe de Estado de los militares, un ejercito corrupto incapaz de controlar las fronteras marítimas y sobre todo, el idílico archipiélago de las Bijagos, con ochenta y ocho islas, solo doce están habitadas y con varias pistas donde aterrizan sin control las avionetas de Latinoamérica con fardos de cocaína.

En el restaurante del comandante hemos conocido a Luis, un empresario del gasoil de Valladolid amable y listo que también intenta proporcionarnos todo tipo de información que aclare nuestras dudas acerca de la salida a las Bijagos. Es así, como siempre se relacionan los blancos en el continente negro. Una solidaridad entre hermanos ante la barbarie de este continente.

Una niña en Bissau

Nuestra duda es como poder coger un barco al archipiélago de las Bijagos porque en definitiva es lo único que ahora nos interesa. El comandante nos dice que en esta época es muy peligroso y que cualquier hombre de mar en su sano juicio, acostumbrado a las corrientes, lluvias torrenciales, etc, no se echa ahora al mar ni muerto porque si te pilla una tormenta, frecuentes en esta época de lluvias, te vas al fondo del mar. En fin, cada vez tengo más miedo en el cuerpo y voy abandonando la idea de ir al archipiélago. Luis, el vallisoletano consigue hablar con un ingeniero del único barco de transporte público que recorre las islas una vez por semana. Parece que este barco en este momento no funciona por falta de pago a los marineros. Las expectativas no son las más estimulantes.

Una mezquita en Bissau

Hemos descubierto un bar en el centro de Bissau, poco más que una terraza de Vallecas, cuatro mesas en la calle pero que es el centro de vida social de esta ciudad. La música es estupenda. El calor es sofocante pero en esta terraza corre alguna brisa que te hace olvidar el calor. La cerveza y las caipiriñas de este sitio tan pintoresco están de muerte.

Bissau cuando se hace de noche se queda sin luz. No tiene luz eléctrica solo alternadores en  hoteles y restaurantes. La ciudad se queda a oscuras con toda la inseguridad que significa moverse por ella.

Una vendedora de fruta en Bissau

Tenemos el compromiso de cenar en el restaurante del Comandante. La verdad es que no ha estado nada mal. Un pescado a la brasa exquisito. El comandante nos acompaña con su charla y verborrea. Son increíbles los figuras que te encuentras por el Africa Negra. Estos personajes están ávidos de intercambiar impresiones con un blanco que traiga aires de la vieja Europa.

Bissau, 26 de julio

Desayunamos en la única cafetería decente de Bissau que más parece un pueblo que la capital de un país. Se dejan caer por ella los pocos blancos que viven en esta ciudad. Se encuentra situada junto a la embajada de España. A los cinco minutos llegan dos individuos, inequívocamente compatriotas. Se les reconoce a leguas. Damos por hecho que trabajan en la  embajada mientras que los observamos desde nuestra mesa. Nos acercamos a saludarles. Por supuesto, son españoles, por supuesto son de la embajada y además, son redomadamente lelos, recién destinados a Bissau donde solo llevan dos meses.

Uno de ellos solo habla de enfermedades africanas y de la forma de prevenirlas hasta el punto que le pregunto si es médico. Se dirige a mi como si yo nunca hubiera pisado este continente. Me esta sacando de quicio el discurso hipocondriaco de este imbecil como si yo no supiera lo que por aquí se cuece, que si hay una epidemia de cólera, que si el paludismo, que si la mosca tse tse, etc.

Me da pena este pobre chico porque esta obsesionado con las enfermedades y a este continente no puedes venir con miedos atávicos. Es cierto que puedes pillar algo, es cierto que somos vulnerables a todo pero también es cierto que si te obcecas, no disfrutas de los placeres que ofrece África, esperando y temiendo la picadura de un mosquito o un dolor de estomago.

Tras el desayuno, recorremos la ciudad, intentando buscar otra vez la forma de ir al archipiélago. Hemos  cambiado más dinero.

Pasamos una tarde apacible conociendo el taller del mejor pintor de Guinea Bissau. No tiene ninguna pintura para llevarnos a España en este momento porque trabaja por encargo. Se llama Carlos Barros. Es un hombre mayor, de aspecto interesante, dulce, educado y de amena conversación. Todos los años colabora en el Carnaval de Bissau diseñando las máscaras de los desfiles.

En el estudio de Carlos

El Carnaval de Bissau es increíble.

Preparando las mascaras del carnaval en Bissau

La tarde cae. Luis, el vallisoletano nos recomienda un restaurante para cenar buen bacalao. Guinea Bissau fue colonia portuguesa y su cocina huele a Portugal. En sus pucheros, el bacalao es el rey. El restaurante es bueno pero muy caro.

Vagabundeando por las calles de Bissau, nos hemos dado de bruces con un garito muy cutre que regentan dos portugueses que escaparon de la crisis de su país. El sitio no puede ser más decadente pero tienen una exquisita y sorprendente “sopa a petra”, representante de la cocina del Alenteyo. Ya no hay quien nos saque de este garito cutre pero encantador.

No nos hemos podido despedir del comandante. La última imagen que tengo de él es a la puerta de la casa de Carlos Barros, el pintor de Bissau. Siento no haberle dado las gracias personalmente por su ayuda. El comandante nos ha dejado un curioso recuerdo aunque no deja de representar a un personaje siniestro como muchos de los que habitan en el continente negro, individuos desarraigados que tras veinte, treinta o cuarenta años se quedan para siempre en África, ya no vuelven a su país pero ya no pertenecen a ningún sitio.

Como parece que en esta época es imposible acercarnos al archipiélago de las Bíjagos porque es muy peligroso, nos nos queda que irnos a conocer Bafata, otra de las ciudades de Guinea Bissau.  Antes queremos charlar con un funcionario español destinado en este país. Es Pablo que nos explica la situación del país, el trafico de drogas, la corrupción, etc.

Nos enteramos que el avance de la religión musulmana en Guinea Bissau es imparable en un país hasta hora con amplios porcentajes de población animista. Se están efectuando conversiones masivas al Islam, a cambio de sacos de arroz, en cumplimiento del lema “alimentar al espíritu”. Ciudades como Kebu, Gabú y Bissau cuentan ya con escuelas coránicas radicalizadas. Servicios de inteligencia occidentales tienen constancia de que algunas comunidades musulmanas están enviando a jóvenes a estudiar a las integristas escuelas coránicas mauritanas. Ya ha habido casos de detenciones de algunos de ellos por su pertenencia a Al Qaeda.

Nos confirma además que acercarnos al archipiélago es misión casi imposible además de suicida. Las corrientes de salida al mar son virulentas, definitivamente nos quita de la cabeza la idea de intentarlo. Ya descarto la idea de ir al archipiélago. Nos despedimos cortésmente pero antes decidimos ir al puerto a fotografiar unos barcos de la armada senegalesa atracados en este lugar.

Barcos militares en el puerto de Bissau

Al llegar al puerto hemos observado mucho movimiento y una viejísima barcaza cargando gente, digo una barcaza por decir algo, más bien un cascarón llenándose hasta las trancas de gente. El decrépito barco esta abarrotado. Hacemos la pregunta del siglo ¿Hacia donde va esta barcaza? . Nos contestan tan tranquilos que es el barco que va al archipiélago de las Bijagos, el supuesto navío que estaba en huelga por falta de pago. En África, NADA es lo que parece, ni huelga, ni leches, aquí esta el cascarón a punto de reventar y de zarpar a nuestro sueño, las Bijagos. En este cascarón ya no cabe ni un alma.

El cascarón que va a las Bijagos

En un un lugar estrategico del cascarón hay un grupo de chinos, parecen turistas, aunque no lo creo, son claramente trabajadores. África está invadida de chinos que hacen pésimas carreteras y peores infraestructuras llevándose la madera a saco y deforestando este continente. Como somos incombustibles y no nos dejamos persuadir por el miedo, no queremos perder la oportunidad de ir a las Bijagos y como locos tomamos posiciones en un lugar estratégico junto a los chinos que de tontos no tienen un pelo.

Xaquin como un cohete se ha ido a por nuestra maleta roja que dejamos en el hotel sin saber que encontraríamos este barco. Yo estoy muerta de miedo porque estoy sentada junto a los chinos en este viejo cascarón a pesar de que nos han avisado del peligro de este viaje suicida. Esto es como cavar mi propia tumba en el fondo del mar.

Xaquin aparece por fin entre la gente corriendo hacia el muelle donde esta atracado el barco a punto de salir con unas cervezas y unos mangos para la larga travesía, mostrando victorioso y contento los billetes del trayecto.

El cascarón esta dispuesto a zarpar y su decrépita bocina comienza a aullar. Un bocazas entre la gente nos dice que el viaje durará mas o menos unas nueve horas. Esta revelación es mucho más que lo que mi locura africana me permite. No me siento con fuerzas de soportar nueve angustiosas horas al sol entre estas terribles y virulentas aguas del Atlántico.

La suicida barcaza de las Bijagos

Del susto, me tiro en plancha al muelle justo cuando el barco empieza a zarpar. He sentido pavor ante la idea pero también mucha pena por no llegar al archipiélago y abandonar la última oportunidad que se nos ha presentado.

El terror me ha superado. Lo que tengo claro es que para disfrutar en este continente, es mejor no pensar, ni racionalizar pero yo no voy a hacer este viaje suicida.

Cambio de planes, nos dirigimos mañana a Bafata

 

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